Zupo Equisoain llegó mediada la temporada a Nava de la Asunción con una misión, la de llevar a un equipo roto y en descenso a los puestos de permanencia. Menos de cinco meses después, el técnico navarro le ha cambiado la cara al Viveros Herol Nava, pero no su discurso: “Todo se va a decidir en mayo”. Y mayo ya ha llegado…

— No se equivocaba cuando afirmaba que el descenso se iba a decidir en las últimas cinco jornadas.

— Y posiblemente nos toque apretar en los tres últimos partidos, porque ahora nos tocan dos rivales complicados como son Granollers y Ademar, aunque no descarto puntuar, y después nos tocan dos partidos en casa y uno fuera, ante rivales directos como son Cangas y Sagunto más el último con Anaitasuna, aunque me fastidiaría llegar a ese último partido con nervios y la presión de jugarnos la vida.

— ¿Cuántos puntos hacen falta para salvar la categoría?

No sé si necesitamos cuatro puntos, o tres, o incluso dos, pero lo mejor es que dependemos de nosotros mismos. La hoja de ruta está clara, y creo que si de los cinco partidos que nos quedan ganamos dos, lo tenemos hecho. Pero nunca se sabe.

— ¿Nota que el equipo se ha quitado ya la presión?

— Desde el partido de Valladolid hasta hoy hemos ganado diez puntos de los últimos catorce posibles. El equipo ahora está exultante, rebosa confianza, espíritu de equipo y buen balonmano, por eso estamos ganando puntos. Todos pelean, y como ejemplo diré que en Cuenca perdíamos por 16-12 y fuimos capaces de darle la vuelta y ponernos 18-19. Eso es señal de que no bajamos los brazos. Y adquirir esa capacidad de lucha desde el primer minuto hasta el último independientemente del resultado es algo muy importante.

— ¿Ha costado convencer al equipo de lo que quería hacer?

— Me ha costado buscar el estilo de juego que yo quería. Se hicieron muchas pruebas con diferentes jugadores, y ahora es cuando tenemos una base de equipo hecha, tanto en defensa como en ataque. Los jugadores ya saben lo que tienen que hacer, se preparan bien los partidos, y eso está dando sus frutos. Si al final los resultados llegan el equipo se reconoce en ello, y eso le refuerza para seguir puntuando.

— ¿Qué fue lo primero que le dijo a la plantilla nada más llegar a Nava?

— Que les tenía muchísimo respeto porque pensaba que era buena plantilla, y que entre todos lo podíamos sacar adelante.

— ¿El jugador necesita que le digan lo que le tienen que decir, y no que le regalen el oído?

— Exactamente. Eso tiene que ver con el respeto mutuo y que exista buen feeling entre entrenador y jugador. Hablamos de gestión del vestuario y eso es muy importante. Este año nos ha tocado hacer mucha gestión de vestuario, de hablar mucho con los jugadores.

El hecho de llevar tantos años en Asobal hace que el jugador te tenga respeto, pero después tú tienes que certificar ese respeto trabajando con ellos en la pista. Ya llevo 24 o 25 temporadas en la Asobal, y si le tengo que ‘cantar la caoba’ a un jugador se la canto, pero si después le tengo que reforzar también lo hago. El jugador siempre agradece que vayas de frente, y yo siempre voy de frente, para lo bueno y para lo malo.

— Charlas con los jugadores no le habrán faltado.

—He tenido reuniones individuales con los jugadores para decirles lo que yo pensaba. No eran halagos, sino que les decía cosas buenas y cosas malas. Al final eso me produce un desgaste terrible, pero yo lo que trato es que ellos mejoren y de que corrijan los errores.

Lo peor que le puede pasar a un jugador es que el entrenador no le preste atención, y cuando se lo das el jugador lo nota. Así se consigue que haya un ‘buen rollo’ entre jugador/equipo y cuerpo técnico. Es difícil, porque con una plantilla larga unos juegan más y otros lo hace menos o no juegan y la clave es que todos estén unidos para sacar el proyecto adelante. Eso es lo más importante que esta plantilla ha entendido. Nadie se siente molesto porque todos entienden que su trabajo es importante para que el equipo, la afición y el pueblo continúen en la Asobal.

“En este equipo todos entienden que su trabajo es importante para que el equipo siga en la Asobal, jueguen más o menos”

— Pues ese es un gran ejercicio de prestidigitación.

— Y es algo que me pasó en Benidorm igual que me está pasando ahora en Nava. Cuando el jugador no juega lo normal es que te encuentres malas caras, pero eso es algo que aquí no está ocurriendo. Siempre les he dicho que estamos donde estamos por nuestra mala cabeza, porque así lo hemos querido nosotros. Yo siempre me incluyo, y cuando yo llegué el equipo había ganado seis puntos y era penúltimo. Ahora tiene veinte y estamos los duodécimos. Hay que saber jugar con las palabras conociendo las realidades. El jugador que no juega piensa que es mejor salvar esto porque así es más factible que el año que viene pueda tener un contrato, así que todos entienden que hay que tirar de la soga todos juntos.

— Este año sesenta jugadores van a descender de categoría, así que es normal que haya presión.

— Hay dos equipos como son Cisne y Aranda que ya están abajo, y las otras dos plazas son las que hay que tratar de evitar. Alguno de esos sesenta jugadores que desciendan firmará por otro conjunto de Asobal, pero calculo que el ochenta por ciento tendrán que jugar en Plata, que tiene menos visibilidad y los contratos son inferiores. Es lógico que todo el mundo quiera salir de la quema.

— Con una oferta sobre la mesa para volver a entrenar en Oriente Medio, usted siempre ha preferido dejar para otro momento la cuestión de dónde entrenará el año que viene.

— Exacto, porque no veo la necesidad de comentar cosas que no sabes si en un futuro van a estar o no. Si nosotros descendemos no se puede negociar nada acerca de mi continuidad. Pero la realidad es que no quiero hablar de ello ahora. Yo estoy muy contento en Nava, creo que el club está contento conmigo y vamos a esperar a certificar la permanencia.

— Contentos parecen en el club…

— Pero es que esto es como cuando le ponen los cuernos al marido, que siempre es el último en enterarse. El entrenador puede suponer que están contentos con él, pero eso aunque se lo digan desde dentro es algo que nunca sabes del todo. Sí es cierto que cuando también te lo dicen desde fuera te lo empiezas a creer un poco más.