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Javi Borrego celebra el primer gol de la Segoviana con sus compañeros abrazándole. / JAIME GUERRERO

Aunque todas supongan tres puntos, la valía de las victorias suele tener mucho que ver con la categoría del oponente, así que tras el triunfo de la Gimnástica Segoviana frente al Navalcarnero se puede asegurar que el conjunto azulgrana consiguió la victoria de mayor prestigio de todas sus temporadas en la Segunda División B, ahora Segunda RFEF.

Aunque pudiera parecer que el marcador ciega la visión más imparcial, la realidad se abre paso al valorar el partido que realizó el equipo de Mano González, que no cometió errores (salvo uno) en la retaguardia, que ejecutó muy bien la presión ante un oponente al que se tenía bien estudiado, que aprovechó las ocasiones para abrir distancias en el marcador, y que cuando llegó el momento de tirar de veteranía, lo hizo sin miramientos.

Ambiciosos desde el principio

Mucho se habla de lo que significa la palabra ‘competir’ en una categoría como esta Segunda RFEF en la que los regalos suelen brillar por su ausencia. Y la Segoviana, después del tirón de orejas de Manu tras la derrota frente al Adarve, aprendió que competir es mucho más que intentar tratar bien a la pelota, algo que el conjunto gimnástico lleva impreso en su ADN, y que le valía para ganar muchos partidos en Tercera, pero no en Segunda B.

Así que desde el primer segundo del choque los jugadores gimnásticos quisieron demostrar que saben competir, y así Szymanowski dispuso de la primera gran ocasión local cuando el cronómetro no había superado el trigésimo segundo de partido, tras un robo en el centro del campo que acabó con una gran contra en la que el zurdo azulgrana lanzó fuera en buena posición.

Javi Borrego, con dos goles, fue el jugador más destacado de los azulgranas, que firman una buena actuación coral

El Navalcarnero no torció el gesto tras la ocasión local, y continuó queriendo rasear la pelota aprovechando que el terreno de juego había mejorado mucho sus prestaciones con respecto a la pretemporada, pero la Segoviana se mostraba exageradamente ambiciosa en su presión, con Manu y Cidoncha abarcando mucho campo, y con Conde lanzando las acciones ofensivas con calidad. En una de esas acciones que tanto gustan a Manu, comenzando por una banda y acabando por la otra, Adrián sirvió un buen balón desde la derecha, la defensa no logró despejar con contundencia, y Nanclares dejó pasar el esférico para que Borrego empezara a convertirse en el gran protagonista del partido empalmando a la red el 1-0.

Más de veinte minutos tardó el Navalcarnero en darse cuenta de que el encuentro le estaba exigiendo un cambio de estilo. Hasta que el equipo madrileño dejó de empecinarse en pasar el balón obligatoriamente por el centro del campo, ya había recibido varios saques de esquina en los que Mansour ponía el peligro, y un par de remates venenosos de Cidoncha y Rubén.

El 2-0, cuando se necesitaba

Pero superado el ecuador de la primera parte, la Segoviana comenzó a pasar más apuros a la hora de defender las acciones de ataque madrileñas. Una media chilena de Ontiveros que se marchó fuera, y un remate de Navarro que Carmona desactivo en dos tiempos hicieron pensar que el partido estaba cambiando de signo.

Nada más lejos de la realidad. El equipo de casa vio la opción de darle otra vuelta de tuerca al encuentro, y en un balón en corto del portero Aitor a su compañero (que estaba de espaldas al marco y en la frontal) la presión de Conde fue más que efectiva, para que Manu recogiera el balón suelto, se internara en el área y engañara al portero en su salida para anotar el segundo tanto. Y aún pudo Szymanowki machacar el tercero en otra contra excelente que le dejó solo ante Aitor, al que regateó, pero su lanzamiento se fue demasiado flojo se encontró con la llegada del defensor.

Quiso el Navalcarnero llevar el partido al área gimnástica desde el inicio del segundo tiempo, pero lo que se encontró, ahora sí, fue con el 3-0 tras un lanzamiento de Conde al que Aitor respondió con demasiada confianza. El balón se quedó suelto y Borrego lo corrió con toda la fe del mundo, más desde luego que la del portero madrileño, para poner el partido definitivamente del lado local.

Mendes revoluciona el ataque visitante

La lógica indicaba que el Navalcarnero tenía que arriesgar, y su técnico Pablo Álvarez lo hizo, metiendo en el campo a Mendes, que se convirtió en un dolor de muelas para la defensa gimnástica, y en un buen dolor de pie para Rui, al que una entrada del delantero del equipo visitante, que era bastante más roja que amarilla, le mandó al vestuario apenas media hora después de haber entrado al campo sustituyendo a Mansour que con una amonestación se había quedado en el vestuario en el descanso.

Un saque de esquina que no fue gol porque una maraña de piernas impidió que el balón entrara avisó de las intenciones del equipo visitante, que se aprovechó del único error local para recortar las distancias, tras un remate al palo de Ontiveros, una mala decisión de Cidoncha que quiso jugar en lugar de mandar el balón a Palazuelos, y un claro penalti de Rubén que Aguado se encargó de transformar.

Así que el aficionado gimnástico se dispuso a sufrir el último cuarto de hora de partido, pero la realidad fue que al Navalcarnero no le llegó el físico para intentar nada más, y la Segoviana supo congelar el partido como se suele hacer en esta categoría, tratando de tocar el balón, con faltas tácticas y esguinces de cronómetro, hasta cerrar su primer, y justo, triunfo en la Segunda RFEF.