La Gimnástica Segoviana sumó la primera victoria del año en casa, y no pudo lograrla en el mejor momento posible, doblegando a una UD Sanse que demostró en La Albuera las razones que le habían llevado a liderar el grupo V de la Segunda RFEF, pero al que le pesó el único error que cometió en el encuentro. El equipo azulgrana no cometió ninguno, realizó un extraordinario esfuerzo defensivo con un planteamiento de lo más arriesgado y se llevó el premio ante una grada llena de aficionados.
Ramsés Gil y Pablo Álvarez plantearon una partida de ajedrez sobre el (todavía irregular) césped de La Albuera, sabedores de la importancia de no cometer errores a la hora de defender los ataques del rival. Así, Rubén vigilaba de manera constante las subidas por la banda de Guille Perero, mientras que Astray entraba en el once para ayudar a Silva tratando de frenar las siempre peligrosas internadas de Juancho.
La Segoviana buscaba el peligro con los balones al área donde Segovia se encontraba extrañamente suelto en los primeros minutos del partido. El ‘9' remató de manera defectuosa un buen centro de Silva, y no llegó por muy poco a un segundo envío de Pedro Astray. Por su parte, el Sanse intentaba abrir el campo todo lo posible, buscando los espacios en el centro que les negaba Manu en primera instancia, y tanto Sergi como David López en segundo término.

CADA UNO CON SUS ARMAS

El dominio era alterno, y tan pronto la Segoviana sumaba minutos de posesión como su oponente amasaba la pelota en línea defensiva, con nervios de acero ante la presión insistente de los locales pero sin pasar de los tres cuartos en su ofensiva. Tanto fue así que el primer chut a portería del líder de la competición llegó a dos minutos de la conclusión, cuando Macho lanzó con la izquierda, sin problemas para Carmona.
El partido tenía ritmo pero no áreas, hasta que una falta sobre Hugo Díaz en el centro del campo, que le costó la tarjeta amarilla a Macho, fue enviada al segundo palo por Fer Llorente. El portero Jagoba salió con decisión, pero no con acierto al salto de Hugo, dejando el balón suelto hacia la pierna izquierda de David López. El central gimnástico empalmó con fuerza, y el baló pasó entre dos defensas para terminar besando las mallas de la portería madrileña.
El error había llegado por parte visitante, y la Segoviana lo había castigado con dureza. Y todavía pudo ser mayor el castigo si Sergi Molina hubiera precisado un poco más su cabezazo en el segundo palo tras otra falta botada por Fer Llorente. El Sanse mostraba su debilidad a balón parado, razón por la que el equipo de Pablo Álvarez defendía con los once jugadores los saques de esquina en contra, pero a cambio también llevaba una gran sensación de peligro cuando lograba llegar hasta la línea de fondo.

EL CANDADO

Si la primera parte fue cerrada, con dos ocasiones de gol para la Segoviana y una para el Sanse, el segundo tiempo fue un enorme candado, el que le puso el conjunto gimnástico a la portería de un Carmona que asustó en los primeros compases de la reanudación, cuando el sol le deslumbró en un remate lejano de Ocaña que apenas pudo desviar lo justo para que el esférico no encontrara su marco. Poco antes a Ramsés le tocó torcer el gesto cuando Dani Segovia se quedaba parado en el centro del campo y pedía el cambio. El planteamiento defensivo del equipo, con un desgaste superlativo en la primera línea para posteriormente retrasar las líneas intentando minimizar los espacios y que llegaran las ayudas, terminó por pasarle factura al veterano delantero azulgrana, que en cuanto sintió un problema muscular (un pinchazo en el sóleo confirmó Ramsés) rápidamente se detuvo para no provocarse más daños.

 

La lesión de Dani Segovia en los primeros minutos de la reanudación fue el único lunar en un gran partido azulgrana

La Segoviana pasó por unos minutos de desconcierto que estuvo cerca de aprovechar el Sanse, con dos ocasiones muy claras de Arasa y Juancho, este último después de hacer una extraordinaria jugada por el centro que no pudo rematar bien, que fueron un buen dolor de muelas para una defensa que siempre respondió a un gran nivel cuando se mostró exigida. Porque, dentro del enorme desgaste que realizaron todos los futbolistas, el partido de la línea de cuatro zagueros fue superlativo.
Y lo fue porque el Sanse, que lo intentó de todas las maneras posibles, no fue capaz de superar la última línea de defensa de una Segoviana que tenía que renunciar a la contra porque no tenía jugadores veloces hasta que entró Merencio en el campo. El veloz extremo izquierdo sólo dispuso de una ocasión para demostrar su carrera ya en el tiempo de prolongación, pero su remate se fue desviado. Por entonces Ramsés ya había metido en el campo todo el vigor que tenía en el banquillo, el aliento de la afición le dio una vida extra al equipo, y el pitido final del colegiado fue recibido con una ovación mezclada con un suspiro de alivio. Tres puntos más, el average ganado con el Sanse, y segunda en la clasificación. La Segoviana tiene motivos para celebrar. Ya habrá tiempo para preocuparse.