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Patotski mira fijamente a la bola intentando rechazar el lanzamiento de Gomes./ ANDREY SAPIZHAK

Empate de último segundo para un Viveros Herol Nava que entró muy frío al partido y fue superado durante toda la primera mitad por un Bada Huesca muy trabajador. En la segunda el duelo estuvo más ajustado pero al final el equipo navero tuvo que apelar a la heroica para conseguir algo positivo.

En una gélida tarde en Huesca con lluvia y nieve, los visitantes saltaron a pista muy fríos y dubitativos. Un error de bulto ante un rival tan aguerrido y necesitado como el oscense, que sin llegar a estar del todo fino en la definición pues hasta malogró un siete metros, firmó un parcial inicial de 4-0 que lo complicaba todo ya al inicio.

El Bada Huesca atacó con mucha fe y, mostrando una verticalidad descomunal para agujerear la defensa visitante y anotar siempre desde muy cerca, pues además del fallado convirtió otros dos siete metros (4-0 en el 5´).

Todavía los visitantes tardarían más de dos minutos en anotar su primer tanto, obra de un Tsanaxidis que también haría el segundo casi de seguido, pero el equipo de Zupo sin funcionar atrás y tras un nuevo siete metros local convertido, el técnico decidió parar el partido y tratar de poner orden, algo que no consiguió, porque las sensaciones no mejoraron ni siquiera con una defensa más presionante, porque el 9-4 era el marcador que imperaba superado el primer cuarto de hora.

El sufrimiento dura 20 minutos

Descentrados y cometiendo numerosos errores ante un oponente encantado de recibir tantos regalos y poder salir con regularidad al contragolpe, el sufrimiento del Viveros Herol Nava se alargó demasiado en una primera mitad donde faltaba ritmo y por momentos algo más tensión. Pero en el último tramo del primer tiempo apareció Patoski con una gran parada que además servía de réplica a las del local Arguillas y eso más unos minutos de buena defensa rebajaron la renta local a la mínima expresión.

Se entró en la fase final con mejores sensaciones en lo defensivo, pero aunque se tuvieron varias opciones para igualar el marcador e incluso remontar, al final los oscenses se marcharon a los vestuarios por delante (15-13).

Zupo: “Hemos ido de menos a más tras un inicio horrible. Tras el descanso hemos ajustado la defensa y ha ido mejor. Lo que ha pasado en la última jugada no lo he visto”

Dos latigazos desde fuera y una nueva parada de Patotski devolvieron la igualdad al marcador después de más de media hora por detrás, un hecho relevante para un equipo navero muy irregular pero siempre competitivo hasta en los peores momentos. Así y tras unos minutos de goles y contragolpes el Nava conseguía, por fin, comandar el marcador con el 17-18 en el minuto treinta y siete.

El Bada Huesca apretó los dientes en defensa y una superioridad numérica le dio el empujón necesario para ver puerta y no ceder más ventaja. El choque se tensionó precioso y en el siguiente tramo se vivieron grandes momentos de balonmano con dos sietes ambiciosos que obtenían recompensa a sus riesgos a base de goles.

Los nervios del final

En ese momento un nuevo parcial local de 3-0 hizo saltar todas las alarmas en la expedición visitante, que paró el juego en busca de soluciones y calma. Pero ahora la diferencia de nuevo era más que por el mérito local por errores propios, pues el Nava volvió a atravesar por una fase de sequía que se prolongó por más de cinco minutos. De vuelta a la pista los segovianos no lo tuvieron fácil pues en gran medida los problemas persistieron, pero el equipo fue capaz de ponerse una vez más el mono de trabajo y competir en todo momento, incluso cuando Arguillas volvía a brillar bajo palos, pues un cañonazo de Marugán lo apretaba todo por enésima vez, con la salvedad de que ya quedaba muy poco tiempo (26-25 en el 55).

En el tramo decisivo hubo un poco de todo y muchísima emoción. Una exclusión visitante a falta de dos minutos con 27-26 parecía echarlo todo por tierra, pero la fortuna se alió con los segovianos en forma de poste y en diez segundos finales de infarto marcó el Huesca, pero los árbitros señalaron siete metros por impedir el saque de centro visitante, y Nicolo tuvo la sangre fría suficiente como para marcar y empatar el partido.