El viaje transatlántico de Nadal y Medvedev

Español y ruso se cruzan por primera vez desde la final del US Open, un duelo de casi cinco horas que terminó con el manacorí coronándose por cuarta vez en Nueva York

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Rafa Nadal devuelve una bola en su debut ante el alemán Alexander Zverev en las Finales ATP de Londres. / EFE
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Los 5.600 kilómetros que separan Nueva York de Londres se disiparon cuando ayer Rafael Nadal y Daniil Medvedev chocaron las manos en las pistas de entrenamiento de las Finales ATP, dos meses después de su recordada final en Flushing Meadows.

El ruso y el español se cruzaron por primera vez en una cancha de tenis desde lo ocurrido en el Abierto de los Estados Unidos, un partido de casi cinco horas que terminó con el manacorí alzando su cuarto entorchado en el cemento estadounidense y que sirvió como manifiesto de que la savia nueva del tenis comienza a fluir.

Un duelo que se repetirá hoy (a partir de las 15.00 horas) en Londres sin título en juego, pero con el pase a semifinales de las Finales ATP sobre la mesa. Caer significará estar virtualmente fuera, mientras que la victoria no asegura nada, pero deja un hilo de vida y esperanza al que se quieren agarrar los jugadores.

De lo de Nueva York, un ejercicio de emoción, pasión y nervios, han pasado ya más de dos meses. Cualquier rencilla ha sido olvidada, incluso la visión de Medvedev como chico malo del tenis se ha difuminado.

El ruso, apacible fuera de la competición, se ejercitaba en una bicicleta estática a la espera de que Nadal terminara su hora de entrenamiento. Todo ocurría en la pista exterior del complejo O2 londinense. El balear se entrenó junto al japonés Shintaro Mochizuki, campeón de Wimbledon júnior ante el español Carlos Gimeno. Mucho revés, mucha derecha y un poco de saque al final de la sesión para estar a punto contra el ruso.

Poco antes de que Nadal acabara, Medvedev entró en la pista junto a su entrenador y comenzó a dejar las cosas en el banco, escena parecida a los partidos de barrio, donde es la forma de avisar de que se ha acabado la hora y que toca cambio.

Los jugadores se cruzaron, se saludaron cordialmente y el de Moscú se probó otra hora junto al británico Mike Digby.

Cuando hoy salten a la central del O2, los gestos ganarán en seriedad. Será el tercer enfrentamiento de su carrera, todos saldados a favor del español, pero cada vez más parejos. Solo un quinto set salvó a Nadal en Nueva York y lo ocurrido en el Masters 1.000 de Canadá cuando el español ganó por 6-3 y 6-0 es polvo pasado y barrido.

Nadal, además del pase a semifinales, también tendrá en mente el número uno de la clasificación de la ATP, con Djokovic al acecho y ahora sí, dependiendo de sí mismo, puesto que de ganar el torneo invicto recuperará el galardón el próximo lunes.

Medveded, como mucho, apunta al número tres del suizo Roger Federer, quien le mira a 685 puntos de distancia, pero se juega estar en semifinales contra el serbio Novak Djokovic. Palabras mayores.

Los dos, Nadal y Medvedev, llegan tras perder, uno ante Alexander Zverev y otro contra Stefanos Tsitsipas. Ninguno ha ganado aún un set y las dudas y la falta de confianza asaltan sus raquetas. O paga el ruso los platos rotos del mal partido del español ante Zverev o se venga de lo ocurrido en Nueva York.