La plantilla del Nava posa el pasado mes de agosto antes del partido de pretemporada ante el Ademar León. / AMADOR MARUGÁN
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Tengo una buena paliza encima”. Así comienza el capital del Viveros Herol Nava, Carlos Villagrán, a explicar la sintomatología que desde la mañana del lunes le afecta tanto a él como a varios de sus compañeros de plantilla, más todo el cuerpo técnico, en unos síntomas que doctos y legos compatibilizan con el Covid-19… si no fuera porque ni uno solo de los test realizados a la plantilla el martes, día previo al partido frente al Bada Huesca, dio positivo.

Pero los análisis PCR realizados en la jornada del miércoles con el fin de asegurar o descartar la presencia del virus, ofrecieron resultados concluyentes. Más de una docena de jugadores y miembros del cuerpo técnico se contagiaron de coronavirus a la vez, y les toca confinarse en sus domicilios a la espera de que puedan superar la enfermedad sin mayores contratiempos.

En la jornada del lunes, apenas 24 horas después de terminado el partido ante el Bidasoa Irún y ya en su domicilio, Carlos se despertó con fiebre acompañada de un fuerte dolor de cabeza y de espalda, “pero como la fiebre se quitó pronto, pensé que simplemente me había quedado frío, y que el martes ya estaría recuperado”.

A peor

Sin embargo, no hubo nada de mejoría en la jornada siguiente, y el capitán del equipo se puso en contacto con el club y con otros compañeros, descubriendo que hasta siete jugadores más, y tres integrantes del cuerpo técnico, habían comenzado a sufrir los mismos síntomas.

El test serológico descartaba el coronavirus, “pero no podíamos exponer al Huesca a sufrir un contagio”, así que el Balonmano Nava se puso en contacto con la Liga Asobal en primer lugar, y con el conjunto oscense en segundo término, indicando lo que sucedía, con el resultado ya sabido de partido aplazado, y el Bada volviéndose a casa desde Aranda de Dueroy agradecidos les quedamos porque se portaron muy bien y fueron muy comprensivos”.

Las incógnitas son numerosas en el equipo “ya que los médicos nos dicen que resulta muy extraño que en un equipo nos hayamos contagiado un número tan grande de jugadores en tan poco tiempo”, afirma Carlos Villagrán, que con su experiencia en vestuarios sabe que lo que ha sucedido no es normal, “y pongo un ejemplo. Cuando un jugador ha cogido una gastroenteritis, que es de lo más contagioso que hay, como mucho han caído dos o tres compañeros más, pero en ningún caso todo el equipo, y eso que antes compartíamos botellas. Así que imagínate ahora con todas las medidas de seguridad que estamos tomando”.

Otros dos cayeron ayer

Pero la realidad es terca, y si en la jornada de ayer ya había componentes del club que se estaban recuperando, otros continuaban sin experimentar mejoría “y otros dos compañeros han caído esta misma mañana”, señala el capitán del equipo, “así que es casi seguro que todos acabaremos pasando por esto”.

Y ‘esto’ ¿qué es? “Pues yo no lo sé, -indica Carlos-, pero sí sé que sea lo que sea nos lo trajimos de Irún”. Así que, puestos a investigar, las primeras sospechas se dirigen hacia la cocina del hotel donde estuvo alojada la plantilla durante la noche del sábado, “y donde cenamos, desayunamos y nos cogimos el bocadillo para volver. Es la única manera comprensible de que nos hayamos contagiados todos y en tan poco tiempo”.

Esa sería la única explicación más o menos plausible acerca de la dolencia del equipo, “pero por supuesto no voy a acusar a nadie, y menos sin tener una sola prueba de nada”.

De momento, y con el resultado positivo de la pertinente PCR que se le practicó a todo el plantel y el cuerpo técnico, el partido del sábado ante Benidorm se queda suspendido, como también lo serán los siguientes hasta que los test indiquen que se ha pasado la enfermedad. “Yo estoy fatal”, admite el capitán, “y si me dicen que tengo que ir corriendo de mi casa al pabellón, no creo que pudiera hacerlo”.