sego chas
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El Unión Adarve es un líder pragmático, sin glamour, pero la estadística no engaña. Es un club con la competición como denominación de origen; no se gana el cariño de sus rivales, pero sí sus puntos. La Segoviana compartió trayectoria con el club madrileño en su último ascenso a Segunda B y vivió en sus huesos esa hostilidad, con una derrota en el descuento y otra que le valió el descenso. Desde entonces, casi una categoría separa a ambos. Los azulgranas, situados en la lucha por la permanencia, pudieron tumbar a un candidato claro al ascenso, pero la hazaña requería la perfección.

El lema del encuentro era que para tumbar al Adarve hay que igualar su nivel competitivo, todo un reto. Hambre, en definitiva. La Segoviana demostró deseo desde la primera secuencia, con Conde visitando área rival de un campo afectado por el hielo de las últimas noches cuando apenas habían pasado 20 segundos. Acción premonitoria, porque el talaverano fue el violinista en un duelo plomizo en el que dos orquestas intercambiaban tamborazos. Solos como un regate para el recuerdo, girándose de espaldas, que dejó a dos rivales buscando un objeto blanco y redondo. Calleja observaba desde el suelo, como un defensa de baloncesto desfondado ante un bote diabólico.

Y de la nada, llegó la acción del gol. La Segoviana movió a sus fichas y fue letal en cada movimiento. Un jugador con la calidad de Szymanowski rinde desde cualquier ángulo; le gusta partir desde la izquierda, pero la derecha es un excelente plan B. Puso un centro envenenado al área madrileña; lo persiguió Adeva, arrastrando al central, y lo rozó Nogueira, haciendo dudar al portero, que se quedó a medias. En esas, llegó el depredador. Borrego, atento a la secuencia, golpeó a bocajarro en el segundo palo y abrió el marcador.

Mientras el salmantino celebraba  un gol de indudable valor tras más de dos meses lesionado, Manu González no tenía tiempo que perder y convocó a Rui y a Mansour a la banda para ajustar la defensa. El técnico era consciente de que quedaba mucho trabajo por delante y el mensaje era claro: una ventaja ante el líder hay que fortificarla. Y no hay que fiarse de un equipo en el que el delantero se llama portero. Desde aquel momento, no pasó nada, más allá de un despeje de cabeza de Adrián. Lo que sería un tedio se convirtió en alegría; la perspectiva cambia con el marcador a favor.

Un partido así es una paz armada, con ambos ejércitos pendientes de cualquier hostilidad para apretar el gatillo. No es un contexto sencillo para el colegiado, José Antonio Fernández, que optó por poner alto el listón de las tarjetas. Por ejemplo, indultó una falta de manual de Conde para cortar un contragolpe del Adarve y otra entrada tardía de Rui. No quiere eso decir que benefició a la Segoviana, que lamentó su rigidez por no dar la ley de la ventaja en dos faltas al balcón del área. En una de ellas, Borrego se disponía a ejecutar una de sus maldades y la acción, parón mediante, concluyó con un tiro de Conde al lateral de la red. El único tiro a puerta cuando llegó el descanso fue el gol de Borrego.

Adeva, que tuvo que ser atendido tras una falta a la media hora de juego, dejó el puesto a Diego Gómez en el paso por vestuarios. Estuvo cerca de allanar su camino el cuadro local tras otra internada de Szymanowski por la derecha, aprovechando el resbalón del lateral para poner un centro arqueado al segundo palo, por encima de la cabeza del portero y cerca de la propia portería, que buscaba a Borrego, sin suerte. Ahí estuvo el desenlace alternativo.

El duelo estaba controlado, sin indicios de reacción del Adarve. Hasta que se prendió la chispa, con un córner que concedió inocente Rahim, que se lamentó sobre el césped como si supiera lo que vendría a continuación. El balón, un proyectil teledirigido, lo remató contundente con la cabeza Tellechea. Detuvo con mérito Carmona, pero no pudo atajar un balón que remachó inmisericorde Mayorga. De la nada, empataba el Adarve.

Acusó el gol la Segoviana y Carmona, que no había tenido que intervenir hasta el gol, se vio despejando una cabalgada sin ángulo de Tellechea. El partido, hasta entonces libre de córners, empezó a sumarlos, sobre todo para el Adarve. En apenas un suspiro, los locales recordaron la vulnerabilidad. Fue Borrego el que sacó al equipo de la lona con una doble ocasión. Primero, estuvo cerca de encontrar a Gómez en un pase de la muerte tras caracolear por línea de fondo; después, regateó en una baldosa y enganchó un tiro letal que la defensa despejó a córner.

Llegaba el penúltimo asalto y Manu González dio entrada a Cidoncha, que no pudo coincidir con su hermano Julio, relevado minutos antes. Con su decisión, quitando a Conde, mandó un claro mensaje: el empate vale. No lo procesó bien la plantilla, que rompió líneas pese a que la idea de Cidoncha era fortificar el medio del campo a costa de perder llegada. Ocurrió que sin el talaverano se perdió el principal suministrador de los tres de arriba. Apenas dos minutos después tuvo el Adarve el triunfo en un cabezazo a placer de Albur, que ejecutó sin mordiente a las manos de Carmona y se echó las manos a la cabeza.

En los peores momentos, Manu se puso al timón y frenó la sangría. Y la Segoviana pudo llevárselo en un cabezazo de Szymanowski que Guille, felino, despejó a córner. También el Adarve, en un mano a mano entre Portero y Carmona que el meta atajó en dos tiempos tras un malentendido con Rui. Y la paz armada terminó sin sangre.