El Nava tuvo contra la lona al último equipo español que ganó al Barcelona, pero le faltó colmillo. El Granollers celebró de lo lindo su victoria en el pabellón Guerrer@s Naver@s, prueba del prestigio que atesora ya el anfitrión. El equipo de Zupo Equisoain tuteó a un rival de enjundia hasta el último suspiro en busca de una victoria que le habría situado tercero. Como lamentó el técnico, cabizbajo en rueda de prensa: “Esas oportunidades no vuelven”. Era la noche para ganar a un grande y presentar candidatura a jugar en Europa. Pero no pudo ser.

Sirvió como pista de la tensión que iba a registrar el choque que la primera exclusión llegó antes que el primer lanzamiento a portería. Con Chema Márquez castigado en la banda, le siguió segundos después Gonzalo Carró. Así que el primer gol lo firmó Sergi Franco en un ataque de seis contra cinco. El extremo fue el primer protagonista del duelo, embocando dos asistencias de puntillas de Álex Márquez, que parecía colocador de vóley.

Pese a los esfuerzos de Djukic, que llevó el protagonismo del ataque navero en el tramo inicial, las primeras ventajas eran para los catalanes, siempre dispuestos a acelerar las hostilidades. Querían jugar tan rápido que a veces daba la sensación de que veían el saque de centro como un tiro de siete metros. Con Rangel sólido en portería, asentado en el 50% de paradas, las visitantes controlaban el marcador. A los diez minutos, 4-6: todo acorde a guion. El déficit local pudo incluso ser mayor de haber embocado Rangel un tiro con la portería segoviana vacía.

En esas, el Nava se hizo con el control del partido gracias a la defensa, que dejó 14 minutos sin anotar a uno de los ataques más dinámicos del balonmano español. Y Salinas, el poderoso pivote, maniatado. La base la puso Haris Pleh en portería, un imán para cada balón que llegaba a sus inmediaciones. Llegó a acumular una estadística de videojuego: por encima del 66% de paradas. Ayudó mucho la primera línea de los locales, que ralentizó los ataques del Granollers, forzado a tiros que no deseaba. Para un equipo feliz en el rock & roll de los ataques rápidos, lanzar en pasivo es un tedio inaguantable. Su marcador se congeló: faltas en ataque, lanzamientos en buena posición mal ejecutados, un tiro de siete metros lanzado directamente fuera y, claro está, la figura del guardameta bosnio..

Así que el Nava fue remontando a base de contragolpes. Y eso que Rangel se hartó de parar manos a mano; tres en cuestión de un minuto, dos de ellos a Vujovic. Pero seguían llegando las transiciones gracias al cortocircuito del Granollers. Las de Vujovic, que esta vez sí acertaba, o las de Mota. El cuadro catalán buscaba cualquier recurso para frenar la sangría, como los dos minutos que sufrió Franco para frenar un contragolpe local. En esas, Nico y Rodrigo Pérez Arce ampliaban el parcial de 5-0 y obligaban a Antonio Rama a pedir tiempo muerto con su equipo tres abajo (9-6).

Pese a las buenas noticias, el Nava dejó vivo al Granollers. A fin de cuentas, cinco goles en cuarto de hora, el tiempo de sequía visitante, no es un gran tesoro. Un fallo a puerta vacía o dos penaltis fallados por Nico podrían haber ampliado la cuenta ante un rival llamado a recuperar el pulso. Y lo hizo, cerrando el primer tiempo con un parcial de 4-1 gracias a un acertado Edgar Pérez que devolvió el pulso a sus compañeros y niveló la contienda antes del descanso con un gran gol en desequilibrio (12-12).

El problema del Granollers era que quería jugar rápido pero no encontraba la precisión. El problema del Nava llegaría cuando esos ojos empezaran a ver con claridad las líneas. Lo hizo Chema Márquez, que se echó el partido a sus espaldas tanto en estático como en las contras de Sergi Franco, un ejemplo de habilidad y fugacidad. Resistía el Nava con unas buenas prestaciones ofensivas y los goles de Carró, pero la máquina catalana ya estaba engrasada y amenazaba con romper el partido (17-20).

Necesitaba una reacción el Nava y el público vio en la salida de Patotski un motivo de esperanza. Estuvo a la altura el meta bielorruso, que tocó un par de balones y cambió la inercia anímica; en un suspiro, el Nava anotaba tres goles seguidos y nivelaba la contienda con los tantos de Pérez Arce y Mota. El Nava no se rinde y llevó el duelo igualado al último asalto, doble parada de Patostki mediante. Con siete minutos por jugar, 22-22. Último tiempo muerto.

En ese minipartido por jugar, Granollers encontró su compás para llevarse los puntos con un Márquez imparable. El momento decisivo estuvo en un buen gol de Joan Amigo, quiebro de por medio, seguido de una contra de Adriá Martíenz tras un lanzamiento mejorable bloqueado a Moyano que ponía una diferencia de dos goles. Aroma a punto de no retorno. Replicó el Nava, que lamentaba después un penalti no señalado, pero Amigo ponía el lazo estirando a tres la ventaja a falta de dos minutos. Una derrota que escuece, pero precisamente ese picor indica que el club ha subido un escalón.