Una cita monumental

La relevancia y significado de ciertas pruebas deportivas lo marca su gente. Tan simple como evidente. Más allá de resultados, tiempos o, en definitiva, meros números, existen ciertas actividades que van más allá de todo eso y cuentan con un valor incalculable que las convierten en únicas, diferentes y especiales. El lugar de la cita junto a las personas que la acompañan y, sin olvidar los distintos objetivos internos, transforman este tipo de eventos singulares en mágicos e imborrables a partes iguales. El camino y proceso hasta asistir a ella gana por goleada a su meta y desenlace final. Un exótico acontecimiento que la provincia tuvo el placer de volver a vivir con la duodécima edición de la Carrera Monumental Innoporc Ciudad de Segovia.

En una mañana soleada y de agradable temperatura, inusual para tratarse del mes de febrero, pero factible a razón de unas condiciones meteorológicas inestables en los últimos tiempos, cerca de un millar de deportistas, aunque la organización fijó los inscritos en casi 800, se dieron cita a los pies del Azoguejo, junto a un puñado de familiares y espectadores que acorralaron una salida por ambas calzadas que dio su pistoletazo a las 11.00 horas. Por delante, diez kilómetros en un recorrido por las calles más emblemáticas de la ciudad pasando por múltiples y diferentes monumentos de una Ciudad Patrimonio de la Humanidad en una prueba tan bonita como exigente caracterizada por su dureza, con innumerables cuestas y subidas, con constantes cambios de ritmo y su tramo adoquinado.

Porque si la carrera de Fin de Año es la última prueba deportiva multitudinaria de la provincia, la Monumental se ha ganado por derecho propio ser la inicial. Su espacio en el calendario segoviano anual es ya un seguro de vida y su plaza hace tiempo que se consolidó. Un evento que, además de servir como antesala de la Media Maratón para muchos deportistas, posee un significado extra con la candidatura de Segovia como ciudad Europea del Deporte 2025 en el horizonte. Una carrera que aúna deporte, cultura y, desde hace ya tres años, abraza un componente solidario, ya que un euro de cada inscripción va destinado a la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer (AFA).

UN INICIO DEVASTADOR

Así y, con la puesta en marcha, el Acueducto fue testigo de los primeros metros de competición pasando por el paseo Santo Domingo antes de llegar a una Cuesta de los Hoyos que empezó a dictar sentencia. Un tramo correoso en el que se comenzó a abrir brecha entre la multitud y las primeras posiciones y en la que Diego Pérez aprovechó a las mil maravillas para imponer un ritmo alto sin reacción inmediata por parte de ningún otro corredor.

Tras ella, una subida al Alcázar que ya sí dejó una evidente primera selección de participantes, mayormente escalonados, para dar paso a un callejeo por el casco histórico en el que Pérez, sin quitar el pie del acelerador, aumentó la ventaja en una decena de segundos sobre Julio de Pablos y Daniel Casado. Una renta que ya nunca disminuyó e incluso aumentó a cada zancada.

Como pez en el agua, el atleta del equipo Clínica Menorca de San Sebastián de los Reyes fue dominando la prueba con puño de hierro, mientras que en la subida por la Calle Real rumbo a la Plaza Mayor se aglomeró el mayor número de público, con familiares, espectadores y turistas entre los que destacaron mensajes de apoyo al sector agrario. La emoción, por detrás de Pérez. El segundo escalón del podio se pagó caro con un duelo titánico entre De Pablos y Casado que cautivó a propios y a extraños, sin escatimar en esfuerzos y con los dos atletas vaciándose por tocar la plata.

Ya tras el segundo paso por la Plaza Mayor, los atletas descendieron por la Judería, donde tras un breve callejeo, afrontaron la salida a la avenida del Acueducto. Un último tramo de la prueba donde los corredores no negociaron el empeño con el arco de meta y el otro avituallamiento que estableció la organización al alcance de la vista. Para entonces, la distancia de Pérez con el resto de corredores era mayúscula. Al mirar hacia atrás, simplemente su sombra. Una situación que el de Clínica Menorca aprovechó para disfrutar los últimos metros dándose un baño de masas entre aplausos y ánimos, que él mismo agradeció saludando con una sonrisa en la cara sabedor que el triunfo lo tenía en el bolsillo.

PÉREZ CONQUISTA LA MONUMENTAL

Con un tiempo de 32 minutos y 33 segundos, Pérez cruzó la ansiada línea de meta en primera posición, paró el crono y festejó con los brazos en alto en señal de victoria. Tras él y, en el mano a mano por la segunda plaza, Daniel Casado se llevó el gato al agua con una marca de 33 minutos y 14 segundos, mientras que Julio de Pablo cerró el podio entrando a 50 segundos de la cabeza. Ya con las primeras posiciones con nombres y apellidos, comenzó el goteo de corredores, tanto en solitario como en pequeños grupos, entre los que apareció la ganadora de la categoría femenina. Blanca Muñoz, con un crono de 41 minutos 29 segundos y aclamada por la afición segoviana a su llegada, se alzó con el triunfo.

Secundada por la atleta del Club Triatlón Villalba, Lydia Tejedor, del AgoTeam y con una marca de 42 minutos y 48 segundos fue segunda clasificada, mientras que completó el podio Rebeca Merlo, del Atletas Tierra Pinares, entrando un segundo más tarde que Tejedor. Una carrera que tuvo una duración de algo más de una hora y diez minutos y que, una vez llegaron a la meta los últimos corredores, dio paso a la entrega de premios.

Con familiares, atletas y resto del público asistente en pleno centro de la ciudad, las máximas autoridades fueron galardonando a los héroes visibles de la mañana entre las diferentes categorías existentes. Así, con las subidas al podio y sus respectivas fotografías para guardar el recuerdo de un día imborrable se puso punto y final a una carrera que cumplió con las altas expectativas el día que celebró su duodécima edición de muchas. Segovia crece a zancadas.

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