Natalia Maroto Santamaría, alias Maroto, entrena al Cuéllar desde junio de 2019, cuando se convirtió en la primera mujer que dirigía en una categoría nacional masculina. A sus 32 años, afronta una tarea distinta: reivindicar que no se puede jugar al fútbol sala de cualquier manera y, dada la excepcionalidad sanitaria, apuesta por no hacerlo.

Su equipo no entrena desde el 13 de octubre ante los síntomas de un jugador, no disputó la primera jornada de Segunda B y cuenta con no jugar la segunda. Subraya su pasión, la de sus jugadores y pide a las autoridades que no le hagan elegir entre deporte y salud. El toque de queda es una traba más para un club con estudiantes y trabajadores que entrena a diario de 9 a 11 de la noche.

Tras el anuncio del toque de queda, publicó este tuit: “¿Lo paráis ya o pido yo un justificante a mi madre?”
— Estando el país como está, con estado de alarma, toque de queda y más de 35.000 muertos. Los trabajadores necesitamos un salvoconducto por si salimos a las 10 de trabajar, cierran las empresas y hay millones de trabajadores en paro. Es un poco surrealista que el deporte no profesional siga para adelante con todos los riesgos que ello conlleva. Yo entiendo que en Primera los clubes tengan a sus trabajadores, su seguridad social y sus nóminas. Es su trabajo. Y entiendo que sigan. Pero aquí ninguno vivimos de ello. Me parece absurdo que siga para delante.

¿Qué entiende por deporte profesional?
— Cuando haces tu profesión, tienes un contrato y estás dado de alta en la Seguridad Social. Para nosotros es un hobbie; de los 102 equipos de Segunda B igual cobran en cuatro. El resto estamos igual: trabajando y dedicándonos a jugar al fútbol sala porque nos gusta. Es una falta de responsabilidad por parte de todos que en la calle haya que llevar mascarilla y en el momento en que entramos en el pabellón todo eso desaparece. Como si no hubiese virus allí.

¿Existen las condiciones sanitarias para que, una vez dentro del pabellón, se juegue con seguridad?
— Con seguridad no se va a poder jugar. Igual que te lo juegas todo cuando vas a trabajar y nadie te asegura que estés a salvo. Pero es tu trabajo y necesitas comer todos los días. En Primera División masculina hay positivos cada dos por tres. Y más protegidos que ellos no hay nadie. Nosotros empezamos la temporada con mucha ilusión, a expensas de que todo esto mejorase. Aun así, hicimos un escrito donde pedíamos unos mínimos: protocolo, test… Ya sabemos que no podemos estar a salvo, pero estar lo más protegidos que se pueda. No pensamos que esto fuera ir para delante; ahora vemos que sí. Nos dicen que se va a jugar sí o sí y que nos dan los test. Pero son unos test cada 15 días, solo para los jugadores (no para el cuerpo técnico), pero tú te tienes que gestionar el sanitario que te los realice. El Unami lo ha podido hacer porque tiene tres enfermeras. Pero hay un vacío ahí, no sabemos cómo tiene que hacerse.

¿Cuál es el próximo paso del Cuéllar?
— El fin de semana pasado nos aplazaron el partido porque no teníamos pabellón. Presentamos un documento del Ayuntamiento; si llegamos a solicitarlo como club nos lo echan para atrás. Es que no estamos entrenando. Y ahora, menos.

No entrenan desde el 13 de octubre. ¿Cómo vivieron el caso del jugador con síntomas que luego dio negativo?
— En el protocolo aparece que si un jugador tiene síntomas, que avise y no vaya a entrenar. Uno de nuestros jugadores se encontraba mal y allí ya salta la libre porque no sabes a qué atenerte. Él avisó a su médico, le realizó la PCR y dio negativo. Pero hasta que no termina ese proceso, ¿qué haces? ¿Sigues entrenando? ¿Pones en riesgo tu salud y la de todos los demás? Así está la competición; nosotros tenemos que ir a Asturias y Galicia. Si tenemos un positivo y no lo sabemos, estamos propagándolo por todos los sitios. Y no entendemos que se nos permita hacer eso cuando no pueden reunirse más de seis personas. Y así estamos. Ayer no fuimos a entrenar porque no sabemos qué hacer. Si me firma un certificado el club y me para la Guardia Civil a las 12 de la noche, igual se ríen de mí y me llevo la multa.

