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Más de un centenar de aficionados de la Gimnástica Segoviana encendieron las linternas de su móvil como signo de protesta de cara a iluminar La Abuera para los partidos de Copa del Rey. “No se ve”, proclamaban. Esas linternas tampoco sirvieron para alumbrar el camino al gol de las camisetas azulgranas. La sequía goleadora tiene el climograma de un pueblo del Sáhara. Son ya cinco partidos y medio sin ver puerta. Redondeando por lo bajo, 589 minutos de tiempo ordinario, dejando a un lado los descuentos. La consecuencia es la quinta derrota seguida –desde las lesiones de Conde y Borrego – ante un rival que mereció los puntos y que deja al equipo de Manu González en zona de descenso.

El vestuario de la Segoviana garantizó durante la semana sus ganas de hacer un gran partido, pero su puesta en escena fue diametralmente opuesta a sus intenciones. La presión del Bergantiños fue excelente desde el pitido inicial y el cuadro local se sintió desnortado. El volumen de pérdidas en la zona de creación de los azulgranas fue un dispendio para un equipo que ha hecho de la gestación la gran baza de su juego.

Carmona protagonizó la primera, entregando raso el balón a Antón Escobar. El delantero, escorado en el perfil izquierdo, no supo resolver la acción y acabó cayendo entre trompicones pegado a la línea de fondo. Un gesto de clemencia que cuesta imaginar en uno de los grandes de la categoría. El aviso no sirvió para frenar la sangría de pérdidas, con Rahim, supliendo la baja de Rubén en el lateral izquierdo, echándose las manos a la cabeza.

El guion apuntaba a un disgusto inevitable, pero la Segoviana tuvo su gesto de carácter a tiempo. Llegó en un gran pase de Manu al desmarque de Szymanowski, que enganchó el mejor disparo posible desde su posición, escorado en el perfil izquierdo. El guardameta desvió a córner; en él, Mansour, asediado por su acreditado peligro a balón parado, cabeceó fuera. En la siguiente acción, el equipo se desplegó como acostumbra en una secuencia que terminaba con el tradicional tiro lejano de Dani Arribas. La Segoviana había llegado al partido.

El paso de los minutos  allanó el camino para los locales, cimentados en el protagonismo de Cidoncha en el centro del campo y en la personalidad de Rahim, muy valiente. En esas, llegó la gran ocasión. Adeva ganó con mucho mérito la espalda al defensa pero Santi Canedo cubrió bien su disparo raso; Arribas cazó el rechace, pero no tuvo la confianza para disparar con la izquierda, así que cedió a la llegada de Nogueira, que la mandó alta.

No llegó el gol y la Segoviana recordó su flaqueza defensiva. Carmona, notable bajo palos, subió la apuesta, saliendo al encuentro de un balón que perseguía sin esperanzas un jugador rival. El meta despejó por raso a la zona central del campo; la cazó Escobar, que disparó desde 30 metros a puerta vacía. De verdugo a héroe, esprintó el portero y evitó la vergüenza del gol, gracias a un bote favorable que repelió la pelota por encima del larguero. Y el partido llegó a vestuarios con una calma tensa de un 0-0.

El Bergantiños jugó cada vez más con las urgencias de la Segoviana, la mejor fórmula para llevarse los tres puntos, y convirtió el duelo en un ida y vuelta. El cuadro coruñés incidía en los ataques por banda izquierda, buscando la descubierta espalda de Adrián. Y estuvo cerca de encontrar premio en una internada de Yelco, recién incorporado al partido, que Escobar cazó sin suerte al primer palo.

González intentó buscar la reacción a través del banquillo, con Juan de la Mata y Rafa Llorente revelando a Nogueira, que fue a más en el tramo final de la primera parte pero no terminó de convencer, y a Dani Arribas, errático en los metros finales. La esperanza azulgrana dependía de algún ramalazo de genialidad de Szymanowksi o alguna segunda jugada a balón parado. No había cadencia en el motor, solo funcionaba a acelerones. Así  las cosas, el técnico vació su recámara dando entrada a Nanclares por Cidoncha. Los cambios aumentaron los voltios del equipo, pero no cambiaron el partido. Por su parte, el técnico del Bergantiños hizo un relevo de delanteros; Escobar, más dinámico, dejaba sitio a Uxio, mejor finalizador.

En esas, tuvo su mejor opción el cuadro gallego con un tiro lejano del lateral derecho, Blas, que entró con demasiado espacio a la zona noble y enganchó un latigazo al larguero. El rechace, con tres jugadores de blanco a la espera, lo mandó Boedo fuera. El aroma del desenlace no tenía buena pinta para los locales, que vieron subir sus pulsaciones en una acción a balón parado que remachó un atacante gallego al palo mientras el auxiliar levantaba el banderín.

La última baza de González fue retirar a Adeva por Borao y terminar con Rafa Llorente como falso nueve. El partido vivía en el alambre, con la Segoviana más nerviosa de lo deseable. Fue valiente el Bergantiños, que aprovechó los regalos, primero de Nanclares, que concedió una falta innecesaria, y después, en la salida de balón. Carmona desvió con mérito a córner un tiro de Yelco y despejó el testarazo en el punto de penalti de uno de los centrales –error de peso– , pero Boedo marcó a puerta vacía el rechace y dio a los gallegos una victoria merecida que celebraron como un título. La crisis azulgrana se consolida.