Las circunstancias sitúan a Rodrigo Pérez Arce (4/10/1995) como el jugador diferencial del Viveros Herol Nava, que buscará esta tarde (18:30 horas) en Cangas su primera victoria desde el 26 de septiembre. Este leonés subraya la humildad como aspecto fundacional de su personalidad: “Soy un chico normal que hace su trabajo lo mejor que puede”. Y asegura que los malos momentos que sufre el club en su segunda temporada en Asobal son “parte del ciclo”.

— Son cuatro puntos en diez jornadas, incluyendo Barça, Ademar, Bidasoa o Logroño. ¿Les sorprende negativamente?

— Sí nos puede sorprender puntos que a lo mejor no se nos deberían haber escapado ante Benidorm o Huesca. Y ya no solo eso, sino la manera en que se nos han escapado: no hemos sabido hacer un buen balonmano.

— Benidorm o Huesca, rivales a los que ganaron la temporada pasada, mejoran. ¿El Nava ha retrocedido?

— No creo que hayamos mejorado o empeorado, son dos temporadas diferentes y cada equipo se refuerza de una manera.

El Nava no es lo que se está viendo en la clasificación. El equipo tiene muchísimo más y tenemos ganas de demostrarlo

— La clave del curso anterior fue la continuidad del bloque respecto al equipo que logró el ascenso. Este curso ha habido más movimientos. ¿Está costando más convertir a los jugadores en plantilla?

— Es verdad, la explicación está formulada con la pregunta. Yo llego el año pasado a un equipo que está formado: éramos poquitos para completar un sistema de juego de años anteriores porque el entrenador era el mismo. Este año hay muchísimos cambios, se remodela la plantilla entera y llega un nuevo entrenador con un sistema de juego diferente. Todo eso lleva su tiempo. No es que esté durando más o menos la adaptación, sino que hay que ir acoplando poco a poco a los jugadores.

— Habla de la forma en que han perdido partidos. ¿Qué le ha faltado al Nava para alcanzar una versión buena?

— Principalmente, nos falta solidez defensiva. Cuando somos capaces de bajar a los rivales de 25 goles estamos muy cerca de ganar. Ofensivamente, hay algún día que tienes más dificultades y te cuesta más meter gol, pero siempre vamos al mismo número de goles. Cuando estás bien en defensa, ayudas a la portería a parar y eso hay que ganes.

Pérez Arce: “No soy el salvador de la patria”
Rodrigo Pérez se dispone a lanzar a puerta. / A. MARUGÁN

— La solidez facilita transiciones. ¿Son necesarias para un equipo que no está tan bien en estático como el curso pasado?

— Los goles fáciles son lo más importante en el balonmano actual. Los equipos de arriba no ganan porque tengan un ataque posicional súper efectivo, sino porque corren muchísimo más que el resto. Se van a más posesiones porque tienen una solidez defensiva que les permite correr muchísimo. Y nosotros no lo estamos haciendo.

— Habla de goles fáciles. ¿Está asumido vaciar la portería aunque sea en tramos clave como ante Benidorm?

— Estábamos con unos menos. ¿Es un riesgo? Sí, pero es un riesgo que tienes que asumir. Tener un jugador más en campo te permite abrir más espacios y mejores opciones para marcar. Es una de las últimas normas que han salido y los equipos tienen que aprender a utilizarla y aprovecharse de ella.

— Se enfrentan en 18 días a cinco rivales directos. ¿Llega este tramo de calendario en un mal momento?

— Evidentemente, las dinámicas son importantísimas. Puedes enfrentarte a un equipo a priori inferior y perder, pero al final hay que tener confianza en el trabajo que se está haciendo. El equipo está entrenando bien y tiene ganas de demostrar. No es lo que se está viendo en la clasificación: el Nava tiene muchísimo más y tiene que sacarlo.

— ¿Con qué sensación se iría contento a enero?

— Con un cambio de esta dinámica negativa que llevamos. Si ganas cuatro o cinco partidos, llegas al parón de navidades con la moral totalmente cambiada. Ya no es ganar o jugar mejor, el objetivo es cambiar la dinámica.

— ¿Asume la responsabilidad de suplir la salida de Agus Casado?

— No hay que suplir ninguna ausencia: al final cada jugador es quien es, con sus virtudes y sus defectos. Yo tengo que hacer mi trabajo, igual que vengo haciendo desde que llegué. Aquí nadie viene a suplir a nadie, sino a completar un equipo.

