Representación del Sinodal de Aguilafuente.
Representación del Sinodal de Aguilafuente.
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En los últimos años han ido proliferando, en varias poblaciones, distintas fiestas y recreaciones históricas que tienen por objeto incentivar el turismo cultural a partir de algún episodio histórico. Distingo entre fiestas y recreaciones porque estas últimas implican una simulación verosímil de un acontecimiento histórico resultado de una investigación histórica y con ciertos indicadores de calidad, algo no siempre presente en las fiestas. De ahí que haya que tener cuidado para que en el sentir popular no todas caigan en el saco de “fiestas medievales”, algo que se interpreta como un espacio “ambientado” con los artesanos vestidos de aquella manera.

Una fiesta y una recreación han de buscar la calidad y el rigor, a veces a partir de un episodio bien conocido e incluso documentado; en otras ocasiones son ambientaciones de una época o sucesos que pudieron pasar en cualquier lugar. Sin embargo, no todas se pueden equiparar, bien por falta de preparación o, lo más común, de medios, que hace que se desvirtúen. El éxito de algunas más allá de nuestros límites (recuerdo las bodas de Isabel Segura en Teruel, o el Cronicón de Oña, en la población burgalesa) ha impulsado a otras a crear una fiesta que destaque su historia y atraiga al visitante durante uno o varios días. De esta manera se da visibilidad a las poblaciones y potencia el sector servicios, nada desdeñable en nuestras poblaciones. Otra cuestión, no menos importante en muchas de ellas,es la participación de vecinos de diversas edades y condiciones en torno a un proyecto común.

En Segovia tan solo dos forman parte de la Asociación Española de Fiestas y Recreaciones Históricas (AEFRH), que reúne las celebraciones españolas con cierto marchamo de calidad: “Ayllón medieval” y “El Sinodal de Aguilafuente”.

La decana es “Ayllón medieval”, fiesta de ambientación medieval desarrollada en un hermoso marco. Ha ido evolucionando y su éxito se debe al gran mercado con todo tipo de productos, junto con numerosas actividades, entre las que se encuentra la recreación del destierro de don Álvaro de Luna de la Corte, que fue recibido en Ayllón en 1427 y 1428, donde se asentaron importantes familias para la historia de la villa. A la recreación se unen la exhibición de oficios artesanos, conciertos y música tradicional, algo indispensable para el último fin de semana de julio, en que por Ayllón pasan miles de personas de todos los lugares.

Diecisiete ediciones lleva “El Sinodal de Aguilafuente”, que conmemora la llegada de la primera imprenta a Segovia y el protagonismo que tuvo al ser sede del sínodo cuyo texto se convirtió en el primer libro impreso en España y en español. Su base radica en las actividades teatrales, dirigidas por Estudio La Recua Teatro, una de ellas la escenificación de una jornada del sínodo, con varios temas de los que se trataron aquellos días de junio de 1472. A ellas se suman exposiciones, talleres, mercado, gastronomía, pero siempre dejando clara la idea de fiesta cultural. El Sinodal ha conseguido dar la identidad a la villa en torno a uno de sus episodios históricos más conocidos, a la par que ha llevado a colaborar a cientos de vecinos y personas vinculadas a Aguilafuente. En su afán de difusión, el Sinodal ha salido a otras localidades, incluida Madrid, donde ha recordado la llegada de la imprenta a España. Gracias a él mucha gente conoce los orígenes de la imprenta, pese a que la capital segoviana lleva décadas olvidándolos y a que las autoridades regionales tampoco ponen empeño en potenciarlo.

“Cuéllar mudéjar” lleva más de treinta años evocando el pasado medieval a partir de su conocida arquitectura de románico de ladrillo. Durante tres días a mediados de agosto se recrea una aldea medieval en el parque de la Huerta del Duque, al pie del castillo y de las murallas. En la “aldea” hay mercado, oficios, teatro callejero, justas, bailes y actividades que llevan a una importante época de la villa. Cada año se nombra un “Alférez mayor” vinculado con Cuéllar, que se acerca a la Huerta realizando una comitiva desde el castillo. Desde hace unos años también se vienen conmemorando las “Bodas del rey Pedro I”, enlace celebrado entre el monarca y Juana de Castro en la iglesia de San Martín en 1354. En la recreación, que se realiza entre el arco de San Martín, el castillo y la iglesia citada, participan grupos teatrales de la villa, otros musicales, además de voluntarios. Se ha desvinculado de “Cuéllar mudéjar” y adelantado al primer fin de semana de agosto.

Sepúlveda también tiene su fiesta, “Los Fueros de Sepúlveda”, privilegios concedidos por el conde Fernán González a la villa, que confirmó Alfonso VI en 1076. En esta fiesta, que gira en torno a la tercera semana de julio, hay ambientación medieval, así como otras actividades teatrales, pasacalles, cuentacuentos y otras que animan al visitante a visitar esta hermosa villa y a recordar que hace diez siglos fue la punta de lanza del avance cristiano en estas tierras. No pretende ser una recreación, sino una fiesta en torno a otro episodio histórico, un fin de semana que pone el foco en Sepúlveda, su patrimonio y su origen.

Otro clásico, esta vez a fines de la primavera, es el Mercado barroco de La Granja. Su objetivo es recrear el Barroco en las calles granjeñas, volver al ambiente palaciego de sus inicios. El mercado, la vestimenta, con concurso de trajes, así como las actividades teatrales, musicales y de animación son la clave de este evento que atrae a numerosos visitantes. También llama la atención la recreación de un campamento militar de la época. Son varias las representaciones basadas en aquella época y en sus personajes, como Felipe V o Carlos IV, aunque nos salgamos algo del Barroco.

Más moderno es el V Mercado romano “Cauca romana”, de Coca, que rememora sus orígenes con el recurso común y con diversos talleres relacionados con el mundo romano, además de alguna conferencia o exposición.

Tras este repaso se puede apreciar que hay una gran disparidad de criterios y modelos, confluyendo, eso sí, en la colaboración ciudadana, en la animación y en la promoción turística. En varias de ellas participan empresas especializadas, garantía de una calidad necesaria para la pervivencia de las fiestas. Sin embargo, siendo loable el esfuerzo de las localidades, se debería cuidar más la documentación histórica para evitar elementos anacrónicos y lugares comunes, de modo que no se confundan con meras “fiestas medievales”. También, y esto compete a las autoridades provinciales, se debería conseguir coordinar las fechas y los eventos, siempre con un marchamo de calidad, de forma que se cree una ruta, que unas se apoyen en otras y no se solapen.