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Rubén Cornejo, en un partido durante su última temporada con el Real Betis. / LNFS

Rubén Cornejo (Segovia, 17/11/1985) se retira tras casi 20 años en la élite del fútbol sala profesional. El adolescente que vivió los últimos coletazos de la generación dorada de Caja Segovia lo deja como excapitán del Real Betis, un club cuya transformación ha vivido en las últimas seis temporadas tras militar en Xota, Playas de Castellón y Palma Futsal antes de marcharse a Italia, donde jugó con Lazio, Luparense y Cogianco. Buscará talento fresco en su nuevo rol como director técnico de los verdiblancos y ve el futuro de Segovia con optimismo.

— ¿Cómo formó el fútbol sala parte de su infancia?
— Viví como aficionado la mejor época del fútbol sala de Segovia. Eran mis ídolos, yo estaba deseando que llegara el sábado para ir al Perico. Subía de vez en cuando a los entrenamientos, a ver si les podía ver de cerca. De buenas a primeras, estaba entrenando con ellos. Si ganaron entre el 98 o el 2001, en 2002 debuté yo. Imagínate lo que suponía para mí.

— ¿Con quién se queda?
— Daniel Ibañes era espectacular, y encima vivía en el barrio. También Elías, porque tiraba la camiseta cada vez que metía un gol.

— ¿Cómo entrena uno con sus ídolos?
— Fue muy rápido. Yo estaba en el Independiente y fui a jugar al filial del Caja Segovia. En pretemporada dijeron que iban a entrenar cuatro con el primer equipo; fui a entrenar un miércoles y el viernes me dice Carlos Sánchez que voy convocado. Y había entrenado dos veces con ellos. No me dio tiempo ni a saborearlo, era un sueño para mí. Me acuerdo que me lo dijo cuando estaba ahí estirando con Isaías, vergonzoso. Entré en dinámica con ellos. Cada viaje, cada entrenamiento, cada partido con ellos… lo disfrutaba al máximo.

— ¿Cómo eran aquellos viajes?
— Yo era un chaval de 15 o 16 años, muy vergonzoso. La verdad es que me trataron como a uno más y me hicieron crecer muchísimo. Eran muy profesionales y todavía se lo debo. El día que debuté en O Parrulo, después de unos cuantos partidos que vas convocado y no sales, se me quedó marcado para toda la vida. Jugué dos o tres minutos y me pareció una hora de partido. Tenía las piernas más hinchadas… no veas.

— Le tocó asumir responsabilidades desde muy joven.
— La verdad es que sí. Fue pasar al primer equipo y sentirme importante. Era un Caja Segovia que lo había ganado todo y las cosas no empezaron como tenían que ir, sufriendo abajo. Es una responsabilidad muy grande.

— El proceso terminó con usted haciendo las maletas.
— Fue todo muy prematuro. Debuté muy pronto; luego sí que es verdad que tuve ficha del primer equipo tres años, cada vez siendo más importante. Jugué el Europeo sub-21 y llamé a las puertas de la absoluta. Cuando terminé contrato, llegaron propuestas. Al final, son decisiones que tomas en la vida. Sentía que tenía que salir de casa y verme importante en otro lado porque en Segovia tenía el respaldo de todo el mundo. Quería probarme como profesional. Era un reto y así lo acepté.

— ¿Pensó que no volvería?
— Cuando te vas de tu casa siempre dejas las puertas abiertas. Tuve la oportunidad, pero por unas cosas o por otras al final no vimos el momento. Me llamaron con Jesús Velasco, estuve muy cerca de volver, pero seguí otro camino.

— En una trayectoria tan longeva, ¿le queda la cuenta pendiente del palmarés?
— Sí. Cuando estaba fuera y veía que las cosas iban bien en Segovia tenía esa envidia sana de poder disfrutar de ese pabellón lleno, que es algo increíble. Más que espina, eran cosas bonitas que me habría gustado estar viviendo yo en esos momentos. En Italia he perdido cuatro o cinco finales, pero también he tenido lo bonito de jugarlas. Pero sí, me queda la espina de haber conseguido algún título o haber podido jugar una final en Segovia, mi casa.

“Ojalá la gente de Segovia no se quede con lo malo, confíe en Segosala y, a la larga, podamos tener un equipo en la élite”

— ¿Cómo es posible que el fútbol sala de Segovia haya dilapidado tanto en estos años?
— Han sido muchas cosas que han llevado a un pabellón histórico del fútbol sala a no tener equipo. Desde fuera, siendo un chaval del barrio que lo ha vivido todo tan cerca, te da pena. Caja Segovia va a ser un histórico siempre. El Segosala lo está haciendo muy bien, esperemos que un día ese Perico Delgado vuelva a vivir grandes tardes.

— ¿Ve realista recuperarlo?
— Confío en las segundas oportunidades. Segosala mira por la formación y por los valores. Está yendo despacio, pero bien, con pasos firmes. Ojalá la gente de Segovia no se quede con lo malo y confíe en un club como Segosala y a la larga, no sé cuándo, podamos tener un equipo en la élite.

— ¿Cómo afrontó la retirada?
— Es difícil, no se toma de la noche a la mañana. Fue una decisión muy meditada, en todos los sentidos: con mi familia, con el club y conmigo mismo. Saber que es una decisión que tomas para siempre, dejas atrás lo que has hecho todos los días durante 20 años. Pero todo son etapas. Se acaba una muy importante pero empieza otra.

— ¿Qué parte de jugador le ayuda para ser director técnico?
— La experiencia. Dentro de que soy muy novato y tengo que aprender mucho, creo que lo puedo hacer bien y ayudar al club. Hay que mirar jugadores para nuestro proyecto y para el entrenador, y a partir de ahí, convencerles. Mi papel es crecer y que el Betis esté más arriba en el fútbol sala.

— ¿Le sirve algo de Segovia?
— Ahora mismo tenemos el mercado más cerrado, pero seguro que en Segovia hay mucho talento. En el futuro puede haber un segoviano por aquí, ¿por qué no? En cuanto un jugador despunte por allí, podéis darle mi teléfono.