Retrato al óleo de D. Ezequiel González obra de Emile Soubrier. Porta banda y placa de la Gran Cruz de Isabel la Católica. / Legado Ezequiel González
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El pasado día 4 de enero se cumplió el bicentenario del natalicio de este ilustre segoviano que, desde mi modesto conocimiento, fue el personaje histórico más relevante y representativo de nuestra provincia durante el siglo XIX.

D. Ezequiel González de la Bodega vio la luz en Turégano, sólo 3 días después de que Riego iniciara, con su alzamiento frente al absolutismo de Fernando VII, la serie de oleadas revolucionarias liberal burguesas ( 1820, 1830, 1848, Sexenio Revolucionario 1868-74) que conformaron la Historia de España durante el siglo XIX. Esta coincidencia, casual por supuesto, pero premonitoria, pareció marcar su destino, convirtiéndose en el ejemplo segoviano más completo de revolucionario liberal burgués, lo que equivale a decir la figura histórica de referencia en una centuria en la que el Liberalismo fue la ideología dominante. Su biografía así lo atestigua, participó activamente en las tres últimas oleadas mencionadas.

D. Ezequiel descendía de dos familias burguesas comerciales, propietarias, rentistas y acomodadas. Don Benito, su padre, afincado en la parroquia de Santa Eulalia; doña María de la Soledad, su madre, en la villa episcopal donde nació éste su quinto hijo.

Con dieciséis años marchó a estudiar Jurisprudencia en la Universidad de Valladolid, permaneciendo en esa ciudad unos dos años, 1836-1838. Allí, además de cursar los dos primeros cursos de carrera, se iniciaría en el mundo revolucionario liberal, tomando parte activa a favor del bando isabelino empuñando las armas frente a los ataques que Castilla sufrió por parte del absolutista conde de Negri. Eran los tiempos de la Primera Guerra Carlista.

Sus padres, que no querían “sables” en la familia, ni participaban de estas veleidades militares, le trasladaron a Madrid en 1838, prosiguiendo en la recién creada Universidad Central sus estudios de Derecho. Finalizó en seis años los ocho cursos de que entonces constaba su plan de estudios y con el mejor de los expedientes académicos – Claustro nemine discrepante- dice en sus notas. A los veintidós años ya era doctor en Leyes. No obstante, su espíritu revolucionario no sólo no decayó, sino que se acrecentó, alistándose nada más llegar a la capital en la Milicia Nacional, bastión liberal, y empapándose del ambiente que se respiraba en esa universidad creada por el Liberalismo.

De su etapa madrileña, que duró hasta 1855 en que murió su padre y se trasladó a Segovia para hacerse cargo de su hacienda y negocios, sabemos que tuvo despacho propio de abogado y una importante presencia en los círculos liberales que llenaban por entonces la vida política, social y económica de la capital del reino. Bien relacionado con los adalides de la política española de la segunda mitad del siglo XIX, Sagasta, Prim, Posada Herrera,…..fundó un club donde se organizaban tertulias con lo más granado de Madrid, y en él eran apreciadas sus conferencias sobre Filosofía de la Historia. También su pluma era seguida en El Siglo, periódico liberal del que desde 1843 fue redactor.

