Rafa Nadal saluda a Daniil Medvedev tras imponerse en la final del Open de Australia después de un extraordinario partido que se prolongó durante cinco horas y media. / EFE
Rafa Nadal saluda a Daniil Medvedev tras imponerse en la final del Open de Australia después de un extraordinario partido que se prolongó durante cinco horas y media. / EFE

El deporte se puede entender desde la fría estadística, o desde la pasión más desbordante. Cuando una final se pierde, los números suelen ayudar a explicar mejor las causas, y de paso esconden las emociones que producen las derrotas. Sin embargo, cuando el encuentro que decide el título termina con triunfo, se suele apelar más a lo emocional, a la capacidad de superación, a esa ‘resiliencia’ que algunos pretenden convertir en palabra de moda mientras otros, como Rafa Nadal, la llevan usando a diario desde hace 16 años.

El manacorí llegó a Sydney con las buenas sensaciones tras haber ganado en el torneo de Melbourne, pero sin una sola certeza acerca de su capacidad para afrontar encuentros largos ante rivales más que cualificados. Tras unas primeras rondas más o menos ‘amables’, el encuentro ante Shapovalov mostró al Nadal más humano, sufriendo un golpe de calor que casi le lleva a perder ante un canadiense que apunta muy alto, y el choque frente a Berrettini puso de manifiesto que todo era posible, pero menos probable que en anteriores torneos.

Y no lo era porque, por el otro lado del cuadro marchaba imperial el ruso Daniil Medvedev, el llamado a retirar al ‘Big Three’ de lo más alto del ránking mundial, el mismo que pocos meses antes le hurtó a Djokovic la posibilidad de alcanzar el Grand Slam número 21 en el Open de Estados Unidos, y que prolongó su excelso nivel de tenis durante las dos semanas de torneo en la capital de Australia.

El próximo número 1 del mundo

Es posible que Medvedev todavía se esté preguntando cómo, jugando uno de los mejores partidos de su carrera, no consiguió la victoria. Porque el ruso lo hizo todo bien, jugando un primer set en el que borró literalmente de la pista a Rafa Nadal, al que solo le permitió hacer un juego con su servicio y le ganó otros dos en blanco (¿lo ven? Números para explicarlo todo…) y que en el segundo aguantó la oleada del campeón español para terminar llevándose el parcial tras superar una bola de partido en la muerte súbita. 6/2 y 7/6 para ponerse a tiro de un set y convertirse en la bestia negra de los más grandes.

Alguien dijo una vez de Nadal que “juega mejor cuando menos le ves”. Y seguramente no fueron pocos los aficionados españoles que, tras comprobar cómo el de Manacor cedía el segundo set, apagaron el televisor para no ver a Nadal perder el partido, o se fueron a hacer sus quehaceres dominicales mientras la tele se quedaba encendida, confiando en esos milagros que en ocasiones nos brinda el mundo del deporte.

Con 2-3 y 0-40 en el tercer set, el milagro llegó, siempre que se entienda como milagro que un señor de 35 años, con el escafoides de su pie roto y que había superado el Covid hacía un mes, pueda remontar un partido imposible al número 2 del mundo en su mejor momento. Pero es que Nadal no tiene por qué volver de ningún sitio, porque en realidad nunca se ha ido. Así que después de remontar hasta el 3-3 y meterse (aún más) al público en el bolsillo, Rafa apretó el puño, sacó la derecha invertida a pasear y Medvedev comenzó a sufrir en la pista, porque su oponente había elevado su nivel tenístico muchos enteros, y también en los descansos, porque el público australiano no le perdonaba el guiño a Djokovic que hizo jornadas atrás.

Diga resiliencia… y practíquela

Y Nadal empujaba y empujaba, pero le costaba mil golpes que Medvedev cediera un mísero centímetro. Tuvo el manacorí que desplegar su mejor tenis, abriendo ángulos imposibles y cortando el ritmo del ruso a base de dejadas, para que el cuarto set cayera a su favor, el público reunido en la pista Rod Laver entrara en paroxismo… y los televisores volvieran a encenderse.

Después del doble 6/4 para el español, la oda al tenis continuó en el quinto set. Medvedev no era ni mucho menos el del primer parcial aunque seguía llegando a casi todas las bolas, pero era Nadal quien parecía mucho más entero, aunque tras ceder su saque con 5-4 y 30-0 a su favor la moneda al aire en la que se había convertido la recta final del encuentro todavía no sabía de qué lado caer.

… Y cayó de cara. De la cara de Rafael Nadal, que volvió a romper el saque de su rival y cerró el partido con una imponente volea, logrando su Grand Slam número 21 cuando hacía mes y medio dudaba incluso de si seguiría jugando al tenis. Porque la resiliencia no es una palabra que se deba usar a la ligera, sino una forma de afrontar la vida, y hay un señor en Manacor que se empeña en hacérnoslo ver cada día.

Rafael Nadal, con el trofeo. / EFE
Rafael Nadal, con el trofeo. / EFE

“¡Eres el más grande!”

Mientras las redes sociales ardían de mensajes elogiando la figura del tenista español, Rafa Nadal valoró en rueda de prensa lo que para él supuso la consecución del vigesimoprimer Grand Slam que le deja como el único tenista capaz de conseguirlo.

