Hay lecciones que, dependiendo de lo ‘espabilado’ que sea el alumno, se aprenden más pronto que tarde, y en el fútbol como en la vida hay pocas excepciones. La Gimnástica Segoviana juvenil perdió por 1-2 ante el Fuenlabrada, y recibió varias dolorosas lecciones que vinieron añadidas a la pérdida de los tres puntos. Perder un partido que ganabas por 1-0 al descanso, y acabar con dos expulsiones que fácilmente se podían haber ahorrado, son dos de esas lecciones que hay que aprender.

Porque el equipo de Tito Domingo fue inferior al de Mario Otero en todos los factores que rodean al balón, pero no con él en los pies. Físicamente por debajo de los madrileños y perdiendo la mayoría de los duelos con pelota dividida, la Segoviana lo pasó fatal hasta casi el ecuador de la primera parte, recibiendo varios saques de esquina que no se convirtieron en goles porque los centrales visitantes no precisaban sus remates de cabeza, no porque no remataran.

Mejor en el tramo final de la primera

El paso de los minutos fue serenando los ánimos de los azulgranas, que con una más que interesante salida del balón por la banda derecha, se apoyaban en la calidad de Arranz para desbordar por esa banda y así empezar a empujar al Fuenlabrada más cerca de su área, que con su juego de balón en largo buscando la segunda jugada cerca del área local siempre ponía a prueba la solvencia del sistema defensivo segoviano.

La primera grieta profunda que mostró la Segoviana estuvo a punto de suponer una buena vía de agua, porque tras un saque de esquina que no fue bien rechazado, el balón le cayó al lateral Dani, que fue arrollado por Toni dentro del área. Penalti claro… que el lateral madrileño lanzó fuera de muy mala manera, un hecho que afectó al partido en su primer tiempo, porque terminó de soltar a los gimnásticos en el partido, mientras que al ‘Fuenla’ le dejó tocado en su moral.

Tanto fue así que pocos minutos después del error en el penalti visitante, una nueva internada de Arranz por la derecha acabó con un buen balón para Ivo que, aprovechando un error en la marca, controló y lanzó con tanta potencia sobre el marco de Plaza que hasta en dos ocasiones el balón botó en el larguero antes de entrar y convertirse en el 1-0.

Físicamente por debajo

Aún pudo la Segoviana marcar el segundo tanto en el tramo final del primer tiempo, cuando un remate desde fuera del área de Mario Serrano volvió a estrellar el esférico en el larguero, pero botando fuera. Poco antes, el colegiado no estuvo atento a un balón cruzado al área del Fuenlabrada en el que Miguel Muñoz fue empujado con claridad.

Así que al descanso la Segoviana llegó con el marcador en ventaja, pero sin el partido decidido. El Fuenlabrada, por su parte, no se separó ni un milímetro del plan trazado desde el inicio del choque, con balones en largo buscando siempre la segunda acción, y en una de ellas al poco de iniciarse la segunda parte encontró el premio, con una disputa en la que Jaráiz le ganó el ‘cuerpeo’ al central de la Segoviana, batiendo a Héctor en una acción en la que los locales reclamaron falta previa del atacante.

Los azulgranas mostraron calidad con el balón en los pies, pero faltó contundencia defensiva y el cansancio hizo mella a partir del minuto 60

El empate descompuso a la Segoviana el tiempo suficiente como para que el rival sumando méritos para acabar marcando el 1-2. Curiosamente el Fuenlabrada no lo logró por su falta de puntería en sus mejores minutos, pero sí lo marcó cuando los locales ya se habían recompuesto. Un horrible balance defensivo de los de casa tras un córner a favor propició un contragolpe madrileño que acabó de nuevo con Jaráiz batiendo la portería azulgrana.

Desde ese momento, y hasta el final del choque, lo de siempre, el clásico quiero y no puedo de los que van perdiendo, y los habituales esguinces de reloj por parte del equipo que va ganando hasta que el tiempo se acaba. Con todo y con eso, lo peor no fue la derrota, sino las dos expulsiones para los de casa, la de Ivo por doble amonestación en una decisión arbitral también discutible, aunque lo lógico cuando tienes una tarjeta es no dar ni una sola oportunidad al colegiado de poder mostrarte la segunda, y una roja directa para Álvaro Ramos después de una feísima entrada por detrás a Damián, fruto de la frustración por perder el partido.