El Bayern despierta al Madrid

El conjunto germano jugará ‘su’ final después de ganar a los de Mourinho en los penaltis.

El Bayern de Múnich se clasificó ayer para la final de la Liga de Campeones al eliminar al Real Madrid en la tanda de penaltis tras un partido con más emoción que fútbol, y resuelto en la lotería tras repetir el 2-1 de la ida.

El partido fue pura taquicardia, con dos equipos llenos de imperfecciones defensivas y vertiginosos ataques durante la primera parte, y con el nervio propio del resultado en la segunda.

Cada bloque aportó su propio estilo: el Bayern más académico, con posesiones más largas, y el conjunto blanco disparando contraataques eléctricos antes de que el encuentro se parara.

La hinchada local respondió a la llamada de sus jugadores y la afición metió el primer tanto. Ocurrió a los cinco minutos, con un penalti señalado por mano de Alaba que transformó Cristiano.

No cabía duda de que el cuadro germano había sentido eso que se calificó una vez como ‘miedo escénico’. Pero se le quitó pronto, pues el holandés Robben tuvo una inmejorable ocasión a los ocho minutos, mandando fuera lo que parecía imposible.

El segundo golpe lo volvió a dar el Real Madrid. A los 14 minutos, el Bayern no fue claro en la salida y la luz la puso Özil, quien dibujó un pase extraordinario para que Cristiano marcara con la naturalidad que se le supone al portugués. El coliseo blanco se caía.

Pero pareció que el segundo gol liberó a los visitantes. La escuadra teutona templó sus nervios y encontró en la banda izquierda un filón. También comenzaron a aparecer Robben y Ribery, mientras el Madrid jugaba demasiado en la medular. Un pecado cuando se trata de mantener una renta.

De tanto anunciarlo, llegó el gol de los de Heynckes. Sucedió con un penalti cometido por Pepe sobre Mario Gómez, una pesadilla para los ‘merengues’, y transformó Robben. Eliminatoria igualada.

La primera parte se marchó con otra intervención de Casillas en respuesta a una falta lanzada por Robben. «¡Madrid, Madrid!», despidió la hinchada a sus jugadores al descanso. Fue un grito de desahogo, más que de ánimo. ¡Qué segunda parte esperaba!

Los siguientes 45 minutos comenzaron con otro ritmo, más parado. Ninguno de los dos equipos quería cometer un error que significara el adiós a la final. Los entrenadores habían decidido intervenir. No solo eso, sino que el desgaste previo había sido terrible.

El duelo quedó para los detalles. Como en aquella ocasión en la que Robben no supo ver a Mario Gómez cuando éste estaba solo delante de Casillas. O cuando a Benzema le faltó templanza para controlar en vez de disparar. Y así unas cuantas.

Emoción contenida

La grada se quedaba sin uñas y los corazones se escapaban de los pechos. La final estaba al alcance de una jugada, de un jugador. O de un error, con dos equipos extraordinariamente fatigados.

El Bayern tuvo la oportunidad más clara a cinco minutos del final. Esta vez Robben sí vio a Mario Gomez, pero éste se enredó con el balón y permitió la llegada de Ramos desde atrás.

Fueron segundos de silencio en el Bernabéu, preludio de la inevitable prórroga. El Real Madrid dio un paso adelante. Pero el dato fue bien elocuente de lo que ocurrió en la primera parte: no hubo ocasiones para ninguno de los dos equipos.

La semifinal encaró los últimos 15 minutos con la amenaza de la tanda de penaltis. El Real Madrid siguió mandando, pero la fatiga le impidió mantener la cabeza fría en los metros finales. Y la final se resolvió desde los 11 metros

Triunfó el Bayer porque mantuvo la cabeza más fría. El Real Madrid erró tres de sus cuatro lanzamientos, y Schweinsteiger hizo el definitivo. El equipo alemán jugará ‘su’ final y el Real Madrid deberá seguir esperando tras una década sin pasar de semifinales.