«Es duro estar cinco meses dentro de la cárcel sabiéndose inocente»

Uno de los dos imputados por el caso del robo de las coronas en el Santuario de la Fuencisla defiende su honestidad en la sustracción e insiste en su inocencia

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Tras haber estado recluido en la cárcel de Perogordo cinco meses acusado de participar en el robo de las coronas de la Virgen de la Fuencisla, Bruno M.D., espera que todo se resuelva pronto y que su imagen pueda quedar limpia. «Han sido cinco meses muy largos, preguntando cada día cuándo llegaban las pruebas de ADN que confirmaran que yo no había intervenido en el robo», asegura.

«Lo peor de todo es que al acusarme a mí se implica a mi familia y amigos, porque es mucha la gente que los conoce. Mi madre tiene once hermanos y algunos tienen los mismos apellidos que yo. Todo esto puede ocasionarles problemas también a ellos y eso me duele mucho», sostiene.

Él insiste en su inocencia y recuerda que nunca se ha visto obligado a tener que robar. “Nunca me han detenido ni me han pillado en ningún robo», añade, aunque reconoce que hace tiempo tuvo un problema con la Policía por un asunto de estupefacientes. «Pero ya van tres veces que me acusan de robo con fuerza y no tengo nada que ver con ello”. “Todavía no se ha podido demostrar que yo haya cometido ningún robo, aunque hay quien se empeña en acusarme», insiste.

También señala Bruno que él es consciente de la importancia que tiene la Virgen de la Fuencisla para los segovianos, y que su familia es muy devota de la patrona. «Yo llevo años sin entrar en el Santuario, pero mi abuela era muy católica, muy religiosa, y me llevaba a menudo a La Fuencisla». Pero manifiesta que fuentes policiales le reconocieron que recibían muchas presiones para que pareciera que el asunto estaba resuelto con su detención.

En su relato de los hechos, Bruno recuerda que se llevó un enorme susto al ser interceptado por varios policías nacionales cuando paseaba por un camino cerca del río Eresma en compañía de una amiga. Ambos fueron invitados a ir hasta la Comisaría para ser interrogados, «pero nos retuvieron varias horas… hasta la una de la madrugada», recuerda con desasosiego ya que recibió ciertas amenazas de que iba a «pagar caro» el robo. En esta línea recuerda advertencias del tipo: «Te la vas a cargar»; pero sobre todo le duele que en varias ocasiones le reconocían algunos agentes policiales que sabían “perfectamente” que él no había sido el autor material del robo. «Eso empezó a preocuparme», agrega.

«Cuando me dijeron que habían encontrado una mochila mía con las coronas, empecé a pensar que me habían tendido una trampa y al día siguiente acudí al Juzgado para decir que podía saber quién había cometido el robo, porque me podían implicar en él, pues le había dejado yo una mochila, y a lo mejor me acusaban de encubridor», explica. Esto ocurrió un día después de hallar la Policía las coronas robadas, ocultas en una bolsa de deporte, cerca del río Eresma.

En este contexto, una vez en el Juzgado, el magistrado ordenó el ingreso preventivo en prisión de Bruno para evitar que pudiera interferir en la investigación y facilitar la detención de los posibles partícipes, en el plazo máximo de 72 horas. Pero ese plazo se superó, pues, salvo una conducción posterior hasta el Juzgado para prestar de nuevo declaración, Bruno no volvió a salir de la cárcel hasta cinco meses después, en junio pasado. Para ello fue preciso que hubiera una prueba contundente: el resultado de las muestras de ADN tomadas en el Santuario y en las coronas dieron negativo en su comparación con el ADN de Bruno. En total el Laboratorio de Biología de la Policía Nacional examinó hasta 20 pruebas remitidas por la Comisaría de Policía de Segovia, pero sin resultados concluyentes.

Esto hizo que Bruno, a través de su abogada, solicitara la excarcelación inmediata. Y fue cuando pudo salir de prisión.

Con Bruno también ha sufrido la privación de libertad J.A.A., de 39 años. Ambos fueron los dos principales sospechosos para la Policía de Segovia. «Ahora tendré que pedirle disculpas por la autoría del robo, porque era quien tenía mi mochila y él habría sido en todo caso; pero si no es mi mochila, le tendré que pedir perdón, porque no he podido ver todavía la mochila más que en una foto en blanco y negro», añade Bruno. «Le involucré porque me sentí obligado en aquel momento», confiesa. “Pero ahora todo quedará resuelto y aclarado”.

A él ya le ha pedido disculpas un sacerdote: —“No te creí en su día, pero ya veo que no has sido—”, me dijo el cura”.