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Antonio García anota un tiro exterior ante la defensa navera y la mirada de Patotski en el duelo disputado ayer en Nava de la Asunción. / AMADOR MARUGÁN

Todo a la puta mierda. Perfecto. Cojonudo. Toda la puta semana: no perdáis balones. Y 12 balones perdidos en 36 minutos; todo a tomar por culo”. La voz del entrenador del Viveros Herol Nava, Zupo Equisoain, ilustra la frustración, no tanto por la derrota ante el Granollers, un grande de la clase alta, sino porque sus pupilos se habían desplomado tras encajar un parcial de 10-2. Momentos de desconexión que recordaron a derrotas abultadas del pasado, olvidadas para una Nava que sumaba 10 puntos de los últimos 14. Con todo, el resultado no tiene efectos clasificatorios gracias a las derrotas de sus rivales directos, pero marca un aviso para las últimas cuatro jornadas. El mono de trabajo es innegociable para terminar la tarea y asegurar la permanencia.

Tras 18 días en jugar, el Granollers afrontaba un partido sin margen de error para sus aspiraciones europeas. Comenzó con buen pie gracias a la portería, con un Pol Sastre que paró tres de los cuatro primeros lanzamientos a los que se enfrentó, desde a un tiro de cadera poderoso de Pérez Arce hasta una rosca escorada. El ataque vallesano funcionaba con cadencia gracias a un omnipresente Antonio García, todo un clásico con inteligencia táctica para paliar el paso de la edad.

El Granollers buscaba despegar ante cualquier ocasión. Sirva de metáfora su primer tanto, en una jugada rápida tras saque de centro, o el primer contraataque, aprovechando un resbalón en Pérez Arce cerca de su área. Su propuesta caótica también beneficiaba al Nava, que encontraba despistes como el de Sastre, que dejó desguarnecida su portería y cuando se dio cuenta veía como Darío anotaba a puerta vacía. Con esas acciones, aderezadas con golazos como un ejercicio de equilibrismo de Pérez Arce o una buena puesta en escena de Jorge da Silva, mantenían al Nava en la contienda. Así las cosas, Patotski paraba un tiro de siete metros a Antonio García y sus compañeros aprovechaban la inercia para anotar. A los 15 minutos, 9-9. Los naveros habían sobrevivido al primer asalto.

La apuesta ofensiva del Granollers dejaba jugadas de una enorme calidad, con triangulaciones vertiginosas. En esa habilidad para componer cualquier melodía con una sucesión de corcheas destacaba Salinas, capaz de embocar cualquier servicio, hasta cayéndose de espaldas. Como contrapartida, los catalanes encadenaron una secuencia de pérdidas; a veces, jugar tan agresivo se transforma en velocidad sin control. Sus transiciones eran también muy mejorables, dejando huecos que los segovianos aprovecharon para conectar con Darío en el pivote, gracias a pases sublimes como uno que le sirvió Mota. El navero anotó cinco goles en el primer tiempo y dio al Nava su segunda ventaja de la tarde (12-11). Sería la última.

Ante el ritmo salvaje del Granollers, el Nava llegó con la lengua fuera al tramo final del primer tiempo. Mientras los vallesanos tiraban de fondo de armario con piezas frescas como Pol Valera, los segovianos no rotaban y venían como Mota, Pérez Arce y Darío monopolizaban casi todos los minutos. Patotski mantuvo el tipo, pero Sastre se marchó al descanso rozando el 40% de paradas, incluyendo la última acción. La brecha (13-16) era más que sintomática.

Lejos de recargar la fe del Nava en la remontada, el paso por vestuarios consolidó el parcial de 5-1 con el que los catalanes habían despedido los primeros 30 minutos. Cuando apenas habían pasado 100 segundos, Marqués elevaba la diferencia a cinco goles. Sin capacidad de reacción, los segovianos vieron cómo Gassama entraba en juego y rompía por sí mismo el marcador. Con su físico de saltador de atletismo, suspendido una eternidad en el aire, anotó sin piedad, ya fuera desde el extremo o en cualquier contragolpe. En poco más de seis minutos, el Granollers sumaba un parcial de 6-1 y forzaba el tiempo muerto de la discordia de Zupo.

Con el duelo ya entregado (14-22), cambiaron las fichas en el parqué. Carlos Villagrán mantuvo el impulso anímico del encuentro; para alguien que ha pasado tanto tiempo peleando por jugar en Asobal, cada minuto en la máxima categoría del balonmano español cuenta. También hubo minutos para Simenas, relegado en las últimas semanas a un lugar testimonial de la rotación, y para Bernabéu.

El revulsivo para que el partido mantuviera algún ápice de suspense lo puso Yeray Lamariano, con un papel de espectador en tiempos recientes ante las exhibiciones rutinarias de Patotski. El vasco metió de nuevo en juego a la grada parando un tiro de siete metros y lanzando un contragolpe de Bernabéu que acercó a los naveros a cuatro. Fue un espejismo que despejó Sastre con una doble parada categórica. Así puso el cerrojo.

Los últimos minutos fueron de laboratorio. El Nava vació la portería y testó el juego de siete contra seis, dando minutos a los menos habituales, como Pablo Herranz, que sumó goles a su pasaporte. La siguiente parada del Nava es el sábado en León.

Casi cualquier contabilidad por la permanencia asumía que el duelo ante Granollers terminaría en derrota, pero Zupo exige más batalla, como ante Bidasoa. Cuando Cangas visite Nava en diez días, no habrá margen para desconectar. Prohibido bajar los brazos.