Un entrenador de fútbol de cuyo nombre algunos jugadores de la Gimnástica Segoviana no quieren acordarse, se presentó en su primera rueda de prensa ante los medios segovianos afirmando rotundamente que “la suerte no existe”. Es casi seguro que a ese entrenador no le gusta el fútbol sala, y con rotundidad se puede afirmar no presenció el encuentro que en la calurosa tarde del sábado empató el CD Segosala frente a un Cidade de Narón que se encomendó a su portero Fernando para no salir goleado del Pedro Delgado, y a punto estuvo de llevarse la victoria. Porque de haberlo hecho afirmaría sin dudar que la suerte existe.

De los cuarenta minutos (a reloj parado) que dura un partido de fútbol sala, el equipo local se pasó más de treinta generando ocasiones de gol, y fallándolas. Tan solo Pablo logró superar al guardameta del Narón en la primera parte, aprovechando en el minuto 4 de partido un mal control de la defensa gallega que había acudido con prontitud a cerrar un contragolpe bien iniciado por Adri.

Antes del tanto, y durante muchos minutos después, el Segosala se dedicó a acumular ocasiones de gol. Lanzamientos a los palos, mano a mano fallados, acciones al segundo palo que se empujaban fuera… el dominio segoviano era tan evidente ante un rival que apenas generaba peligro con lanzamientos largos que en el ecuador del primer tiempo era imposible que el partido solo marchara con la mínima ventaja segoviana.

UN PORTERO DE OTRO NIVEL

Pero en el fútbol sala lo imposible gusta de hacerse real, y tras una falta a doce metros del área local en la que la barrera no pareció estar bien situada llegó el sorprendente empate a uno que anotó Diego. Al Segosala le entraron las dudas durante un minuto, tiempo suficiente para que Adri tapara el 1-2 a remate de Brais.

Pasado ese momento, de nuevo los de Ángel Zamora se dedicaron a crear superioridades en banda para generar otro puñado de ocasiones. Alex lanzó fuera a dos metros de la portería, Edu hizo lo propio a metro y medio, Fernando le hizo una gran intervención cuando ya se cantaba (otra vez) el gol, y el lanzamiento de Monir se marchó fuera tras una falta en la que el esférico se fue al palo largo.

 

El portero visitante Fernando fue el gran protagonista del partido con sus extraordinarias intervenciones

 

La suerte, esa que dicen que no existe, se empeñó en volver a aparecer en la segunda parte. Apenas reiniciado el partido, Edu se volvió a encontrar con el portero del Narón en una clarísima acción al segundo palo y, en el contragolpe, Cárdaba falló en su intento de controlar un envío en largo, dejando el esférico en los pies de Guillermo, que de espectacular vaselina puso el 1-2. Ver para creer.

Durante más de diez minutos el Segosala atacó de todas las maneras posibles, y de todas ellas el balón no entró. Ni siquiera lo hizo desde el punto de penalti, después de una mano ridícula de Buján tras simular una falta de un jugador segoviano en su propia área. Fernando arregló el ‘problema’ rechazando el disparo de Julito, y después varios más de Monir, de Alex… porque prácticamente no faltó jugador del Segosala que no tuviera alguna ocasión clara para marcar, y no se encontrara con el guardameta visitante.

ACOSO Y DERRIBO

Pero, a seis minutos para el final, Pablo se inventó una preciosa jugada regateando a todos los rivales que le salían al paso y cediendo el balón a Javito quien, ante la salida de Fernando, se lo puso a Monir para que este rematara el 2-2 que casi se va fuera después de que un defensor gallego estuviera a punto de despejar.

Continuó intentándolo el equipo segoviano, pero en honor a la verdad hay que decir que en la recta final del partido la victoria pudo caer de cualquier lado, porque si los locales siguieron sumando ocasiones, los visitantes jugaron bien con el crono y dispusieron de las suyas, sobre todo de una muy clara de Rubén en la que Cárdaba se hizo grande. Y en la penúltima acción del partido, con los locales jugando de cinco, un remate lejando de Alex rebotó en un defensa y se marchó a pocos centímetros… de la portería del Segosala. Que la suerte no existirá, pero bien que se paseó por el Pedro Delgado.