«Es el título más inesperado de mi carrera y de los más emocionantes»

“Es el título más inesperado de mi carrera y de los más emocionantes por todo lo que he vivido en los últimos meses”, explicó en la rueda de prensa posterior al partido, en la que el director del torneo, Craig Tiley, felicitó personalmente al español y organizó un brindis en su honor.

“No voy a decir si es una de las mayores gestas del deporte, eso no me toca analizarlo a mí, pero sí que soy consciente de la dificultad que ha tenido el proceso”, añadió al convertirse en el primer tenista en superar la barrera de los 20 grandes, rompiendo así el desempate con el serbio Novak Djokovic y el suizo Roger Federer.

“La final ha tenido un poco de todo. Ha habido un momento crítico total, con el 0-40 en el tercero, aunque no es menos cierto que en el segundo he tenido muchas opciones de llevármelo”, repasó sobre una batalla que se extendió hasta las cinco horas y 24 minutos.

“Ha vuelto a ocurrir con el 5-4 en el quinto set y 30-0. Se me ha escapado y eso ha sido duro de aceptar pero lo que no podía hacer era dejar de luchar”, indicó en alusión a la rotura que recibió cuando servía para ganar el partido por primera vez.

«Novak, Roger y yo hemos cumplido nuestros sueños»

“Novak, Roger y yo hemos cumplido nuestros sueños. Ojalá termine siendo el que más tiene pero si no ocurre, bien por los otros porque mi carrera es infinitamente superior a lo que hubiera imaginado”, argumentó sobre la posibilidad de acabar como el jugador con mayor número de coronas ‘major’.

“En este momento de la historia soy el que tiene más pero uno no puede estar constantemente al lado. Evidentemente que me gustaría acabar la carrera como el que más tiene pero es cierto que para mí no ha sido una obsesión”, añadió.

“Estaba tan destrozado que no podía ni celebrar. Al final no sé ni qué he hecho, no me acuerdo de cómo lo he celebrado, pero la emoción era muy grande por cómo había ido el partido”, apuntó sobre su reacción al cerrar la volea de revés con su primer punto de partido.

«El público ha sido una pasada, no tiene nombre»

“El público ha sido una pasada, no tiene nombre. No podía celebrar mucho con ellos porque estaba destrozado, normalmente los involucro más. Dentro de mí ha sido vital, va a ser inolvidable”, explicó en alusión a una Rod Laver Arena que animó incondicionalmente al campeón a orillas del río Yarra en la edición de 2009 y 2022.

“El cariño que recibo de españoles y latinos significa mucho. Lo único que puedo decir es gracias y que me ayuda mucho a seguir. Siempre me he sentido valorado y querido en España, es una sensación increíble”, agregó al ser preguntado por el apoyo inconmensurable que recibe por parte de la comunidad hispanohablante.

Medvedev: «Hoy es uno de los momentos en los que el niño dejó de soñar»

Afectado por la derrota, Medvedev afirmó en rueda de prensa que el niño que tenía dentro de él dejó de soñar después de su experiencia con un público que animó incansablemente a su rival durante una final del Abierto de Australia.

“Tuve mi primera raqueta con seis años. Empecé viendo torneos en la tele, luego jugué torneos en Rusia, luego en Europa, en el Olímpic Festival 2.000 personas viéndolo. Soñé con escenarios muy grandes. Como junior, ves a los profesionales. Ese es el momento en el que sueñas en estar en estos escenarios… Hoy es uno de los momentos en los que el niño dejó de soñar”, señaló.

“Él (Nadal) fue muy fuerte, aunque no se ha entrenado mucho. No tengo muchos arrepentimientos en cuanto al tenis que he jugado. Voy a trabajar más fuerte. No estoy decepcionado con mi tenis”, explicó.

Miles de elogios

Las reacciones al título del español no se hicieron esperar, y así uno de los primeros mensajes fue el que remitieron los Reyes de España a través de las redes sociales, en el que ensalzaron al tenista: “Se nos acaban los calificativos. No hay obstáculos para quien no tiene límites. El mejor tenis del mundo, lo representas tú”.

Minutos después, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, escribió un rotundo “¡eres el más grande!”, en su cuenta de Twitter, el mismo calificativo que utilizó el ministro de Cultura y Deporte, Miquel Iceta, quien añadió su enhorabuena “por una merecida y trabajadísima victoria!”.

La vicepresidenta primera y ministra de Economía, Nadia Calviño, comenzó su felicitación con un “gracias” a Nadal por su “extraordinario ejemplo de esfuerzo, superación, resistencia, excelencia y responsabilidad”.

También la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, considera que el manacorí es “un ejemplo para el deporte español”.

Compañeros y rivales en la pista también se deshicieron en elogios para con la actuación del balear. Así, Novak Djokovic, señaló que Nadal “ha demostrado un espíritu de lucha impresionante”, mientras que Roger Federer afirmaba que “nunca subestimes a un gran campeón”.

Conchita Martínez, una de las mejores jugadoras españolas, que llegó a ser campeona de Wimbledon, ensalzó el carácter competitivo y el espíritu de Rafael Nadal al afirmar que “ha sido otro partido épico de Rafa. Esto es lo que le caracteriza, es un luchador nato y nunca deja de creer en sí mismo durante todo el partido y, sobre todo, no deja de luchar una bola”, dijo la actual entrenadora de Garbiñe Muguruza, que también se rindió en elogios hacia el tenista más laureado del planeta en lo que a Grand Slams se refiere.