Manuel González y Viti se lamenta. / JUAN MARTÍN - LA GIMNÁSTICA
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ALEJANDRO MARTÍN / SEGOVIA

Alguno ya pensaba en Segunda B cuando el ascenso aún pasaba por la Nueva Balastera; es decir, no había sueño sin partido. Y alguno despertó, claro. Los nervios no permitían la mejor de las versiones, pero a la vez evidenciaron que estaban vivos. Que podían lograrlo. El querer, en la palma de sus manos. La tensión que atenazaba era sinónimo de que había hombros a los que echarse el equipo encima. Lo que marca la diferencia entre un jugador cumplidor y uno de partidos importantes. Salir del aletargo era una cuestión de cabeza. Así lo vieron los más inteligentes e intentaron evadirse mentalmente para enfundarse el mono de trabajo.

El oficio era ‘saber sufrir’ cuando la contienda lo pedía. Pero también controlar los tiempos, pisar la zona de tres cuartos o tomar impulso cuando el ánimo menguaba y el cronómetro aceleraba su paso. En realidad el marcapasos apenas tomó altos vuelos. Esto no era un webinar más para la galería, era un planteamiento medido, que seguía achacando nuevas variantes y había que saber resolver. Un pulso para los entrenadores de ver hasta dónde tenían el control. Nuevos caminos, nuevas respuestas. Ese duelo le ganó Luis David Movilla, que le salió a la perfección la titularidad de Valentín Prieto y después el cambio de Sergio García.

No fue el día de esta Gimnástica que se retroalimenta de una masa madre de proyecto continuista, que bebe de las fuentes de Abraham García, con la personalidad de Manuel González y el pellizco de la casa de Ramsés Gil. Le faltó entrar desde el principio, generar mayor peligro y el sonido de su afición. Seguidores que fueron banquillo a pesar de la lejanía y el resultado adverso. Fue un sentimiento intangible pero palpable; aunque -lógicamente- no fue La Albuera del Malagueño. El Pleno, el Cancha 17 o el St. Andrews fueron remo en la deriva y fuelle en la flaqueza, pero faltó timón hacia Segunda B.

Esta cita será recordada como la fase de ascenso del coronavirus. La que vio truncada la competición liguera y dejó en evidencia al fútbol. Una temporada que sirvió para mirarse las tripas y ver que el fútbol no era lo más importante. Dar valor fue fuerza mayor durante el confinamiento, pero llegados al punto de jugarse el ascenso a espadas durante 90 minutos se volvió a relativizar el fútbol y, con ello, dos proyectos: el de un Zamora con una significativa inyección económica detrás y el de una Segoviana de ‘ADN play-off’ -al que está abonado las últimas campañas-, al que, siendo uno de los grandes de la categoría, le falta un plus. Con todo esto, la realidad es que la Gimnástica estará -por lo menos- una temporada más en Tercera.

Dar valor a las cosas a ‘toro pasado’ o cuando los problemas aparecen es de ventajista y oportunista. Y ahí estuvieron dos equipos en los que un fallo o una virtud potenciada podían definir el devenir del club. El viernes nadie cuestionaba la fortaleza de ambos conjuntos y hoy no es momento de aprovechar una herida para ahondar más la hemorragia. Ahí está la virtud de valorar cuando las cosas no siempre marchan bien.