Asentado ya en Segovia, definitivamente ya tras el fallecimiento de su madre en 1859, nadie consiguió sacarle de ella, a pesar de que, sobre todo durante el Sexenio Revolucionario (1868-1874), tuvo ofertas de sus influyentes contactos en Madrid para ocupar cargos políticos. En 1858, fue nombrado vicepresidente del Consejo Provincial de la Unión Liberal, capitaneada por O’Donnel y Posada Herrera. Sin embargo, su talante comprometido con el liberalismo le llevó más tarde a liderar La Gloriosa en Segovia, desde su inicio en 1868. Desde la Diputación Provincial, de la que según sus actas fue vicepresidente, pero que según las esquelas publicadas en El Adelantado, Diario de Avisos y La Tempestad, fue presidente ( anomalías propias de periodos revolucionarios), dirigió la política segoviana durante el Sexenio. En este periodo se observa su interés por la reconstrucción del Alcázar destruido desde 1862 y también por el traslado en 1869 del Instituto de Segunda Enseñanza a su actual emplazamiento, I.E.S. “Mariano Quintanilla”. El primer caso nos alecciona sobre su determinación en llevar los asuntos. Don Ezequiel trajo a Segovia a Alonso Martínez, Ministro de Justicia en 1874, para comprometerle a su reedificación, algo que éste admitió si se presentaba Informe de la Diputación. La Diputación se reunió esa misma noche y el informe estaba en Madrid al día siguiente. Concedida la obra, previo escrito de don Ezequiel a Sagasta, el asunto se truncó y quedó aparcado, durante décadas, porque los revolucionarios del Sexenio perdieron el poder tras el pronunciamiento del, también segoviano, general Martínez Campos en Sagunto, hecho que terminó con la Primera República y dio inicio a la Restauración Borbónica.

A partir del advenimiento del primer periodo de la Restauración (1874-1902), el coétaneo de nuestro ínclito personaje, la actividad política y revolucionaria de don Ezequiel pasa a un segundo plano, pero no su diligente e incansable afán por servir a sus conciudadanos. En los casi 30 años que le quedaron de vida, murió en 1903, señalo algunas de sus obras o actuaciones…

En 1874 fue socio refundador de la Sociedad Económica de Amigos del País de Segovia, en su segunda etapa. Presidente de la misma (1879 a 1891) y principal sostenedor hasta su muerte. A través de su revista, don Ezequiel contribuyó a difundir el liberalismo económico, los nuevos usos agrarios, sus ideas sobre el urbanismo de Segovia, la preocupación por su patrimonio artístico, el fomento de la instrucción pública, las costumbres higiénicas,…….

Durante su cargo, gratuito, de inspector provincial de carreteras se realizaron nuevas infraestructuras: una buena parte de los caminos vecinales, la carretera de Boceguillas (antes, sólo existía una provincial, la de Arévalo)…Se preocupó, también, por la llamada “cuestión del ferrocarril” con diversos artículos.

En urbanismo, siguió apoyando la reedificación del Alcázar, se opuso al derribo de la puertas de la Muralla, consiguió a través de la SESAP que el Acueducto fuera declarado Monumento Nacional (1884) y que se creara una comisión para reconocer su cartela.

En beneficencia y salud pública, fue comisario regio de Agricultura, vicepresidente de la Comisión Permanente de Pósitos (La Alhóndiga) y fundador y presidente de la Cruz Roja segoviana(1882-1886), institución esta última a la que posteriormente donaría dinero para atender a los soldados segovianos que volvieron heridos de la Guerra de Cuba.

Regeneracionismo y patriotismo don Ezequiel, fue visionario de la pérdida del imperio colonial español, antes del Desastre del 98, y de la necesidad de regenerar España. En 1885, promovió, como líder social, una gran manifestación en Segovia, para protestar por la ocupación alemana de nuestras Islas Carolinas.

La inquietud intelectual y el afán de conocimiento del mundo de este incansable personaje le llevó a convertirse, además, en uno de los grandes viajeros europeos de su época. Su interés por el mundo grecorromano y las antiguas civilizaciones le llevó a realizar largos viajes por Egipto, el Imperio Turco y la clásica Italia. También es probable su estancia en Asia Oriental y Centroamérica. De todos estos espacios geográficos hay piezas catalogadas en el Legado González.

En las postrimerías de su vida, ya viudo de su matrimonio con doña Micaela Calderón y sin hijos, nos dejó dos enormes broches de filantropía: el Legado Ezequiel González y la Fundación Ezequiel González. En ellos empleó, según el mismo dijo, la mitad de su fortuna; la otra mitad, propiedades y negocios, quedaron para la familia.

