Nicolás Olea, reputado especialista internacional en contaminantes emergentes y su peligrosidad para la salud / E. A.
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“Los niños segovianos mean plástico todos los días” asevera el doctor Nicolás Olea Serrano al que sus muchos estudios científicos le llevan a pensar que “hemos envenenado a toda una generación” con la exposición a productos químicos que están en la casa, en su alimentación, en su ropa, en el jardín donde juega, en el agua embotellada y hasta en los cosméticos de sus madres y padres. Y lo dice con cientos de datos, informes, citas y publicaciones médicas acumuladas en cerca de 30 años de estudio, pero también lo expresa como el lamento de un padre y de un conciudadano que quiere lo mejor para los suyos y tiene “la abrumadora evidencia científica” de que estamos ante un “problema devastador” y “nadie hace nada”, tal y como manifiesta a esta redacción.

La exposición química ambiental está detrás de muchas “enfermedades modernas” que están provocando un cambio genético en la población española y una alteración que él resume como un “atontamiento” de la sociedad muy relacionado con problemas hormonales, que van bajando hasta su coeficiente intelectual, mientras aumenta la esterilidad, los cánceres de próstata y de mama, y las recetas de la hormona tiroidea. No son meras frases alarmistas sino la forma más directa que el eminente profesor Olea tiene de hacer llegar las conclusiones de los estudios que su equipo multidisciplinar ha realizado sobre los disruptores endocrinos.

Nicolás Olea Serrano, catedrático de Radiología y Medicina Física de la Universidad de Granada, dirige un grupo multidisciplinar que estudia medio ambiente y salud, con especial atención a la relación entre disruptores endocrinos y cáncer. Ha participado en más de 50 proyectos, nacionales como internacionales, de investigación destacando en 2014 el estudio de implementación de un sistema integral de biomarcadores de Exposición y efecto para la evaluación de la actividad hormonal y otro sobre exposición infantil a bisfenol A, constituyente mayoritario del plástico policarbonato y las resinas epoxi, y su relación con obesidad, desarrollo y salud reproductiva. Ha publicado más de 200 artículos científicos y es miembro de comités y comisiones científicas tanto nacionales como internacionales. En conclusión, quien hace años fue tachado de apocalíptico, hoy está considerado uno de los mayores expertos mundiales en discernir cómo la exposición a productos químicos nocivos puede alterar nuestra salud y la del medio ambiente.

El doctor Olea viene a Segovia para ofrecer la conferencia “La exposición humana a disruptores endocrinos y cómo evitarla” en el salón de la Fundación Caja Segovia, de la Bajada del Carmen. Tendrá lugar mañana el día 2 de octubre a las 19.00 horas y es imprescindible presentar invitación para asistir a esta sesión teórico y práctica sobre tóxicos y salud, organizada por ‘Imagínate, (Calle Curtidores, 3).

Olea hablará de “la exposición a la que está sometida la población general a contaminantes químicos en el medio ambiente ya sea en los alimentos, en los objetos de consumo, en los cosméticos o en cualquier otra actividad de la vida diaria y que pasa de forma inadvertida, lo que contribuye a que se vayan acumulando dentro del organismo esos compuestos químicos que tienen una particularidad especial: alteran el equilibrio hormonal” tal y como avanza el propio conferenciante.

Pero en esta ocasión, el doctor que ha denunciado miles de veces la laxitud de los gobiernos que miran a otro lado y permiten que “nos envenenen con impunidad”, viene a aportar recomendaciones sencillas y concretas porque sabe que la gente está cansada de oír voces anunciando que viene el lobo, y quiere ser constructivo. Su objetivo es concienciar, ayudar y movilizar. Por eso acaba de sacar en septiembre el libro ‘Libérate de los tóxicos. Guía para evitar los disruptores endocrinos’ que ha publicado en la editorial RBA.

Empieza explicando que la exposición a contaminantes químicos se ha relacionado con enfermedades tan dispares como la infertilidad o el cáncer de mama, pasando por el hipotiroidismo, la obesidad y la diabetes o los déficits de atención e hiperactividad en los niños. “Es decir, —indica al presentar su libro—cualquier proceso en el que un déficit o un sobre estímulo hormonal pueda conducir a una situación patológica se puede ver comprometido por los contaminantes presentes en nuestra comida, hogar, cosmética, trabajos…” Y pasa a dar recomendaciones de protección, estructuradas en los siguientes apartados: Comida y bebida; Cosméticos y productos de cuidado personal; Tu hogar y tu armario; Jardinería y bricolaje; y un último muy especial, Esperando un hijo.

No quiere que la gente se agobie, sino que sepa que hay cosas que puede hacer, tanto en el orden social como en el personal. La primera línea de acción que Olea marca es “exigir a los gobiernos que en Europa se apliquen las leyes y las propuestas que se han llevado al parlamento, que se han aprobado y que no se llevan a cabo por demoras y dificultades que responden a la presión del lobby industrial que considera que todo esto es un ataque a su interés”. Estima imprescindible que la sociedad pida un mayor control de los riesgos ambientales. Por poner algunos ejemplos señala que “nos vestimos de botellas de plástico recicladas” y los calcetines que llevan y mordisquean nuestros bebés son “pura química” y, sin embargo, por más que ha buscado su equipo de investigadores un estudio de evaluación del riesgo en torno a los textiles de la UE, no lo ha encontrado. “No existe; nada, ni el más mínimo interés”, dice.

En el orden personal, lo primero que propone es estar informados para poder cambiar hábitos y saber elegir. Hay que aprender a leer etiquetas, —“aunque eso requiera tener la agudeza visual de un niño de siete años y tener tres carreras” dice con sarcasmo— , y a decir no en la puerta del supermercado. “Ya es patético, —expone el profesor —que uno llegue casa y cuando meta la compra en el frigorífico le salga tanto de material de comida como de embalaje, que es absolutamente superfluo, que no sirve para nada, ni siquiera añade características organolépticas”. Y el colmo para este médico que lucha frente a la invasión plástico es que vemos en los supermercados un plátano pelado metido en plástico, una naranja pelada metida en plástico “¡pero si venían con su cubierta natural y se la hemos quitado!”, exclama escandalizado.

Nicolás Olea no se siente un revolucionario sino alguien que habla de aplicar el sentido común frente a unas “normas que nos han impuesto y no son necesarias”. Asegura, por ejemplo y así lo expondrá el miércoles en Segovia, que hay una campaña contra el agua del grifo y a favor de la embotellada. “La mejor agua es la del Ayuntamiento y si no lo es, te vas a la puerta del Ayuntamiento y haces una cacerolada hasta que el agua de tus hijos sea pura. Lo que tienes que hacer es exigir la mejor calidad en tu grifo, pero no retroceder”, exclama en tono coloquial el autor de investigaciones que son citadas por científicos en todo el mundo.