Nava Aranda 14 8 2021
Nico D'Antino se dispone a ejecutar un tiro de siete metros en un amistoso ante el Villa de Aranda. / AMADOR MARUGÁN

Nicola D’Antino (22 de junio de 1999) es el segundo máximo goleador de la Asobal (40 tantos, los mismos que su compañero Jakub Prokop), todo un honor para un italiano que se empeñó en jugar a un deporte residual. Lo hizo en Sorni, un modesto pueblo del Trentino que compara con Nava de la Asunción. En su cuarta temporada, desgrana su toma de decisiones y cómo es la vida de un extremo de 1,70.

— ¿Por qué empieza un italiano a jugar al balonmano?

— Italia no tiene mucha tradición, está claro, no es como aquí. En mi pueblo, que también es pequeño, hay un equipo y mi hermano, que es mayor, jugaba. Cuando era pequeño quería hacer todo lo que hacía él y empecé a los seis años. En el colegio te daban unos papeles para que dijeras a qué deporte querías jugar y elegí el balonmano por mi hermano. Así empezó todo y encontré a mis amigos.

— El balonmano acepta físicos distintos. ¿Encontró su sitio?

— Sí. No hay muchos jugadores tan pequeños como yo en el balonmano. Soy extremo y al final esa posición me permitió jugar.

— ¿Qué ventajas tiene ser bajo?

— No veo muchas ventajas (ríe). Puede ser que me haga algo más rápido, pero me cuesta más defender a los pivotes grandes, eso seguro. En ataque no tengo muchos problemas porque al final tengo acciones de uno contra uno y finalizar; casi no hay contacto. Pero en defensa es una desventaja.

—¿Cambiaría algo por unos centímetros más?

— Me conformo, así estoy bien. No me gustaría cambiar nada.

— ¿Cuántos años le echan?

— Yo creo que la gente dirá que soy un chaval de 20 años o así. No sé si parezco más pequeño, pero puede que alguno lo piense.

— Hay jugadores que buscar ganar edad con su apariencia.

— A mí eso me da igual. Por ejemplo, la barba no me gusta, yo siempre quiero afeitarme, aunque me digan que si lo hago parezco un niño. No tengo ninguna necesidad, no quiero parecer más grande de lo que soy. Si parezco pequeño, pues ya está, así soy.

— ¿En qué ha cambiado el Nico que llegó a Nava?

— Un poco más maduro, eso seguro. Era mi primer año fuera de Italia: otro país, cultura, idioma… Ya estoy más cómodo aquí, este es mi cuarto año y me siento más integrado en España. A nivel de balonmano, también. He aprendido muchas cosas nuevas cada año y sigo haciéndolo. Todavía soy joven y me falta mucho por aprender.

— ¿Qué es lo más le ha costado?

— Sobre todo a nivel táctico, que en España se trabaja mucho. Si hace esto, cómo tiene que ser tu respuesta. La toma de decisiones.

— Se ha convertido en un gran finalizador. ¿Qué hay detrás?

— El entrenamiento individual es muy importante para completar al equipo; si cada individuo mejora su parte, el grupo mejora.

— ¿Cómo es la vida del extremo?

— A mí me gusta. Seguro que no te pegas muchas hostias (ríe). A un pivote le agarran y a un lateral le pegan mucho. Al final nosotros corremos: ir a la bola y finalizas. En defensa luchas un poco más si entra el pivote, pero no es tan dura como otras posiciones. Cada una tiene su parte difícil; ser un central debe ser muy difícil y ellos pueden pensar lo mismo de un extremo.

— ¿Cómo afronta un mano a mano contra el portero?

— Es todo muy rápido. Recibo la bola, salto, miro un poco dónde puedo tirar y lanzo, sin pensarlo mucho. Tampoco estoy en el área tres segundos para pensar. Tomo mi decisión; si es buena y entra, mejor. Si no, pues la siguiente.

— ¿Cómo toma la decisión?

— Lo mejor sería tomarla cuando saltas. En ese momento, tendrías que mirar al portero. A mí el entrenador siempre me decía: “No decidas antes, no es bueno”. A veces me pasa que fallo lanzamientos porque vengo con la idea de antes: quiero tirar ahí. Al final el portero también juega contigo.

— ¿En qué cambia un lanzamiento de siete metros?

— Es distinto. Un contraataque es más dinámico, más rápido. No te lo piensas mucho porque recibes y no te da tiempo. En un penalti, el juego está parado; tú coges la bola y te pones ahí. El árbitro pita y ya estás mirando el portero. Y estás pensando, porque al final estás parado. Ahí sí que decido un poco antes. No es que diga: quiero tirar arriba. Veo cómo está posicionado e intento jugar con él.

— ¿Qué significa ser el segundo máximo goleador de Asobal?

— No me fijo mucho en eso. Es una cosa que ves y dices: me alegro de estar ahí. Pero eso no es lo más importante para mí. Lo que quiero es que el equipo gane. Y si luego juego bien, mejor. Sobre todo, si tengo buen porcentaje. Si un día en lugar de meter diez goles meto cinco en cinco lanzamientos, estoy contento. Han pasado pocos partidos; si lo miras a final de año y sigues ahí, estaría bien porque has sido constante toda la liga.

— Su buen momento coincide con el del Nava. ¿Esperaba que estuviera a este nivel?

— Sí, lo esperaba. He visto al equipo desde el principio. Siempre he tenido confianza, he visto buena actitud, sobre todo de los nuevos, que no es fácil. Hemos hecho muy buenos partidos: muchas ganas de pelear. Si hay eso, se pueden hacer buenas cosas. Hay que seguir centrados y no relajarse. Tenemos que ser humildes, seguir así y podemos conseguir más resultados buenos.

— ¿Pueden ganar al Bidasoa en el duelo del viernes?

— Yo creo que sí. Por lo menos, estar ahí hasta el final. Si estamos en casa, con el apoyo de nuestra afición, podemos competir.

— ¿Qué es lo más especial de Nava de la Asunción?

— Viven el balonmano al cien por cien. Les gusta muchísimo, se preocupan de que estemos bien. Vas a tomar un café y la gente te pregunta qué tal estás, qué tal el sábado… Te hace sentir querido. Eso es muy importante. Y que eso pase en un pueblo me parece muy positivo.