Estamos más pendientes de las fiestas de Navidad que de controlar la pandemia. Nosotros las pasamos putas

— La estadística dice que para que el Nava gane, usted debe rozar la decena de goles. ¿Hay una cierta dependencia?

— Yo intento hacer mi trabajo de la mejor manera posible y ayudar. Si meto ocho goles un día, en otros partidos he metido tres. No voy a decir que hay dependencia de mí porque yo soy uno más, un engranaje más de la rueda. No soy el salvador de la patria, ni Dios, ni el jugador franquicia… Para nada. No quiero, porque yo no lo veo así. Para mí la humildad es súper importante y eso sería un exceso de arrogancia. Soy un chico normal que hace su trabajo lo mejor que puede. Está claro que estoy teniendo unos números goleadores más altos, pero no busco eso.

— Ser referente ofensivo hace que las defensas le aten más en corto. ¿Cómo lo lleva?

— Como parte normal de mi trabajo. Sí que es verdad que los equipos rivales pueden ver vídeos y estadísticas: si yo llevo muchísimos goles, su defensa sobre mí puede cambiar. Pero eso puede ser beneficioso; si están pendientes de un jugador, eso puede crear muchas opciones para el resto.

— Después de dos años felices, ¿son tiempos difíciles para el vestuario del Nava?

— No. Son tiempos difíciles por la dinámica, pero el club tiene que seguir viviendo esta experiencia en Asobal. Como digo yo, este club ya está jugando con los mayores y lo está haciendo muy bien. El año pasado la permanencia estaba asegurada y lo que estamos viviendo ahora es una parte más del ciclo. Y no va a ser este momento solo, vendrán otros complicados en el futuro y el club tendrá que aprender a sobrellevarlo.

— Choca el perfil didáctico y pausado de Diego Dorado con la intensidad más beligerante de Dani Gordo. ¿Cree que el talante de Diego pueda suponer una contrapartida respecto al arbitraje?

— Va en el carácter de cada uno y yo conozco a los dos de toda la vida. Sí que es verdad que el carácter de uno y otro es totalmente diferente, pero de ahí a que los árbitros no respeten al equipo porque Diego sea más dialogante me parecería una soberana estupidez. Al final Diego viene de donde viene; con todo el talante que pueda tener, no deja de ser el segundo entrenador del Ademar desde hace seis o siete años. Será uno de los entrenadores al que más respeten los árbitros.

Pérez Arce: “No soy el salvador de la patria”
El jugador del Balonmano Nava Rodrigo Pérez se dispone a lanzar a puerta ante el Ademar de León. / A. MARUGÁN

— ¿Cómo es su relación deportiva entre hermanos?

— Tenemos una relación espectacular. Sí que es verdad que miramos los goles; que si yo llevo 57 y tú llevas 54. Uno le dice a otro que la semana que viene va a hacer el ridículo… Tenemos el típico pique de dos hermanos que se llevan muy bien.

—¿Qué etiqueta le podría a su hermano?

— No lo sé. Podría decir mil cosas y ninguna sería completa.

—¿Y a usted?

— Me definiría como el que no tiene filtro de los dos. Para ciertas cosas, yo no tengo filtro.

—¿Cómo le gustaría ser recordado cuando deje el club?

— Como una persona que lo dio todo por el club, hasta el último momento. Más allá de los resultados, que vaya bien o mal.

—¿Qué enseñanzas saca de su batalla con el coronavirus?

— Desde la perspectiva de un asintomático, es un tema serio y no le estamos dando la verdadera importancia que tiene. Llega un equipo profesional, que encima se contagia haciendo su trabajo, y si no se llega a controlar bien pudimos poner en cuarentena a toda la localidad. Ahora se está hablando de las fiestas de Navidad y las reuniones familiares… Estamos más pendientes de eso que de no contagiarnos. Si viene mi abuela y la contagio igual se va para el otro barrio. Estamos más pendientes de cosas banales que de controlar la pandemia.

—Son el ejemplo de que hasta un jugador de élite puede pasarlo mal.

— Exactamente. Nosotros, que físicamente estamos mejor preparados que el resto de la sociedad, las pasamos muy putas. Hay gente más pendiente de cosas superficiales que lo realmente importante. Y esto, si lo pillas, lo puedes pasar mal.