Opinión | Ayuso, pop starAhora muchos se apuntan a que el tsunami de Isabel Díaz Ayuso estaba cantado. No está mal. Sobre todo para Tezanos, que daba un empate técnico entre el bloque de derechas y de izquierda y luego, en su revista Temas, explicaba el efecto Ayuso por el voto ‘tabernario’. Ella sola ha superado el voto de PSOE, Más Madrid y Podemos.

Paralelamente, aquellos que hacían la lectura del resultado de las elecciones en clave nacional, ahora reculan. Entre este marasmo de aprendices de brujos que merodean por doquier, me van a permitir algunas opiniones muy personales de lo que ocurre en Madrid, e incluso —ya perdonarán— de lo que puede ocurrir a partir de ahora en España.

Creo que es un error político pensar que lo que ha salido de la campaña, de las urnas y del propio gobierno de Madrid es traspasable al resto de España. Llevamos meses en que la política gira alrededor de Madrid. Ha sido una equivocación mayúscula por parte de los estrategas de Pedro Sánchez incidir en ello y será un error de los de Pablo Casado si apuestan su futuro a ello. El caso de Madrid es tan particular como inexportable. Como es muy personal, e igualmente poco trasladable a otros lares, el perfil de la candidata Ayuso.

La futura presidenta ha utilizado el desenfado y lo políticamente incorrecto como marca de la casa. Muy al estilo republicano americano, aunque con toque de Chamberí.

Habla para los suyos. Para que los suyos no tengan tentaciones de quedarse en casa o de cambiar de voto. Y construye un relato, una narrativa. Alfonso Guerra hizo lo mismo en los años 80. Su discurso está constituido de anécdotas, de ocurrencias, de frases primarias. No profundiza ni realiza tesis políticas. Cae muy bien ello en un escenario político, como el actual, en el que los políticos no reflexionan, sino comunican. Son pops stars, no creadores de ideas ni de políticas. Se dirigen, como Ayuso, a un elector que quiere mensajes directos que calen y conceptos generales —libertad, por ejemplo— que enganchen en su propia simplicidad. Es un populismo no agresivo, sino alegre; incluso guapo. Qué pinta en ese escenario un serio, soso y formal. Nada. Se ha demostrado.

La presidenta ha creado un regionalismo madrileño basado no en factores culturales, sino ideológicos, pero cuyo método no difiere de los utilizados por los secesionistas:

Pedro Sánchez y su gobierno han ayudado con sus iniciativas y acusaciones a Isabel Díaz Ayuso. La presidenta ha creado un regionalismo madrileño basado no en factores culturales, sino ideológicos, pero cuyo método no difiere de los utilizados por los secesionistas: ha polarizado su soledad en tiempo de pandemia frente al poder central, en este caso representado por el gobierno socialista, que se lo ha puesto en bandeja con una política que pretendía aislar para empequeñecer y lo que ha hecho es aupar por el agravio comparativo.

Madrid es un feudo electoral muy especial. Sobre todo para la derecha. El votante de derecha de Madrid no es semejante al del resto de España. Uno de cada tres madrileños vota pensando en la generalidad de España, pero el resto de España no tiene el mismo esquema de los madrileños a la hora de votar. Ayuso ha conseguido el voto joven de Las Tablas, de Tres Cantos, de Sanchinarro, lo que rompe la brecha generacional de su partido a nivel nacional, con un segmento de seguidores más envejecido. Son personas que hasta encuentran simpáticos los desbarres de la presidenta de Nuevas Generaciones.

Se comprende en este esquema que acabo de relatar que la figura de Ayuso se haya visto engrandecida por el poder. Le ha pasado lo mismo que a Pedro Sánchez le ocurrió hace unos años: no ganaron en las urnas, sí en la mesa de negociación, pero han sabido —o supieron— sacar rédito para su imagen de ese poder conseguido. Decía Julio Iglesias que la gente prefiere al perdedor. Puede ser a la hora de irse de picos pardos. Pero en política, salvo que seas tonto de remate, no pasa eso. Concluyo este apartado como empezaba: sería un error para el PP, y en particular para Pablo Casado, pensar que el perfil Ayuso-Madrid puede clonarlo y protagonizarlo para el resto de España.

Qué será, será

No creo que a la futura presidenta le venga muy bien acercarse a Vox. Ha conseguido atrapar el voto que fue en su día a Ciudadanos, pero es un voto prestado, un voto que se ha polarizado ante la irrupción inicial de Pedro Sánchez, después desaparecido de los escenarios, y el desembarco de Pablo Iglesias. Le va a venir bien que a Vox no le convenga tampoco entrar en el ejecutivo futuro de Isabel Díaz Ayuso. En gobiernos con tanta asimetría el grande termina fagocitando al pequeño. Y hay que recordar que esta es una elección para dos años. Dentro de dos años Vox tendrá que presentar unas señas de identidad que no estén diluidas. A Vox con un PP fuerte solo le cabe el papel de Pepito Grillo, y eso se ejerce mejor fuera que dentro.

Pobre Gabilondo, asistiendo incluso a las dentelladas en el cogote de Más Madrid, que ha vuelto a demostrar su fuerza en la capital de España y su destreza a la hora de elegir la candidata.

¿Qué decir del PSOE? Pues que en ocasiones, uno, es decir, quien esto firma, no entiende nada de nada, y piensa en sus desvaríos que sabedores de lo que se le venía encima han puesto enfrente del barco a quien no importaba que se hundiera con él en caso de naufragio o que no diera muchos problemas si sonaba la flauta por casualidad y se ganaba. En todo caso, pobre Gabilondo, asistiendo incluso a las dentelladas en el cogote de Más Madrid, que ha vuelto a demostrar su fuerza en la capital de España y su destreza a la hora de elegir la candidata. Por cierto, que Mónica García era la que quería borrar Pablo Iglesias, aquel hombre que irrumpió en Madrid para arrasar y lo único que ha conseguido es darle más alas al vuelo de Ayuso. Decía la presidenta que España le debía no sé qué y no sé cuánto. Lo que está claro es que Ayuso le debe una a Pablo Iglesias. Que se lo pague es otra cosa.

Bueno, pues el escenario se despeja. Hay gobierno de Ayuso para dos años, y hay gobierno de Pedro Sánchez para otros dos años. Quien pensara que el presidente estaba tentado en convocar elecciones ya puede cambiar de idea. Con el buen ritmo de las vacunas, una recuperación económica que a la fuerza tiene que llegar —el crecimiento sobre base cero siempre es exponencial— y con el reparto de los fondos de recuperación y resiliencia le queda tiempo para superar el disgusto. Y además ya no tendrá que decir aquello de Marx —Groucho—: lo malo del matrimonio es que cada vez que abro la puerta de mi casa me encuentro con mi mujer. Cambien casa por despacho y mujer por Pablo Iglesias y se entenderá mejor su estado de ánimo.