La Segoviana ya tiene en el bolsillo el mejor arranque de su historia en Tercera cuando Adeva firma su primera obra maestra como azulgrana. El delantero, que había embocado un gol polémico con su mano izquierda en el primer acto, exhibe tren inferior para zafarse de la última guarnición arandina, sus excompañeros, supera al portero con un sombrero y emboca a puerta vacía. El antihéroe se convirtió en héroe. Y son siete victorias en siete encuentros para un líder intratable al que todo le sale de dulce. Ayer pasó sus primeros minutos por detrás en el marcador -23 entre más de 630 disputados- y demostró que también sabe remontar.

Sirva como declaración de intenciones que la Arandina forzó el primer saque de esquina a los 27 segundos de partido. El cuadro burgalés salió con las líneas muy adelantadas al tapete segoviano y se adueñó del juego. Es una anomalía no ver a los jugadores azulgranas tejer jugada alguna en campo rival en más de 10 minutos. Según se sucedieron los acontecimientos, no se puede decir que el gol llegara por sorpresa.

El primer aviso visitante lo protagonizó Iván Martínez con un tiro desde unos 20 metros con más fuerza que colocación. Con el sol haciendo sus primeros extraños en el horizonte, Christian blocó la pelota con una estirada y detuvo el esférico en dos tiempos antes de que Alejandro Gutiérrez llegase al rechace. Como ya hiciera el año anterior, con otro entrenador y un grueso distinto de jugadores, la Arandina apostó por una presión alta, por no dejar a la maquinaria azulgrana entrar en calor.

Por mérito propio o demérito ajeno, funcionó. Rubén no supo controlar un envío fuerte de Rui y se perdió por la banda. Segundos después, Edgar aprovechó la reanudación y marcó un gol para el recuerdo. El delantero dio la sensación de saber dónde estaba cada pieza sobre el campo y aprovechó un balón suelto en la frontal para enganchar un tiro por la escuadra. Como en los últimos dos años, las camisetas amarillas acompañaban a un compañero que corría con el brazo levantado. El primer derechazo estaba dado.

La Segoviana compareció oficialmente en el partido a los 13 minutos. Como equipo grande que es, el líder estuvo cerca de golpear a la primera: Adeva cabeceó a las manos del portero un balón suelto que botaba en el área chica. Empezó a entrar en juego el cuadro local, que tejió su primera transición en una pérdida de Mahamadou que desembocó en un tiro flojo de Manu desde la frontal. Tras el primer esfuerzo, la Arandina replegó líneas en busca de explotar sus transiciones. En una de ellas, Alejandro Gutiérrez pidió cesión de Rui a Christian en una acción apurada, pero no hubo suerte. Los burgaleses tuvieron una ocasión pintiparada para ampliar la cuenta en un tibio cabezazo del central Jorge González, solo en el punto de penalti.

Lejos de su mejor versión, la Segoviana evitó males mayores con los detalles de luchador de Adeva, que en apenas unos segundos controló con mérito un balón largo en el ecuador del campo y se tiró al suelo para arrebatar el esférico al dubitativo central, que le hizo falta. Pequeños errores, grandes consecuencias: es la máxima de medirse a un equipo con tanta pegada como el líder. Dani Arribas aprovechó la ocasión para pegar su misil al palo del portero de toda la vida y nivelar el marcador.

Subió la tensión tras el empate y Diego del Castillo lideró la guerra de guerrillas. Entró al juego Edgar, que le recriminó al árbitro sus provocaciones. Lo que vino después no le devolvería precisamente la sonrisa. Calleja, que dormitaba hasta entonces, sirvió un balón medido al punto de penalti para que Del Castillo cabeceara a la cruceta. También cabeceó el rechace y allí llegó el caos: el balón pululaba junto a la línea de gol y Adeva embocó con la mano izquierda, según muestran las primeras imágenes grabadas. Ante las dudas sobre la autoría, los dos protagonistas azulgranas celebraron el gol. Y la Segoviana se marchó por delante al descanso tras su primera parte más dubitativa: síntoma de poderío.

El guión feliz para los burgaleses se había llenado de tachones. La gran bala para un desenlace alternativo la tuvo Edgar en los primeros compases de la segunda parte; el punta, asistido por un pase excelso de Gutiérrez, se quedó solo con Christian, que achicó espacios pero no intimidó hasta el punto de que el delantero zurdo de la Arandina no encontrara portería.  Edgar todavía se estaba echando las manos en la cabeza cuando llegó la consecuencia: Calleja sirvió un envío genial a Conde, que esperó al bote preciso para ajusticiar a Francisco Harillo. La enseñanza de que perdonar se paga no pudo tener un ejemplo más paradigmático.

Manu González aprovechó la celebración para llamar a revista a Javi Marcos y Rui y evitar desajustes como la ocasión de Edgar. Pese a los buenos resultados, la exigencia es alta en el vestuario. La Arandina sabía que el partido se había escapado. Sin tiempo para cicatrizar, se llevó otro aguijonazo de su hijo pródigo. Adeva no celebró el tanto pero sí sus compañeros. El epílogo lo protagonizó la por marcar de Diego Gómez, que falló al embocar a puerta vacía. Y fue Borrego, suplente, quien completó la manita. La Arandina, esa bestia negra que no caía en La Albuera desde 2014, se rindió a la hegemonía del líder.