Javi Guerra Polo llega a la redacción de El Adelantado con la sonrisa que le ha caracterizado siempre, pero en esta ocasión sin apenas alguna nube que pueda nublarle la vista. Hicieron falta cinco años de trabajo sin apenas descanso y 42.195 metros de una carrera infernal “y más después del buen estacazo que me pegué con la caída” para que la pesadilla de los Juegos de Río terminara por difuminarse y quedara la paz interior de quien ha cumplido un sueño. Aunque un par de buenas heridas en una pierna y un codo demuestren una vez más que en el mundo del deporte nada sale gratis.

– ¿Ya ha podido dormir tranquilo?

– En el apartado literal bastante poco, porque apenas acabamos la competición casi ni pisamos el hotel, cogimos la maleta y nos metieron en un avión directos a Tokio. Fuimos a la Villa Olímpica, nos cambiamos y nos fuimos directos a la ceremonia de clausura, que por una parte estuvo bien porque tuvimos la oportunidad de estar en el estado olímpico. Tras dos horas de intentar dormir, directos al vuelo charter que puso el Comité Olímpico Español y que nos dejó en Madrid. Además, con el jet lag tampoco es que haya sido fácil conciliar el sueño.

– ¿Y en el sentido menos literal?

– Seguro. La paz interior de haber corrido la maratón olímpica y de haber llegado a la meta pese a que las circunstancias no fueron las mejores por aquello de la caída, era algo que me hacía falta.

– Al final, no deja de ser un sueño cumplido.

– Cuando me puse en la línea de salida me dije “ya estás aquí, ya has cumplido tu sueño, vas a poder disfrutar de la maratón, así que eso es lo que vas a hacer”. Me repetí estas palabras varias veces porque, aunque parezca mentira, hasta que no suena el pistoletazo de salida no terminas de ser olímpico, e incluso llegué a pensar que podía tener algún problema en el calentamiento porque la cabeza es capaz de ponerte en cualquier tipo de situaciones. Pero una vez que se da la salida piensas en disfrutar y en cumplir con la estrategia.

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El atleta, en la hemeroteca de El Adelantado de Segovia. / NEREA LLORENTE

– Y llega el maldito kilómetro ocho.

– Cuando me pasó la caída, me preocupé porque llevaba bastante dolor y pensé que por qué me pasaba a mí esto. Pero traté de no pensarlo mucho, aunque la agonía del kilómetro 30 en adelante no se la deseo a nadie. Pero al final pude llegar y cumplir el sueño.

– ¿Qué sucedió?

– Fue cuestión de diez segundos en los que no entendí muy bien lo que pasó. Yo iba detrás de Dani Mateo para coger mi avituallamiento en la zona que teníamos prevista para ello, y vi que él cogía mi bote en lugar del suyo. Dani se dio cuenta y me vio. Fui hacia él para que me diera el bote, y de repente me vi en el suelo. Me levanté como un resorte, pero poco a poco comprobé que llevaba un buen estacazo cerca del glúteo, que un codo me sangraba… y eso sin contar con la adrenalina que se atraviesa en segundos y que al final es energía gastada. Traté de relajarme y meterme otra vez en el grupo, pero a partir del kilómetro 20 me di cuenta de que no iba bien, que las fuerzas iban justas y aunque traté de no desengancharme del grupo, al final traté de buscar otras alternativas.

– Mala suerte.

– Sin duda fue mala suerte, y ese es un factor que no puedes controlar. Yo puedo controlar el no pasarme de ritmo, el ver a unos rivales o a otros… pero hay otras cosas que no puedes controlar, y esa caída fue una de ellas.

“¿Cómo iba a abandonar con toda la gente que tengo apoyándome? No podía permitirme la retirada”

– ¿Se le pasó por la cabeza el abandono?

Varias veces. De hecho veía rivales que lo hacían y pensaba que por qué no lo hacía yo. Pero rápidamente cortaba ese pensamiento y me decía que tenía que llegar a meta, que quizá otro día sí lo haga si me volviera a pasar, pero que en esta carrera no podía pararme porque llevaba mucha gente detrás de mí: todo mi equipo, mi familia, mis amigos, toda la gente de Segovia, medios de comunicación… tenía muchas personas que estaban pendientes de mí en ese momento y no podía permitirme el que no me vieran cruzar la línea de meta, independientemente de la posición, que ya podía ser el 10, el 20 o el 50.

Todos esos pensamientos para las personas que estaban detrás apoyándome fueron los que me hicieron seguir adelante, porque te aseguro que los últimos kilómetros fueron losas. Del kilómetro 38 al 39 sentí como si hubiera pasado un día, pero esos pensamientos me llevaron hacia delante.

– Llega a la meta y de nuevo besa el suelo, pero ya de otra manera.

