Rocío Marinas, ayer en el colegio Cooperativa Alcázar. / KAMARERO
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Rocío Marinas Garcimartín, profesora de Primaria de 33 años, es historia del Unami, un club de Segunda División de fútbol sala que no conoce una temporada sin ella. La capitana del grupo que viajó el sábado a Villacañas y no jugó porque algunas rivales se negaron a llevar mascarilla promete que van enserio. Que no se dan las condiciones para jugar y que ellas no lo harán sin unas garantías sanitarias suficientes.

¿Se puede jugar?
— No. Nuestra primera reivindicación es que no debería comenzar la competición en estas circunstancias. Dado que comienza y no nos queda más remedio que inscribirnos para no perder la plaza y la categoría, pedimos que se haga con unas condiciones mínimas de seguridad. Y tampoco las hay.

En un entorno tan diverso como un vestuario; ¿en el Unami hay consenso o unanimidad?
— Unanimidad, prácticamente. Es verdad que hay gente que sería más flexible con el tema de la mascarilla, pero la decisión final es unánime.

¿Cómo aceptarían jugar?
— El protocolo ha ido cambiando y la versión final no nos garantiza ningún tipo de seguridad. Exigimos, como mínimo, unos test semanales que tengan cierta fiabilidad para saber que compites con gente que ha dado negativo.

¿Con qué caducidad darían por válidos estos test?
— Para nosotros lo ideal sería que el protocolo marque la fiabilidad y el criterio para hacer estos test. Lo ideal sería que hubiera una clínica externa, ajena a lo que es el equipo, que se dedicase a certificar la validez de esos test durante el mismo día del partido o el día anterior. Eso son criterios más para los sanitarios.

¿Qué papel juega en su toma colectiva de decisiones que varias jugadoras sean personal sanitario?
— Por desgracia, la pandemia nos ha afectado de cerca. Perdimos a nuestro vicepresidente Quintín Grande y tenemos compañeras que han trabajo en primera línea desde el principio en los hospitales de Madrid, Segovia o Valladolid. No sé si eso hace que estemos más concienciadas, pero nos parece que situación actual no invita a que empiece la competición.

¿Quién costea el protocolo?
— Claro, ahí viene la historia. Hay clubes que, apurando un poco sus recursos, pueden permitirse hacer test semanales. Otros, como podría ser el nuestro, podría pagar algunos pero para nada costear el 100% de la temporada. Además, entendemos que el patrocinio de otros años va a verse condicionado por la crisis. El esfuerzo debe venir por parte de la Federación: si realmente quiere que compitamos debe facilitar esos test que prometió.

¿Se sienten tratadas como conejillos de indias?
— Sí, nosotras sentimos que nos echan a los leones. En categorías profesionales como el Balonmano Nava, con gente joven, está habiendo casos. Detectarlo es posible; pararlo, no. ¿Es necesario empezar una competición como la nuestra? Por supuesto que no.

Sentimos que nos echan a los leones. En categorías profesionales está habiendo casos. Detectarlo es posible: pararlo, no. ¿Es necesario empezar una competición como la nuestra? Por supuesto que no

Tras semanas de experiencia, ¿es factible jugar al fútbol sala con mascarilla?
— Juego real llevamos haciendo poco tiempo, pero la pretemporada la hemos hecho todos los días con mascarilla. Obviamente, no es lo ideal, merma el rendimiento y afecta a tu capacidad. Pero es la única forma de salvaguardar la seguridad entre nosotras y con las rivales.

¿Qué es lo más complicado de jugar con mascarilla?
— Respiras mucho, hay mucha sudoración y se nota cuando haces un ejercicio de intensidad. Las jugadoras que estamos más acostumbradas a pisar el balón y levantar la cabeza perdemos visibilidad y no estamos igual de cómodas. Pero es la opción menos mala.

¿Cómo se asume ir a un partido para no jugarlo?
— Para nosotras no ha sido fácil. Claro que queremos jugar, pero cuando las circunstancias sean otras. Queremos competir, pero tenemos otras prioridades y la prioridad ahora es la salud. Nos ha costado asumirlo porque no es fácil saber que te estás jugando desaparecer de la categoría si se van acumulando sanciones por actos como el del otro día. Ir allí era la opción menos mala; además, estuvimos hasta el último momento con conversaciones y ellas lo decidieron en el mismo calentamiento. Decidieron que no y están en su total derecho porque el protocolo no lo exige. Hicimos un desplazamiento largo, que a todas nos supone un sacrificio, y decidimos no jugar para ser consecuentes.

¿Fue un desplazamiento reivindicativo?
— Si no vas al partido la sanción es mayor. También es verdad que si no vas, no es tan visible el acto reivindicativo.

¿Cómo fueron las negociaciones?
— La última conversación con la Asociación de Jugadoras, que hace un poco de intermediaria, es que durante la mañana del sábado es que ellas van a intentar llegar a un acuerdo para jugar con mascarilla. Nos dijeron que iban a intentar calentar con ella a ver qué tal, pero que algunas ya habían dicho que no querían. Agradecimos el esfuerzo, pero si no era el 100%, salvo algún caso puntual de excepción médica que habríamos aceptado, para nosotras el partido estaba terminado. Están en su total derecho, la lucha no es contra ellas.

¿Hasta cuándo piensan plantarse?
— Nosotras vamos a seguir hasta el final. Esperemos que la situación cambie y podamos hablar de otra cosa esta misma semana.

Hay sectores que se sienten señalados por las medidas restrictivas a pesar de que no representan un vector de contagio. ¿Ocurre lo mismo en el deporte?
— En nuestro caso hay que prestar especial atención. Jugamos a un deporte de contacto, en un partido nos podemos juntar 25 o 30 personas. Insisto, en este tipo de categorías, lo mejor es no jugar.

¿Por qué cuesta tanto dar al botón de pausa?
— Queremos ir demasiado rápido. Y la evolución de la pandemia no es la que esperábamos. Todos queremos volver a la normalidad, pero la realidad es otra. Como sociedad nos toca vivir esto, debemos ser responsables y actuar en consecuencia. Y no correr demasiado.