Sentir lo invisible, pero esto… ¿qué es?

El artista plástico Iván Montero desarrolla en el ‘Esteban Vicente’ un proyecto educativo, en el que han participado unos 1.800 personas, para acercar al gran público el arte abstracto

0

El público es tan heterogéneo, que el artista plástico Iván Montero (Salamanca, 1972), atesora un amplio abanico de estrategias para su discurso. Desde universitarios y niños hasta personas mayores, procedentes del medio rural. No son pocos los que pisan por primera vez un Museo del estilo del ‘Esteban Vicente’, de arte contemporáneo. Por eso, los gestos de incertidumbre ante lo desconocido son denominador común cuando Montero —artista de éxito internacional, afincado en Segovia desde su niñez— sitúa a los visitantes frente a una obra del propio Esteban Vicente, icono del expresionismo abstracto, o de Alberto Reguera, que protagoniza ahora una retrospectiva de su obra, también abstracta.

“Pero… ¿esto qué es?” pregunta, en voz alta, Montero a sus visitantes, normalmente cuando les coloca frente a una obra de Esteban Vicente, el pintor tureganense al que el artista conoció a la temprana edad de 14 años y que, sin duda, marcó su vocación por las artes plásticas. Así suele arrancar cada una de las visitas-taller que Montero dirige, por encargo del Museo, desde el pasado mes de noviembre. El programa educativo “Sentir lo invisible” ha supuesto, hasta la fecha, que entre 1.800 y 2.000 personas, de todas las edades, hayan visitado el espacio expositivo para aprender sobre el proceso de creación plástica y, concretamente, del arte contemporáneo y abstracto.

Montero, que tiene obra diseminada en colecciones de más de 15 países, ha dedicado toda su vida a la experimentación plástica. Le gusta, según confiesa, no solo transmitir el conocimiento técnico, sino también enseñar aspectos tales cómo de dónde sale la inspiración del artista y cómo piensa y trabaja; elementos fundamentales para que el público sepa apreciar después la obra expuesta en los espacios museísticos.

“El mayor objetivo es que la gente se divierta con el arte y, en especial, con el contemporáneo, el abstracto”, sostiene Montero que trata, según subraya, de descubrir a niños y mayores, cómo “todos controlamos en nuestra vida cotidiana” los elementos del lenguaje artístico, desde los códigos cromáticos, hasta las estrategias de composición y de creación de las formas.

El artista plástico propone al público que “viva” un momento especial —“la vida es una suma de momentos y sensaciones”, dice”—, de tal manera que el artista segoviano ve cumplido el objetivo cuando los visitantes salen del espacio expositivo “con una emoción, el de haber aprendido y, sobre todo, disfrutado”.

Montero considera que esta labor pedagógica supone la mejor oportunidad para “capturar la atención de esas personas que nunca han tenido conexión con el arte” y de que el Museo, en este caso el Esteban Vicente, conecte también con la sociedad.

Otro de los objetivos del proyecto educativo “Sentir lo invisible” es, según Montero, cubrir las carencias de la educación reglada, que ha relegado “a un tercer plano” el aprendizaje de las artes plásticas en las escuelas.

“En un país como España, con un inmenso patrimonio, deberíamos todos tener conciencia de la importancia que tiene el arte y cómo ha influído en el pensamiento humano”, sostiene Montero. Y añade: “Las cosas nunca pasan porque sí, un garabato no es un garabato sin más, hay toda una trayectoria de pensamiento, desde el Neolítico hasta nuestros tiempos, pasando, por ejemplo, por Velázquez”.

Montero no pierde la oportunidad en cada visita para tratar de hacer reflexionar al público y desterrar ideas equivocadas como que, por ejemplo, el arte figurativo, en el que se reconocen personas y objetos, va mucho más allá. “Cuando vemos la obra de Velázquez, nos solemos quedar en la superficie, pero lo trascendente está en el interior, cómo aplicaba la pincelada, cómo influyó de forma decisiva en pintores varios siglos después”, subraya Montero, para quien el reto es trasladar ‘pasión y conocimiento’. “Cuando abro una botella de vino —indica— y tengo conocimiento de lo que ocurre en mi boca y reconozco olores y sabores, más vinos disfruto o más me satisface ese vino (…) saber es importante y con el arte lo es más, porque el objetivo final es solo uno: disfrutar”, recalca.

El artista aspira a que los visitantes —el programa finalizará a finales de mayo— “vivan la pintura” de los artistas, a través de la exposición permanente de Esteban Vicente, o de las recientes muestras temporales que ha albergado el Museo, la del fotógrafo Chema Madoz o la de Alberto Reguera, que actualmente ocupa varias salas del espacio museístico. “El público descubre cómo se ha hecho esa obra, les cuento los entresijos de lo que pasa en un taller, les hablo de los artistas, de cómo trabajan, de dónde salen sus ideas….”, explica.

Como complemento a las visitas guiadas, Montero desarrolla un taller práctico para acercar las técnicas de los artistas que acaban de conocer. Así, se busca una aproximación al tratamiento de las texturas de la obra de Reguera o, por ejemplo, al trabajo escultórico de Esteban Vicente. “Ellos se convierten en artistas, sin comillas, trabajan con madera como Esteban Vicente, recortan, pegan… y luego se llevan a su casa una escultura con material noble”, afirma.

Desde el mes de noviembre, a razón de una docena de visitas semanales, Montero calcula que entre 1.800 y 2.000 personas han participado ya de este programa pedagógico; que tendrá su continuidad en el mes de julio, del 5 al 28, cuando se celebren los cursos monográficos de pintura, escultura y dibujo, que cuentan con el apoyo de uno de los patrocinadores del Museo, la empresa Ambient Air.