Las federaciones de Castilla y León piden que el deporte de competición nacional oficial como el suyo quede excluido del toque de queda. ¿Está de acuerdo con esa petición?
— En Segunda B estamos 102 clubes; si todos hubiésemos estado de acuerdo, nos habríamos plantado. O todos o ninguno. El tema es que no todos estamos de acuerdo. Hay algunos que tienen muy claro que se van a retirar; otros que van a esperar y si les dan test sí que juegan; y otros que quieren jugar a toda costa. Y como no nos ponemos de acuerdo, está pasando como en el país. Nosotros consideramos que se debe parar. Yo, como entrenadora, no quiero jugar. Estoy con la mascarilla, puedo cumplir todas las normas sin tener por qué contagiarme, pero los que más expuestos están son los jugadores. Y dentro del grupo de jugadores hay de todo, desde los que se plantan hasta los que quieren jugar porque nos gusta el fútbol sala. Pero es que con la salud no se juega y esto es una ruleta rusa. Y jugamos a ella cada fin de semana.

¿Qué va a hacer el club?
— Estamos barajando muchas posibilidades. Todo lo que no sea jugar, implica sanción. Nos han puesto a nosotros toda la responsabilidad. Si decidimos jugar, ponemos en riesgo la salud; si no lo hacemos, como hizo el Unami, te llevas la sanción económica y te quitan puntos. Y si nos retiramos, nos descienden automáticamente y nos castigan con no poder ascender el año que viene. Es una decisión muy complicada.

¿Cómo se toma esa decisión?
— Hablando todos los días. Si la Federación Española de Fútbol no para esto, o el Gobierno, o alguien que mande de verdad, esto va a seguir adelante. Todos los miércoles se reúne el Comité de Competición para valorar los aplazamientos y hasta el mismo jueves no sabemos si vamos a jugar o no.

Para este fin de semana tienen acuerdo con el equipo de la Universidad de Valladolid.
— Nos pasa lo mismo: toque de queda y pabellón. Si no, tendríamos que ir al partido sin entrenar. Y sin test. El fin de semana pasado se inició la liga y me imagino que los equipos que jugaron no realizaron test. No sabemos nada sobre quién está testado y quién no. Y este fin de semana vamos más o menos igual.

¿Qué logística hacen para entrenar?
— Entrenamos martes y jueves de 9 a 11 de la noche. En mi empresa tengo el justificante de que salgo de trabajar a las 10. Esos días, a las 9 estoy en Cuéllar, ¿pero para volver? De aquí salgo con otros dos de Segovia; de Valladolid van cuatro, otro de Cogeces del Monte y otro de Mozoncillo. Del pueblo como tal, que salgan del pabellón y se vayan andando a su casa, es la mitad de la plantilla. No nos duchamos porque siguen cerradas las duchas, pero por mucha prisa que te des, no llegas. Eso implicaría adelantar entrenamientos, pero es que no podemos. Si pudieran entrenar de siete a nueve, yo les mando el entrenamiento y entrenan solos, pero no hay forma. Son trabajadores o estudiantes que salen de Valladolid a última hora.

Si la competición continúa, necesitarían un permiso para sortear el toque de queda.
— Esto va más allá. El toque de queda ha sido un añadido más a toda la bola que se está generando. Todo empieza cuando entras al pabellón y te quitas la mascarilla, puedes entrenar con contacto y desaparece el distanciamiento o la higiene constante. Desaparece todo. Nosotros tenemos un protocolo, un responsable de higiene y cumplimos con todo, pero ¿en qué momento estás seguro sin mascarilla cuando te están diciendo que en la calle la tienes que llevar constantemente puesta? Para mí es levantarme por la mañana, lavarme la cara y ponerme la mascarilla. Y no te la quitas hasta que vuelves. ¿Vas a entrenar y sí que puedes? No queremos ser un foco de contagio. Los que van a Valladolid se lo llevan; yo lo traigo a Segovia y trabajo con 300 personas al día. Ni siquiera sé si siendo los responsables de un brote grande en Cuéllar esto pararía. Es un sinsentido todo.

¿Por qué deberían juntarse 15 personas para entrenar a la misma hora en que alguien no puede, por ejemplo, visitar a su madre?
— Pues yo tampoco lo sé. Yo no me puedo juntar con mi familia si somos más de seis personas; sabemos que en Navidad no nos vamos a poder juntar. Nosotros lo tenemos claro, porque somos 50 en Nochevieja. ¿Y luego me puedo juntar en un pabellón con 15 tíos que no sé dónde han estado? ¿Y me puedo ir a otra ciudad para juntarme con otros 30? Y a eso le añades que hay pabellones con público. Es surrealista. No sé si les merece la pena que se desvirtúe así este deporte. Todo el que me conoce sabe que amo el fútbol sala y ahora mismo le estoy cogiendo distancia. Y yo estoy en mi casa viendo los partidos de Primera, Segunda y el otro día vi el Segosala-Albense. Y me sigue picando el gusanillo, se me encogen las tripas cuando veo los partidos. Quiero estar ahí, pero estamos en pandemia. Cuando me pregunten dentro de 10 años: ¿Y tú que hacías en 2020? Y responda: “Trabajar y jugar al fútbol sala. Sí, estaba permitido. Sin distanciamiento y sin test, pero me dejaban”. Sería una respuesta vergonzosa