Luis Alonso, con una de las responsable de La Criba de Valseca, uno de sus colaboradores en la prueba. / E.A.
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El segoviano Luis Alonso ha encontrado nuevos retos que afrontar más allá de unas carreras por montaña que son más agresivas para una musculatura, la de su rodilla derecha, que hace un trabajo extra soportando la rotura del ligamento cruzado anterior. Las travesías por el desierto, quizá algo menos lesivas para su rodilla aunque las distancias son importantes, aparecen como la última aventura para un deportista que no quiere dejar de correr.

Dos meses después de imponerse en los 100 kilómetros del Sahara, haciendo una carrera de menos a más donde se impuso el gran fondo físico que atesora un atleta habituado a las grandes distancias, Luis Alonso afrontará la próxima semana el segundo gran objetivo, los 100 kilómetros de Namibia, prueba que se acerca a los tres lustros de vida, y que lleva a los participantes a atravesar zonas por las que ningún ser humano atraviesa a lo largo de año.

La carrera africana se divide en cuatro etapas, siendo las dos primeras prácticamente de ‘toma de contacto’, con una distancia de 15 kilómetros en la primera etapa, que sale y llega al Sossusvlei Lodge en el atardecer africano, y una segunda de 21 kilómetros, que se desarrolla en el lecho seco del río Tschaub y a lo largo del Cañón Sesriem, y que dará comienzo a las seis y media de la mañana, evitando principalmente la altas temperaturas diurnas, que rondan los 40 grados, ya que no se puede olvidar que Namibia está en el hemisferio sur, donde es verano.

La tercera de las etapas es la decisiva para la suerte de la carrera. Se trata de la etapa maratón, la más larga de las cuatro. El inicio es a las cinco y media de la mañana, para evitar las altas temperaturas, ya que el termómetro suele ascender de manera notable a partir de las nueve.

El tiempo máximo permitido en esta etapa es de siete horas, y el que baje de las cuatro tendrá mucho ganado en la competición, que desarrollará la tercera carrera en un área de conservación prohibida normalmente a la entrada del hombre.

UN VIAJE DE 18 HORAS

El cuarto día de carrera dispondrá una etapa de 26 kilómetros, dispuesta en el área de las grandes dunas, y en la que los participantes deberán ascender la Crazy Dune, una de las dunas más altas del mundo con trescientos metros de altitud.

La segunda de las pruebas africanas en las que participará Luis Alonso a partir de mañana tendrá su dificultad ya incluso para llegar, puesto que el viaje de ida ha de realizarse haciendo escala en Doha, y el de vuelta haciendo escala en Nairobi. Dieciocho horas de vuelo que siempre afectan a las piernas de los atletas, y que obligarán al segoviano a un esfuerzo extra.

‘Luisete’ sabe que se encuentra ante una de sus últimas aventuras, y no solo quiere disfrutarla, sino que la ha preparado para tratar de competir al máximo nivel, aunque para ello haya tenido que ejercitarse sobre la nieve de Navacerrada, “porque había que hacer tandas largas, y por la zona donde yo entreno ha nevado”. La preparación específica para esta carrera ya la realizó en los 100 Kilómetros del Sahara, “así que ahora había que prepararse de otra manera, y considero que llego en mejor forma de como llegué a la prueba que gané en octubre”.

El segoviano de La Granja es consciente de que, “salvo sorpresa”, la carrera se va a decidir en la tercera etapa, la de 42 kilómetros, “porque las dos primeras van a ser más de toma de contacto, y en la cuarta creo que las posiciones ya estarán lo suficientemente definidas. En la tercera etapa, quien logre correr en el entorno de las cuatro horas conseguirá una diferencia importante, y espero haberme adaptado bien a la carrera como para conseguirlo”. Luis sabe que está ante una de sus últimas aventuras, y su experiencia en esta clase de retos le dice que “la gestión de los descansos va a ser una de las muchas claves que hay en una prueba como ésta”.