Carlos Baeza ha alcanzado el techo de su deporte, consiguiendo en el frontón de 36 metros de Biarritz el título que le faltaba, el de campeón de mundo de pala corta, que se le escapó hace cuatro años en una agónica final frente a Francia, pero que agarró con las dos manos en la jornada del sábado, cuando junto a Imanol Ibáñez y el resto de compañeros de Selección levantó los brazos festejando la victoria sobre Argentina.
El paseo militar en el que se convirtió la primera fase para la Selección Española se prolongó en unas semifinales que sirvieron de revancha ante la Selección de Francia, pero se esperaba una final mucho más dura ante Argentina, porque tanto Fusto como Firpo estaban haciendo un campeonato excepcional, clasificándose para la final por méritos propios.

GANAR Y DOMINAR

Pero, sin duda motivados por la gran remontada que sus compañeros lograron en paleta cuero frente a Francia, tanto Baeza como Ibáñez salieron a la cancha con la intención de no dejar una sola opción a sus oponentes. Demostrando la gran coordinación que les ha llevado a ganarlo todo a nivel de clubes con el Bamar, delantero y zaguero dominaron a sus oponentes, con un 15/6 en el primer juego que aventuraba una final rápida.
No fue así porque a un argentino, compitiendo a lo que sea, le tienes que ganar siete veces para terminar imponiéndote. Así que Fusto y Firpo elevaron el nivel de juego y forzaron algunos errores a la pareja española, que sin embargo llegado el momento decisivo volvió a evidenciar las diferencias que existen entre el campeón y el subcampeón. Ibáñez y Baeza querían sacarse la espina de tanto segundo puesto, y cuando los argentinos erraron el último lanzamiento, ambos levantaron los brazos celebrando un título que coloca a España como la gran referencia de la pelota mundial, y a un segoviano de Vallelado en la cúspide de la pala corta. No se puede subir más arriba.