Todos los equipos de balonmano (si quiere el lector puede excluir a los extraterrestres del FC Barcelona) necesitan de su público para obtener ese aliento extra que les lleve a poder competir ante rivales teóricamente superiores. Cuando falta ese aliento, los partidos se juegan en cancha neutral, con todo lo negativo que tiene este hecho para el equipo que en teoría juega ‘en casa’.

En un pabellón en el que el eco de las pisadas de los jugadores retumbaba por las paredes, Viveros Herol Nava e Incarlopsa Cuenca no quisieron especular. Sabedores los locales del alto ritmo que suelen ‘meter’ a sus partidos los de Lidio Jiménez, quisieron igualar sobre la cancha la intensidad visitante, con los lanzamientos exteriores de Jorge da Silva y Filipe Mota poniendo el contrapunto al trabajo del italiano Bulzamini y del argentino Doldán en el pivote.

Los goles caían en una y otra portería con una pasmosa facilidad, así que la diferencia de dos goles con la que llegaron a ponerse los locales tras el tanto de Rodrigo Pérez antes de que se cumpliera el décimo minuto de partido no parecía una renta ni mucho menos suficiente, como así fue.

Bastó con que Samu Ibáñez se entonara bajo los palos de la portería del Incarlopsa para que la diferencia local se diluyera como el azúcar en el café. En diez minutos, de los tres tantos de ventaja local se pasaron a los dos de renta visitante, con Diego Dorado sacando de la pista a un Patotski menos acertado que de costumbre.

Una derrota en silencio para el Viveros Herol
La defensa del Incarlopsa Cuenca evita un nuevo ataque navero. / AMADOR MARUGÁN

Samu, a parlo todo

Lo que sucedía en la portería contraria era absolutamente distinto. Samu Ibáñez, siempre motivado pero con un ‘puntito’ más cuando juega frente al Viveros Herol Nava, se hacía inmenso ante los lanzadores segovianos, y solamente Rodrigo Pérez Arce era capaz de encontrar los huecos en el muro que logró levantar en su marco. Así el Balonmano Nava logró no salirse del partido, y con las primeras intervenciones de Yeray logró incluso devolver las tablas al marcador, aunque la iniciativa en el electrónico ya fuera siempre visitante.

Los conquenses, con solo trece jugadores, no solo se apoyaron en Samu Ibáñez para cimentar su ventaja, sino también en una defensa que elevó su nivel con el paso de los minutos, y un Ángel Pérez de Inestrosa en la dirección del equipo que dio un auténtico máster de pases a los pivotes. Doldán y Moscairello bien que se aprovecharon de ello, aunque al descanso se llegara con un esperanzador 15-16 para el Viveros Herol, que comenzó el segundo tiempo con posesión para empatar el partido.

Ante un rival tremendamente físico, el equipo no estuvo nada acertado en defensa, y en ataque se estrelló una y otra vez contra Samu Ibáñez

Sin embargo, la gestión de los ataques del conjunto segoviano fue muy mala en esos primeros compases de la reanudación. Ni siquiera las exclusiones, que llevaron al Cuenca incluso a defender con solo cuatro jugadores, fueron una ventaja para el Nava, errático en algunas posesiones importantes para volver a poner el partido en un puño.

Así, cumplido el décimo minuto del segundo período, Martín Doldán volvía a machacar desde los seis metros la portería segoviana, colocando el 18-22 en el marcador que significaba el principio del fin para los locales. El cansancio no parecía hacer mella en los de Lidio Jiménez, que movió su banquillo con mucha inteligencia, repartiendo los minutos y encontrándose con un plantel comprometido que rayó a un extraordinario nivel tanto en defensa como en ataque.

Una derrota en silencio para el Viveros Herol

Acordes desafinados

En el banquillo navero, Diego Dorado buscaba y buscaba dar con la tecla, pero apenas lograba un acorde bueno. Salió Carlos Villagrán para activar a Lukas Simenas, que consiguió dos goles consecutivos que parecían entonar al equipo, pero rápidamente el Incarlopsa encontraba la manera de contrarrestar el trabajo local a base de goles desde los seis metros, o de entradas desde el extremo derecho, con Ignacio Moya tan acertado como el resto de sus compañeros.

Salió Andrés Moyano y puso su garra habitual en el juego, pero el rival le dejó sin aire poniendo el imparable Thiago Alves a lanzar una y otra vez sobre la meta de Yeray.

Lo intentó entonces el Viveros Herol por los extremos, pero de nuevo Samu Ibáñez bajaba la persiana, aunque le fuera la cara en ello, para evitar que el equipo de casa lograra acercarse hasta ponerse en situación de disputar el partido.

Frente navaverde

Aún así, y a base de intentarlo una y otra vez, el Balonmano Nava logró situarse con un 24-26 con más de cinco minutos por disputarse. Ese habría sido el momento del Frente Navaverde, que habría arrastrado a los novecientos espectadores restantes para elevar los decibelios del pabellón y poner un ambiente espectacular en la ayuda a su equipo.

Pero ¡ay…! no había nadie en el pabellón para poner presión sobre los colegiados, muy permisivos con el juego pasivo, ni para corear las paradas de Yeray, ni para jalear al equipo en sus ataques. Y en el silencio del pabellón el Incarlopsa Cuenca se sintió cómodo, tanto que fue capaz de recuperar rápidamente su ventaja de cuatro goles para llegar al final del partido con la victoria en el bolsillo. Y es que el coronavirus, que ha provocado muchísimos daños en la sociedad, ha dejado al deporte sin sus aficionados. Y sin ellos, bien lo sabe el Balonmano Nava, llega a su pabellón un silencio que no le viene nada bien.