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David Llorente en la prueba clasificatoria para la semifinal de los Juegos Olímpicos Tokyo 2020. / COE

Tras una carrera en la que ha ido derribando puertas antes de tiempo, sorprendiendo al mundo y convirtiéndose en un actor principal cuando su bisoñez le asignaba un papel de secundario, David Llorente afrontó este miércoles una rareza para él: un día con muchísimo que perder y poco que ganar. El decimosegundo olímpico segoviano notó la presión en su debut en unos Juegos Olímpicos, pero salvó la papeleta en la segunda bajada y logró su billete para las semifinales de K-1 Slalom de este viernes.

El guion planteaba las series clasificatorias del K-1 Slalom como un mero trámite para el subcampeón del mundo de 2019. De los 24 participantes en liza, 20 se clasificaban para las semifinales. Poco más que un entrenamiento con cronómetro. Pero son unos Juegos Olímpicos. Y nada sale gratis.

El canal de Tokio, exigente como pocos, es una obsesión para el segoviano desde sus primeros entrenamientos tras ser plata mundialista en 2019. Ya entonces dio la talla. El palista que irrumpió como subcampeón del mundo sub-23 en 2015 con apenas 18 años ha sido un metrónomo en pruebas decisivas, convirtiendo en rutina la titánica tarea de meterse en finales en casi cada gran campeonato. Esta vez amagó con llegar tarde al baile de fin de curso.

La competición permitía dos bajadas a los 24 participantes y tenía en cuenta el mejor de los dos registros para la clasificación. Llorente salió con fuerza en la primera, cerca del mejor registro en el primer parcial y sorteando las puertas del recorrido sin mayores sustos hasta que, justamente cuando cumplía un minuto sobre la piragua, se saltaba la puerta 16, en uno de los tramos rápidos del recorrido. Una penalización de 50 segundos que tiraba al traste con la primera bala. Cara de circunstancias y a esperar a la repesca.

Cuando bajó por segunda vez, tenía cuatro cifras en el horizonte (98.29), el tiempo que debía superar para clasificarse. Aquí ya no había margen de error, tocaba escalar sin cuerda. Con la presión detrás de cinco años de trabajo y la pelea por la única plaza olímpica de la delegación española ante Joan Crespo, el veterano, que además había sido bronce en el Mundial. El fracaso sonado de dejar a la embarcación española fuera de las semifinales podía ser una losa, pero Llorente estuvo a la altura.

El requisito era una bajada correcta, pasando entre las puertas y evitando complicaciones. Pasó con solvencia el tramo inicial, una de las grandes trampas, aunque se le levantó un poco la piragua y elevó las pulsaciones de algún familiar que otro. Ya en el tramo final tocó la puerta 20, dos segundos de penalización que entraban en la hucha de imprevistos. Paró el reloj en 95.83, suficiente para seguir en liza, aunque fuera con el 18º tiempo. Cuando llegó, se retiró el agua de la frente y golpeó con fuerza el agua, como diciendo: “Aquí estoy yo”. Terminó el suplicio, pero la cara de tensión permanecía.

El mejor tiempo lo marcó el alemán Hannes Aigner (90.14). El checo Jiri Prskavec, campeón del mundo y máximo favorito al oro, dentro de los favorito que se puede ser en un deporte que obliga a sobrevivir durante minuto y medio entre puertas y toboganes de agua, marcó 91.71,

cuarto tiempo. Los principales nombres del Slalom pasaron ronda: el italiano Giovanni Gennaro, el eslovaco Jakub Grigar o el británico Bradley Forbes-Cryans.

El kayak vivirá el viernes su jornada decisiva. Los 20 supervivientes bajarán en la semifinal a partir de las 14:00 horas de Tokio (7:00 en España). Habrá una sola oportunidad y los diez mejores tiempos estarán en la final, que se disputará a las 9:00 hora española. El orden de salida será inverso a los tiempos de la fase previa, así que Llorente será el tercero en bajar.

Así fue el directo

David Llorente, ¡semifinalista olímpico!