El Legado Ezequiel González se otorgó por testamento al Instituto de Segunda Enseñanza de Segovia. Consiste en la colección artística privada que atesoraba en su domicilio particular, la Casa Palacio que antes fuera sede de la Fundación Ondátegui. Componen su catálogo casi quinientas obras de arte , la mayor parte esculturas, pero también pinturas, mueblería, numismática, piezas arqueológicas, … Unas, piezas originales de conocidos autores como Ángel Ferrant o Aniceto Marinas; otras, copias extraordinarias de grandes obras. Su intención era la de hacer un Museo de Escultura destinado a formación y abrirlo a la ciudad al menos un día a la semana. La mayor parte de las piezas se ubican hoy en el IES “Mariano Quintanilla”.

La Fundación Ezequiel González se creó con el objetivo de dar educación e instrucción a los niños pobres mayores de ocho años de las parroquias de El Salvador, San Justo, San Lorenzo y Santa Eulalia; es decir, extramuros. Hay que enmarcarla en el pensamiento liberal y religioso de nuestro personaje que conocedor, sin duda, de la Institución Libre de Enseñanza y del krausismo, pero también de otras ideas pedagógicas de pensamiento cristiano como la que representaba el Padre Manjón, puso a un discípulo de éste, don Rafael Roda, gran pedagogo regeneracionista, al frente de la misma. Roda, comisionado por don Ezequiel, viajó por al menos seis países europeos para conocer este tipo de instituciones y adquirir los instrumentos y materiales que en España no había. Gastó en materiales didácticos y en ponerla en funcionamiento un millón de reales y la otorgó 216.500 pesetas de deuda perpetua para su futuro mantenimiento (téngase en cuenta que el salario diario de un trabajador español apenas superaba 1 peseta/día). Se inauguró el 6 de setiembre de 1903, justo dos meses antes de su fallecimiento. Formó durante décadas a jóvenes segovianos. Ocupaba el espacio que hoy es el IES “Ezequiel González”.

El Legado Ezequiel González no ha cumplido nunca lo que mandaba el testamento de nuestro prócer y la Fundación Ezequiel González, fue sencillamente extinta por la Diputación Provincial en Pleno (1994) y liquidados sus fondos por decreto de su Presidencia (2003). Sobran comentarios.

Por su extraordinaria trayectoria personal recibió en vida muchos reconocimientos y condecoraciones que, salvo el día de inauguración de su Fundación, nunca, por modestia, exhibió en público. Entre los galardones destacan: Gran Cruz de Honor y Mérito (1881), Cruz Roja (1882), Gran Cruz de Isabel la Católica (1883), Gran Cruz de Alfonso XII (1903). Pero quizá lo que más agradecería sería la visita personal que le hizo la Infanta Isabel de Borbón, La Chata, el día 30 de setiembre de 1903 a su Fundación. Hecho éste, que junto a algunas de las condecoraciones citadas, hay que enmarcar en el reconocimiento institucional de la casa real a este revolucionario liberal burgués defensor de la monarquía constitucional.

Finalmente, entregó su alma a Dios el 6 de noviembre de 1903, siendo enterrado, en olor de multitudes, en el cementerio del Santo Ángel de la Guardia donde reposa en el mausoleo familiar, un templete de mármol que el mismo mando edificar al gusto clásico.

Don Ezequiel es el ejemplo segoviano más completo de revolucionario liberal burgués moderado, monárquico constitucional, intelectual ilustrado, regeneracionista, patriota, utilitarista y altruista. Don Ezequiel se aplicó como máxima vital el lema de la Sociedad Económica Segoviana de Amigos del País: “BENEFICIA PROPORTIONANDO”, en beneficio de sus paisanos como se infiere de esta breve biografía que aquí escribo. Todo esto le acredita para figurar en el frontispicio de segovianos ilustres, y en su cúspide en el siglo XIX. Don Ezequiel González fue, sin duda, una figura clave en la Historia de Segovia del siglo XIX.

La no celebración de la efemérides del bicentenario del nacimiento de este prócer segoviano por parte de las instituciones políticas y culturales de Segovia es un gran débito a la memoria histórica colectiva de nuestra ciudad y provincia, que alguien tiene que corregir. ¡Memoria Histórica, por favor!.
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(*) Catedrático emérito de Historia.