Llega la paz de haber cruzado la meta. Luego ya empiezas a analizar los daños, ves la herida en la pierna, el dedo que no le puedes mover bien, la rodilla, y piensas de nuevo que por qué te ha tenido que pasar esto a ti. Pero cuando empecé a recibir las felicitaciones por el esfuerzo que había hecho me volvió la paz interior de haber pasado cinco años muy duros para poder vivir este momento. Ya soy olímpico.

– La caída dio al traste con todo, pero hay que reconocer que la carrera fue exactamente como había previsto.

– Lo teníamos clarísimo. Mi entrenador ya me había recalcado que pese a que hubiera cambio de sede, la carrera en Sapporo iba a ser de eliminación tal y como hubiese sido si se hubiera disputado en Tokio, por lo que había que prepararla muy a conciencia. Desde el mes de febrero llevaba preparándome para ese ‘infierno’, consciente de que las sensaciones iban a ser muy desagradables como pudo verse por televisión, porque salvando los cinco primeros, en la segunda parte de la carrera hubo explosiones terribles. Gente con golpes de calor que no se acuerdan de nada como le pasó a Laura Méndez, que tras la maratón femenina me dijo que empezó a ver estrellitas y que ya no se acuerda de más. Le pasó a un atleta brasileño, le pasó a Robertson, un atleta neozelandés que me dijo que a partir del kilómetro 30 no se acuerda de nada, ni siquiera de cómo llegó… son situaciones extremas en las que expones al cuerpo al máximo y no negaré que tuve algo de miedo de que eso me pasara en algún momento de la carrera.

“Al final los kilómetros pesaban como losas. Del kilómetro 38 al 39 sentí que había pasado un día. Pero conseguí llegar”

– ¿Kipchoge es inalcanzable?

– Totalmente. Pensando en la carrera, te das cuenta de que dio una exhibición. Hacer lo que hizo y cómo lo hizo es estar un par de niveles superior al resto. Además con el día tan duro que hizo, y dando la sensación de que está yendo a por el pan, como si estuviera un día en Kenia haciendo una serie de 42 kilómetros. Está muy por encima de los demás.

– ¿Cómo califica el papel de España en los Juegos?

– Yo diría que ha estado de notable a sobresaliente. Ha sido una actuación muy buena superando un año muy difícil en el que todos hemos sufrido mucho. Se han visto muy buenos resultados y así nos lo dijo Alejandro Blanco en un pequeño discurso que nos dio al final, que estaba muy contento de nuestra actuación independientemente de las medallas, porque nos fijamos demasiado en ellas. Hemos tenido 40 plazas de finalista, y concretamente en el atletismo ha sido una actuación muy buena con gente joven y muchos cuartos puestos.

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Guerra, durante la entrevista. / NEREA LLORENTE

“¿Por qué no voy a poder repetir en París?”

– ¿Cómo se presenta el futuro?

– En el corto plazo, vacaciones, porque hay que recuperar el cuerpo y regenerar. Pero voy a seguir, poniéndome objetivos a corto plazo. Voy a correr la maratón de Valencia en diciembre intentado hacer una gran marca, en 2022 coinciden el Mundial y el Europeo de maratón porque el Mundial se retrasó un año por el Covid. No disputaré esa carrera, pero sí el Europeo de Munich el 15 de agosto. Después, habrá que ver si me respeta el cuerpo, la motivación y la ilusión de cara a Paris 2024, que no está tan lejos. Es cierto que está a tres años vista, pero tengo ilusión. Veo a Lamdassem, que tiene 39 años y mira la maratón que ha hecho, y mi cabeza ya está pensando en nuevos retos.

– El atletismo al más alto nivel ha dejado de ser cosa de los jóvenes.

– Y ahora tenemos a mucha gente para demostrarlo. Había un americano con 43 años corriendo la maratón, gente con 39 años también, el mismo Kipchoge tiene puesto en su carnet que nació en el 84 pero todos sabemos que tiene más edad… entonces ¿por qué no yo? Tengo intactas las ganas, la motivación y la ilusión, y solo hay que esperar a que me respete la salud. Está claro que el nivel de la propia maratón en España también va a condicionar, pero eso es algo que se irá viendo año a año.

– ¿Cuánta gente joven viene empujando fuerte en lo que a la maratón se refiere?

– Está Yago Rojo que hizo 2:09 en Valencia, está Hamid Ben Daoud que se quedó fuera de los Juegos, y después están otros que aún tienen que llegar y asentarse, algo que el propio Dani Mateo me decía, porque al final esto no es tan sencillo. En este sentido estoy muy satisfecho porque las trece maratones que he corrido las he salvado bastante bien, aunque esta se torciera un poco. La maratón es una prueba muy exigente, las preparaciones son muy duras y en ocasiones el cuerpo no asimila bien esa carga.