Marcel Kittel, desencadenado

    El corredor del Giant Shimano vuelve a vencer en otro sprint perfecto y se adjudica tres victorias en apenas cuatro días de ronda francesa.

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    Antes de la tempestad, tampoco llegó la calma. Lo primero porque a la hora del café tardío -ya avisamos que el Tour era el inicio del verano- nos enteramos de la retirada del Tour de Francia de Andy Schleck. Bien es cierto que el hermanísimo no vino a la carrera a competir, ni siquiera a ser la sombra de lo que fue. Pero también es cierto que, en un mundo necesitado de heroicidades, quisimos verle el pasado domingo mejor de lo que pensábamos, un tal vez, un ojalá.

    Sin embargo no sería la cafeína lo que acabaría por despertarnos en una etapa que se presumía tranquila. Nada más comenzar la etapa, en esos inicios que, como comentábamos ayer, suele atacar alguien, que lo hubo, la radio del Tour y sus especificaciones novísimas por medio de las redes sociales echaban humo: apenas después del banderazo de salida, las imágenes se centraban en la caída de Chris Froome.

    Antes de seguir por peteneras avisemos de lo más importante: no parece peligro y confiemos, seguirá siendo un duro rival para Contador y un auge para el espectáculo. Chapa y pintura que diría aquel. El corredor británico se pasó magullado todo el día, con las heridas abiertas y el maillot rasgado, el primer síntoma de los guerreros del Tour.

    Sin embargo, lo que más asustaba a los que saben de esto no son los arañazos sino el dolor de muñeca y no los rasguños en sí, sino la forma de la caída. En primer lugar la muñeca, protegida por una férula, que podrá dar lugar hoy a complicaciones entre tanto adoquín. La segunda, la forma de la caída ya que como el propio ‘Purito’ indicaba la contracción del músculo dura. Tanto, que a él le dura la del Giro.

    Larga marcha

    Como todos los días hubo escapada y como casi siempre ganó Kittel. De inicio, casi al unísono con la caída de Froome, Thomas Voeckler se marchó de la mano de Luis Ángel Mate, la primera baza patria que vemos aparecer en este tipo de aventuras sin orden ni concierto.

    Nunca pudieron llegar. De hecho nuestra baza optó por abandonar la lucha y tiró la toalla para ser absorvido por el pelotón. Sin embargo Voeckler, perro viejo donde los haya y muy querido en la serpiente multicolor que supone el Tour de Francia, no quiso perder su oportunida de unos mintos de cámara. Es cierto que no siempre buscó la cámara y que en el historial, que para un ciclista es su curriculum vitae, Voeckler posee grandes escapadas que llegaron, como la de Perpignan.

    Pero este no era el día. Y no lo era porque los de siempre quisieron que no lo fuera. Los de siempre fueron el Omega Pharma Quick Steep y en menor medida, en cuanto a kilómetros nos refererimos, el Giant Shimano que volvió a preparar un pastel en tres minutos para que Kittel le pusiera la guinda.

    Y Kittel no falló. Pese a que de inicio el alemán no se encontraba bien situado, tomo como referencia a Kristoff y le pasó como un avión en meta. Kittel ni lo celebró, Kristoff casi rompe su manillar.

    La colocación

    Podrá sorprender entonces la colocación de Alberto Contador y el resto de favoritos en lo que a línea de meta se refiera si no fuera por la sencilla razón de que hoy el baile es con la más fea, que es el pavés.

    Carreteras estrechas, con adoquines, en un recorrido inverso al que se realiza en la Paris-Roubaix y se avecina tormenta en el sentido más meteorológico del término y también otro tipo de tormenta, la del terreno deportivo.

    Serán 16 kilómetros entre los últimos 70 abiertos a la libre configuración del destino, tan desatinado a veces. De ahí que la posición de Contador determine en qué posición van a pasar por esas estrechas carreteras sus coches. Esperan pinchazos, roturas de maquinaria y la muñeca de Froome para irnos a Dante: “quien sabe de dolor, todo lo sabe”. Que al menos, sea leve.