Pase de pecho de Emilio de Justo. / A.M
Pase de pecho de Emilio de Justo. / A.M

La provincia de Segovia vio por fin el concepto de Emilio de Justo después de pasar por El Espinar y Cuéllar sin pena no gloria. El diestro extremeño, que llegó a Nava de la Asunción para sustituir al lesionado Pablo Aguado, derrochó torería en dos importantes actuaciones. Cortó dos orejas, pero pudo sumar otras dos y rabo de haber andado certero a espadas con su segundo. Destacó además el gran momento de Javier Cortés. Una dimensión reposada de su toreo, en la que el sentirse vivo delante de la cara del animal es su mayor triunfo. Otro dos trofeos, al igual que Cayetano Rivera, que reapareció tras más de un mes de baja. Buena prueba para ganar en confianza. Se lidió un envío de Antonio Bañuelos, desigual de presentación pero manejable de juego en líneas generales, noble y con clase.

Cayetano y un toro para recuperar sitio

Pronto evidenció su escasa fuerza el toro de Bañuelos que abrió plaza, acucharado y reunido de cuerna. Le vino bien a Cayetano para probarse en su retorno. Lo midió con templadas tafalleras, que no hicieron falta el modo cámara lenta del iPhone. Lo mejor de la faena. Soso y desrazado resultó el animal en la muleta, ante un toreo vertical. Su labor fue ovacionada tras un espadazo muy tendido.

Castaño, bajo, cubeto y corniapretado fue el cuarto, un ejemplar de la divisa burgalesa que fue el idóneo para recuperar el sitio tras la lesión. Relajado y con gusto se mostró el diestro, que cortó dos orejas ante el agrado del respetable. 

De Justo se desquita

Con cuello y morrillo, y serio de expresión, pero sin ser ofensivo fue el primero de De Justo. Un toro con fondo, que humilló con clase en los engaños del diestro extremeño. No abrió la boca hasta el final. Segovia por fin vio a De Justo. Encajado y firme, rubricó una actuación de altas cotas, con un cierre a pies juntos y un espadazo supremo en todo lo alto. Dos orejas.

Marcó las querencias el quinto, pero el extremeño corrigió ese defecto. Fue un toro con un fondo extraordinario, aunque volvió a pedir su sitio en tablas. Ahí De Justo se hartó a torear. Reunido, ajustado y en redondo firmó tandas que no tenían fin. Aquello era como el ‘Roomba’ por casa, mientras el ganadero apuntaba las virtudes del animal. Faena de rabo, empañada por por el uso de los aceros, pese a ejecutar la suerte suprema con ortodoxia. Ovación tras petición.

El momento de Cortés

Bajo y bien proporcionado, aunque algo más chico que sus hermanos, fue el colorado que salió en tercer lugar. Tuvo nobleza y buen son en el trasteo de Cortés, que conjugó ambición con poso. Con qué gusto anduvo el madrileño: desde las chicuelinas al paso en el tercio de varas hasta los detalles por bajo con la muleta. Está en un momento, que además de ser el mejor de su carrera, es para tener en cuenta. Dos orejas tras media estocada.

El más serio -y basto- del envió de Bañuelos saltó en un último lugar. Las pezuñas, curtidas en el invierno burgalés, imponían. Tuvo poca emoción ante la disposición de Cortés, que no pudo redondear la tarde. La terna salió en hombros. 

Ficha

Plaza de toros de Nava de la Asunción. Primera de la feria del Cristo de la Expiración. Tres cuartos de entrada. Toros de Antonio Bañuelos, manejables de juego y presentación.
Cayetano Rivera, ovación con aviso y dos orejas
Emilio de Justo, que sustituía a Pablo Aguado, dos orejas y ovación tras petición.
Javier Cortés, dos orejas y ovación.

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