Todas las derrotas duelen, al menos un poquito. Algunas, como la de Puente Genil de hace diez días, dolió porque hizo herida. La de ayer frente al Bada Huesca duele por los ochocientos aficionados que se dejaron la garganta animando a un Viveros Herol Nava que hizo más cosas bien en este encuentro que sumando muchos de los precedentes, pero que se equivocó en el momento decisivo, cuando después de remontar tres goles a un rival que se veía con los dos puntos en las manos, se encontró con un balón para ganar el partido a poco más de un minuto para la conclusión. Una mala decisión provocada por los nervios del fragor de la batalla llevó a una pérdida de posesión, que el Bada Huesca aprovechó para marcar el 29-30 definitivo.

El Balonmano Nava sabía lo que había en juego, y aprovechó la semana previa al encuentro para animar a la ‘fiel infantería’ a crear un ambiente electrizante en el pabellón municipal. La afición cumplió de sobra, llevando en volandas al equipo en unos primeros ataques en los que se vio el trabajo realizado para que Horiha encontrada mejores situaciones para hacer valer la calidad en sus lanzamientos.

Cada gol local era jaleado como su fuera el último, pero el Bada Huesca se encargaba de bajar los decibelios al partido empatando el marcador prácticamente en el ataque siguiente, ya fuera con ataques rápidos o encontrando a sus lanzadores exteriores en el estático.

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La igualdad en el marcador fue la nota dominante, y si en la portería segoviana Patotski era capaz de rechazar dos contragolpes consecutivos del Huesca, en la defensa del marco visitante el 6:0 muy fuerte en el centro ayudaba a que los oscenses se mantuvieran en el partido, aunque el ‘efecto Villagrán’ siempre lograba elevar las pulsaciones de la grada. El capitán tomó el mando del partido, y dirigió de manera extraordinaria en la primera parte, que concluyó con un gol de Prokop que colocaba el 15-14 con el que se cerró el primer tiempo.

Patotski, cerca del 40 por ciento de paradas, más Horiha y Villagrán en el ataque, aparecían como las buenas noticias para Nava. Pero Huesca se mantenía a un solo gol, y aunque los locales lograron colocarse con 18-16 pese a la exclusión de Vujovic, en un abrir y cerrar de ojos el conjunto de José Francisco Nolasco endosó un parcial de 2-5 que le dio la vuelta al encuentro de manera brutal.

Tanto fue así que el Viveros Herol no pudo reaccionar más que desde los siete metros, suerte en la que tan solo se erró un lanzamiento. Rodrigo Pérez Arce mantuvo al equipo vivo en los peores momentos para los de casa, con Zupo obligado a pedir un tiempo muerto después de que el Bada Huesca saliera más que vivo de una doble inferioridad que logró cerrar con un 22-25 que encendía todas las alarmas.

TAMBORES DE REMONTADA

La llamada a capítulo surtió efecto, y la defensa local comenzó a repartir de todo menos caramelos. Pleh entró en la cancha sustituyendo a un Patotski que se vino abajo tras el descanso, poco ayudado por un 6:0 demasiado ocupado en frenar al pivote Montoya que no salía a tocar a los lanzadores visitantes, y con un par de intervenciones relanzó a los de casa.

Nicolo logró encontrar su espacio desde el extremo, Rodrigo puso el partido en un puño, y la exclusión de Carró no le afectó lo más mínimo a Nava, que tras un robo de balón empató el partido a 28 con Horha culminando una contra. Lo más difícil estaba hecho, y ni siquiera el gol de Hackbarth logró descomponer a los locales, lanzados a por el encuentro y llevando a la afición al delirio con el gol marcado por Darío Ajo desde el pivote.

Era el momento, con el Bada Huesca metido en problemas ofensivos y los de casa viniendo de abajo arriba. Y el momento llegó, con Pleh haciéndose recuperando en su área una pérdida visitante… y lanzando la bola en más que complicada posición a Vujovic, que corría por el centro casi sin mirar. El Huesca recuperó la posesión, y pudo montar un ataque de un minuto que, entre parones por aquí y por allá, logró culminar Adrián Pérez con una vaselina a doce segundos del final.

El último lanzamiento de Horiha se encontró con el portero Almeida, y Nava se quedó con el dolor de una derrota que quizá no mereciera, porque el reparto parecía lo más lógico, pero que acabó en su casillero porque en la máxima categoría, y más cuando te estás jugando la vida en forma de permanencia, los errores se pagan caros, y esperar a que otros te hagan el trabajo, como el Cangas en la cancha del Sinfín donde perdió, no deja de ser una utopía.