Baloncesto Claret Universidad Valladolid
Álex Young trata de hacerse hueco en la pintura ante la defensa del Universidad de Valladolid. / KAMARERO

Una mirada más profunda explica que las seis derrotas del Claret tuvieron momentos de esperanza, de un equipo con más mimbres que su casillero vacío de victorias. Pero hay minas demasiado difíciles de sortear. Un parcial de 17-0 es una losa insufrible en cualquier nivel de baloncesto, pero lo es aún más para un equipo que tiene que sudar para remontar cada centímetro porque no le sobran precisamente los puntos. Ese infausto arranque condenó sin remedio a los segovianos a su séptima derrota en sus siete encuentros disputados en EBA.

La primera acción del duelo –una pérdida del Claret bajo su propia canasta tras asegurar Young el rebote defensivo– sirvió de pista. Sin grandes excesos, el Universidad de Valladolid encontraba los huecos en la pintura como un cuchillo dibujando entre queso fresco. Unas veces con pases de enorme mérito, como uno picado de Heras, y otras finalizando en transición las pérdidas de los locales. La presión pucelana, personificada en su base, era un incordio que superó al Claret, goleado a transiciones.

Christian Álvarez trató de apagar el incendio y pidió tiempo muerto con 0-10. Apenas se habían jugado tres minutos, pero las voces del técnico retumbaban en una grada que guardaba silencio ante lo acontecido. Repasó cada aspecto del juego con la misma coletilla: “¿Es tan difícil?”. En efecto, lo era. Gerard fallaba solo bajo el aro un tiro automático, Heras robaba balones y le bastaba con un solo giro de espaldas para librarse de tres defensores y el triple de Mínguez se salía del aro. Cuando el Claret quiso estrenar el marcador –lo hizo Young en su segundo tiro libre– habían pasado 5 minutos y 51 segundos y su equipo perdía 0-17.

Llegó entonces la virtud del Claret, un equipo que puede cavar su tumba pero araña hasta el final por salir de ella. La reacción empezó desde atrás cuando terminó la sangría de pérdidas. El público tuvo su culpa, aplaudiendo con fe tras una canasta que ponía el 12-31 y que inició un parcial de 16-0, gracias una defensa incisiva y Young de finalizador. Los universitarios mantuvieron la delantera al descanso (26-34), pero había partido.

La inercia segoviana la frenó Padrones, solvente en la pintura y hábil con espacios. Heras, más exigido, seguía siendo un dolor de muelas y manejaba el tempo. Él prendía la mecha –ya fuera con un robo o acelerando la circulación tras rebote defensivo– y Padrones llegaba como una flecha al encuentro de la diana. Se esforzaba el Claret en la pintura, con Oumar Dramè y Young haciéndose fuertes, o el tapón con mayúsculas de Yagüe, pero el colchón de diez puntos de los pucelanos seguí firme. En esas, volvieron las pérdidas: un par de contragolpes culminaban un parcial de 10-0 y ponían el partido en la barrera de lo imposible (35-52).

Peleó hasta el final el Claret, con defensa, su gran activo. Pero un equipo al que le faltan puntos no puede permitirse desconexiones como la del inicio. Su rival sufrió un parcial idéntico, pero tiene más recursos ofensivos. Si hay escasez, no se puede dejar el grifo abierto.