Más de 300 mensajes de whatsapp recibió el móvil de Ramsés Gil tras finalizar el partido que le daba la permanencia a la Gimnástica Segoviana en la Segunda RFEF. “La sensación que he tenido en estos diez últimos partidos no la he tenido nunca, ni como jugador ni como director deportivo. Ese sentimiento de pertenencia ha sido brutal, porque ni siquiera cuando perdimos los tres partidos del final de la liga tuvimos la sensación de que la gente se bajaba del barco. Eso es algo que a mí me ha reforzado, porque ha sido durísimo pero el entorno nos ha ayudado mucho”, comenta el técnico.

P.- Le ha tocado ser el líder, aunque huyera de esta palabra.

R.- Es algo que forma parte de ser el entrenador. Que te ofrezcan entrenar a un Segunda RFEF sin tener ninguna experiencia como entrenador solo se da porque en la directiva están mis amigos, porque si no sería inviable. Era una oportunidad que no podía desaprovechar, y me eché a la mochila una barbaridad de peso. Siempre he vivido con mucha responsabilidad a mis espaldas, pero no voy a negar que he pasado dos meses y medio malísimos, porque además se ha personalizado mucho en mí este objetivo de la remontada, y aunque lo considero un halago, la presión que te genera no es fácil de llevar.

P.- ¿El ‘síndrome del impostor’, el pensar que está en un sitio sin merecerlo, le ha afectado?

R.- No es fácil lidiar con eso, pero yo he tenido mucha suerte, en primer lugar porque la gente que se queda del cuerpo técnico me ha ayudado muchísimo, y porque la llegada de Jandro (Alejandro Robles) fue providencial a todos los niveles. Es brillantísimo, y si él no hubiera venido, la historia hubiera sido distinta.

P.- Sin olvidar que también ‘cae de pie’ en el vestuario.

R.- Conocía a todos los jugadores, y solamente no había tenido trato con cuatro o cinco. Me ha ayudado el hecho de que estuvieran los jugadores de Segovia, pero los de fuera son chicos con una calidad humana tremenda, y el ejemplo lo tienes en futbolistas que no han tenido un protagonismo excesivo en la temporada, que no solo no han dado ni un problema, sino que a todos los niveles han estado espectaculares.

“El sentimiento de pertenencia que se ha creado es extraordinario. Nunca sentimos que alguien se bajaba del barco”

P.- ¿El mayor éxito de la Segoviana siempre es la calidad de su vestuario?

R.- Históricamente siempre ha habido un buen vestuario, porque tiene consolidados unos valores que no se dan en todos los sitios. Eso ha sido clave para que hubiera tanta unión y el equipo pudiera afrontar esta recta final de la liga en la que hemos ido, literalmente ‘con el gancho’, sabiendo que cada día nos jugábamos mucho, y que caer a la Tercera hubiera sido un drama.

P.- Ese partido ante la Llanera…

R.- Nos afectó muchísimo, porque era un equipo muy menor, aunque solo entre comillas porque solo ha hecho dos puntos menos que nosotros en la liga. Pero llegaron a La Albuera con el tiempo justo, las sensaciones cuando les vimos pisar el campo era de un equipo que se había dejado ir en la liga, y tras el descanso pensábamos que había venido a pasar el trámite. Pedí a los chicos que mataran el partido cuanto antes, pero lo que pasó fue al revés, que sus dos mejores jugadores nos dieron la vuelta al partido, y nos mataron. Esa derrota nos pasó factura en los dos encuentros siguientes en los que no fuimos capaces de levantarnos.

P.- Y las dudas no se fueron hasta el final.

R.- Tuvimos la fortuna de que hicimos una muy buena semana de entrenamientos, y que todos estuvieran disponibles, incluso Álex Conde que llegaba para jugar media hora. Esa sensación de llegar todos da mucha moral, y cuando llegamos al partido y vemos la alineación que saca el rival, que es muy conservadora, es cuando pensamos que nos tenían mucho miedo, y que íbamos a ganar. Como en todos los encuentros pasas un rato malo, pero tal y como jugamos esa final, no se nos podía escapar.

P.- En ese rato malo, ¿tuvo la sensación de que la historia podía volver a repetirse?

R.- Se me pasó por la cabeza. Nos acularon a base de juego directo y balón parado, pero hubo una cosa que me calmó mucho, que fue la tranquilidad que mostró Carmona atrapando un par de balones al área. Además hubo jugadores de mucho poso que estuvieron muy bien como Nogueira, y eso contribuyó a que recuperáramos el balón, volviéramos a combinar y metiéramos contras. Yo les pedía que acabáramos con el partido, pero no lo hicimos hasta el 96.

P.- Y es el propio capitán de la Segoviana el que cambia la historia del club.

R.- Manu es un jugador impagable. Es de esos que no quedan muchos. Él, Rubén, Dani Arribas… son futbolistas que no hay dinero para pagarles lo que hacen por el equipo. Chicos con una calidad futbolística indudable, pero que además te aportan esos intangibles en el vestuario que son tan importantes.

“La unión en el vestuario ha sido vital para poder superar los momentos tan complicados que hemos pasado”

P.- ¿Se ha despertado con una sensación de liberación?

R.- No soy capaz de explicarlo bien, porque lo he pasado fatal. La sensación de no poder llegar a todo ha sido brutal, porque es incompatible a todos los niveles ser entrenador de fútbol a este nivel con el de ser coordinador del IMD. He trabajado todos los días durante dos meses y medio, levantándome a las tres de la mañana para ver un par de partidos del rival, llevar al peque a la guardería, ir a trabajar al IMD, salir a las tres y preparar el entrenamiento… si a eso le sumas la presión autoimpuesta de tener que salvar al equipo, cuando llegué a casa desde Elda no sabía ni cómo estaba.

P.- Pues ahora hay que tomar una decisión…

R.- Pero no será inmediata, eso lo puedo asegurar. No hay nada firmado con el club, pero tengo una relación de amistad y absoluta confianza con la directiva. Tengo que descansar, poner las cosas en orden en el aspecto personal, y analizar lo que es mejor para mí y para mi familia. Y desde luego eso es algo que no voy a hacer con prisa. Ahora tenemos todos que disfrutar de lo conseguido.