No se puede competir a ratos

    Justa derrota. El Segovia Futsal no encontró la manera de superar a un Brihuega que hizo lo que tenía que hacer para ganar

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    Guillermo Herrero, periodista de profesión y naturalista de vocación, explicó claramente en la tarde de ayer la definición de “hacer el cernícalo”: Entiéndase batir las alas, manteniéndose en el aire, sin avanzar ni retroceder. Y, si no hubiera sido por los condicionantes físicos que asolan a la plantilla del Segovia Futsal, esa expresión habría sido la cabecera de esta crónica, porque mientras que su oponente corrió, y compitió (a su manera) por la victoria, el equipo de Diego Gacimartín se quedó batiendo las alas, sin apenas moverse, esperando que una afortunada ráfaga de viento le hiciera ir hacia delante. Cosa que no ocurrió.

    Sería injusto para los jugadores del Segovia Futsal no iniciar el relato de lo acontecido en el encuentro sin citar a los ausentes. Porque Alex Fuentes y Charly sigue recuperándose de sus lesiones, y si a un conjunto que basa su fuerza en el bloque, le quites dos de sus componentes, es lógico que le afecte. Y más cuando otros tres jugadores, Buitre, Dani Mejías y Jimeno, están lejos de su mejor estado de forma. Demasiado lastre para un plantel que se medía a uno de los equipos menos agradables de toda la competición.

    El Brihuega representa la cara menos amable del fútbol sala. El equipo alcarreño es veterano, juega con los nervios del rival y sabe manejar a los árbitros, defiende en media cancha hasta desesperar a su oponente, y con el marcador favorable tiene claro que el espectáculo no está en la cancha, sino en el electrónico. En esta realidad es lógico que el conjunto que entrena Rubén Barrios juegue mejor fuera que en casa, donde tiene que exponer algo más. Que nadie dice que su fútbol sala sea ilícito, solo que no es en absoluto vistoso.

    El partido se movió (es un decir) al ritmo que quiso marcar el Brihuega, que en los primeros cinco minutos midió a los colegiados, provocando cuatro faltas claras, con sus consiguientes protestas, que terminaron haciendo mella en la pareja arbitral, que a partir de ese momento no quiso meterse en líos, elevando el listón de las infracciones hasta un nivel aceptable para el cuadro alcarreño; así supo frenar todas las acometidas del Segovia Futsal, que solo inquietó de verdad en un segundo palo que Jimeno no llegó a acertar.

    Como las llegadas al área se contaban con los dedos de una mano, sorprendió que en apenas un minuto se marcaran dos goles. Se adelantó el equipo de casa con un tanto de Alvarito a la salida de un córner, pero empató Sergi poco más tarde, tocando de primeras un envío al área con los ecos del 1-0 aún resonando en el pabellón.

    El gol devolvió el partido a su sitio, pero dejó tocado al equipo local, más empeñado en buscar la quinta falta de los visitantes, piscinazos en el centro de la cancha incluidos, que en forzar de verdad las acciones ofensivas. Con el criterio arbitral bien orientado hacia lo que quería el Brihuega, las faltas fueron cayendo del lado segoviano, hasta que a un minuto para el descanso, Blecua marcaba de doble penalti el 1-2 con el que el partido se fue al descanso.

    Necesitaban los de Diego Gacimartín un ritmo mayor si querían descolocar a sus oponentes, pero lo que se encontraron fue el jarro de agua fría del 1-3, que marcó Kiki al contragolpe después del enésimo ‘desmayo’ de Javito, y poco más tarde el 1-4, en otro contragolpe, que en esta ocasión culminó Juni. Con el equipo tocado, tanto física como anímicamente, solo Jimeno e Iván Quintín lograron poner la intensidad suficiente como para inquietar la portería de Pepe García, que sacó una extraordinaria mano para evitar un tanto de Buitre en una de las escasas acciones de mérito de los locales.

    Diego Gacimartín apostó por la mejor arma del Segovia Futsal, el portero-jugador, cuando restaban seis minutos para el final del partido, enlazando varias buenas acciones de gol que fueron culminada por el 2-4, obra de Jimeno. Pero el equipo fue a menos, la grada ayudó bastante poco en esta ocasión, y el Brihuega controló los últimos minutos hasta conseguir ampliar su renta con dos goles más. La lección está clara: Si se quiere competir, hay que hacerlo desde el primer minuto, hasta el último.