Resultan muy difíciles de entender las razones por las que un equipo con jugadores de calidad, con un entrenador que sabe de qué va esto, y con personalidad para sacar los partidos adelante, es capaz de sumirse en una depresión tan profunda como en la que está sumido el conjunto segoviano. Pero la realidad es tozuda, y expresa bien a las claras que el Viveros Herol Nava ha perdido sus últimos partidos por méritos del rival (evidentemente) pero también por los muchos deméritos propios que está sumando en cada choque.

Si frente al Abanca Ademar fue la mala calidad de los lanzamientos lo que decantó el partido a favor del equipo leonés, ante el Bada Huesca fue la ausencia total de imaginación ofensiva la que llevó al equipo a firmar una primera parte horrorosa a partir del décimo minuto, que llevó a encajar un parcial de 0-6 que llevó el partido del 4-4 al 4-10. Porque la defensa local, con alguna sombra sobre todo en las basculaciones y las salidas a las primeras líneas, aún tuvo un pase. Pero el ataque…

Tan solo Jorge Silva se salvó de la quema de un primer tiempo en el que el Bada Huesca parecía defender con ocho, y Nava atacar con cinco, porque siempre había un defensor visitante para cerrar los pasillos a los lanzadores de casa, siempre había una mano para cortar un pase a Darío, y cuando no era eso, directamente se regalaba el contraataque pasando la bola a un rival en vez de a una mano amiga, para desesperación de Diego Dorado.

No solo son las ausencias

Cierto es que las ausencias de Vujovic y Simenas dejaban el ataque ‘cojo’ en el lado izquierdo, pero ello no puede eclipsar la sensación de que el conjunto de casa volvía a firmar una primera parte mucho más que mejorable, mientras que al Huesca le bastaba con contemporizar sus ataques hasta la amenaza de pasivo para después acelerar hasta que Sergio Pérez encontraba el desequilibrio por el centro y machacaba a placer.

Un último gol de Darío Ajo a escasos segundos del descanso no parecía mejorarle la cara al partido para los de casa, pero curiosamente significó el principio de la reacción del Viveros Herol Nava. Viendo que no había forma humana de que el equipo consiguiera atacar con acierto teniendo igualdad numérica, Diego Dorado apostó por el riesgo, y desguarneció la portería, atacando con Darío Ajo y Andrés Alonso en el doble pivote.

La variante táctica vino a poner un cierto punto de desequilibrio al juego del Bada Huesca, que pasó de vivir un partido más que plácido con el 8-16 a poco del descanso, a perder la mitad de su renta en un abrir y cerrar de ojos, y con el cuadro local sumando efectivos para la causa y con algunos espacios más para meter algo de presión a su oponente.

 

Con nueve goles en la primera parte, el equipo navero se quedó rápidamente sin opciones de puntuar

 

Con Rodrigo marcando desde los siete metros, y la defensa subiendo un punto su intensidad, a costa del dolorido hombro de Álvaro Seabra y con Patotski algo más acertado que Yeray, el Viveros Herol Nava consiguió meterse en el partido, sudando cada centímetro que reducía de la ventaja del Bada Huesca, en el que José Francisco Nolasco se vio obligado a pedir un tiempo muerto cuando Rodrigo colocaba el 15-18 con muchísimo tiempo todavía por delante.

Y ese tiempo muerto fue decisivo para el partido, porque el entrenador oscense consiguió aclarar los conceptos defensivos a sus hombres, que procedieron a cerrar el centro con bastante más intensidad, aunque ello supusiera dejar los flancos más libres para que las bolas llegaran tanto a Nicolo como a Óscar Marugán.

Una parada decisiva

Pegó un pequeño estirón el Bada Huesca, lo suficiente como para devolver los cinco goles de renta al electrónico, pero el Viveros Herol Nava ya era (por fin) competitivo, y los tantos de Moyano y Nicolo ponían de nuevo un punto de ansiedad al conjunto visitante, que notó esos nervios en el siguiente ataque fallido que le dio al equipo de casa la posibilidad de colocarse a dos goles faltando trece minutos para el final, lo que sin duda habría metido al encuentro en un plano muy distinto al que había venido desarrollándose durante más de 45 minutos.

El ataque segoviano movió la bola con claridad, y el esférico le llegó a Nicolo, que lanzó en buena posición, pero se encontró con la intervención del portero Daniel Arguillas, que disfrazado de actor secundario se convirtió en principal en este tramo final del encuentro, no solo con esa intervención que contribuyó a serenar los ánimos de sus compañeros, sino con otras posteriores que cercenaron las opciones locales.

Para más ‘inri’, en el ataque oscense de nuevo Sergio Pérez trajo de cabeza a los centrales segovianos, tanto con sus acciones individuales como con sus conexiones con Iván Montoya en el pivote. Este hecho se unió a las lógicas precipitaciones de los naveros en sus intentos de reducir las diferencias, que regalaron goles a los visitantes, que incluso llegaron a situarse de nuevo con los siete goles de renta (20-27).

Al Nava solo le quedaba (de nuevo) maquillar el marcador, porque el partido le tiró en la primera parte. El equipo necesita ser competitivo los sesenta minutos, y de momento no alcanza a serlo ni siquiera treinta. Y así es imposible ganar un solo partido en la Liga Asobal.