Decir que el fútbol es un estado de ánimo es poner sobre la mesa una verdad acuñada con el paso del tiempo, y que siempre tiene vigencia. Bien lo sabe la Segoviana, que en la jornada de ayer pasó por bastantes estados de ánimo durante su partido ante el Marino, comenzando por la desesperación, pasando por la paciencia, siguiendo por la esperanza, y acabando con la alegría de ganar un partido mucho tiempo después de la última victoria, remontando el 0-1 a un oponente que se equivocó al pensar que con el gol conseguido a los diez minutos de partido lo tenía todo hecho.

LA DESESPERACIÓN

Comenzó el encuentro con la Segoviana algo nerviosa intentando mover la rocosa defensa del rival, que dejaba dos jugadores en la presión a los centrales, quedándose el resto por detrás de la línea del centro del campo. El partido era para ‘masticarlo’, porque de entrada el Marino no concedía nada, aunque apenas se asomaba a la portería de Carmona…

… Hasta que en el décimo minuto de partido un balón perdido en la zona de creación azulgrana pone a Diego Díaz en el mano a mano con Rui, al que deja atrás, y rematando al palo largo de la portería de la Segoviana establece el 0-1 cuando ninguno de los dos contendientes merecía nada más que el silencio por el juego que estaban brindando, que era más bien escaso.

Llegaron entonces momentos de desesperación para los locales, con un sector de la afición ‘de uñas’ por el juego parsimonioso del equipo, y este intentando recuperar la confianza perdida frente a un rival que era una pared que devolvía todos los balones, pero sin conjugar la palabra contraataque.

LA PACIENCIA

La Segoviana tenía un plan para afrontar el partido, y los jugadores no quisieron salirse un ápice de él a pesar de que las recriminaciones por jugar hacia atrás cuando la jugada no estaba clara se hacían más patentes a cada minuto.

Solamente cuando Cidoncha lograba contactar con el balón había un poco de claridad en la acción ofensiva, pero las bandas no producían prácticamente nada, no había manera de que a Szymanowski le llegara un balón en condiciones, Rafa Llorente siempre optaba por la solución individual y Dani Arribas se desgastaba en la presión sin apenas poder contactar con la pelota. El Marino, muy cómodo sobre el campo, recibía el primer lanzamiento en contra en el minuto 26, con Cidoncha rematando fuera desde la frontal, y un minuto más tarde el portero Buru realizaba su única intervención en la primera parte deteniendo un balón empalmado por Dani Arribas con más intención que acierto.

LA ESPERANZA

Así se entró en el tramo final de la primera parte, con la Segoviana tanteando la pared en busca de una grieta donde colocar la dinamita, y el Marino sin un desconchón, mandando el balón lo más lejos posible en sus despejes ante la presión en ocasiones alocada de los locales, y esperando tranquilamente la llegada del descanso.

Pero en estas el balón llegó por la banda izquierda hacia Cidoncha, que vio a la defensa visitante demasiado basculada hacia la banda, y con velocidad lo puso a la derecha, donde Rafa Llorente dejó pasar el balón hacia la zona de Manu, que encaró a Buru y le superó por alto con muchísima calidad.

El gol fue toda una liberación para los azulgranas, que se lanzaron a por su rival buscando remontar antes del descanso. Pero el árbitro decidió indultar al Marino sin conceder el minuto de descuento que parecía lógico después de que las asistencias atendieran poco antes al visitante Diego Díaz.

LA ALEGRÍA

Pero al Marino le duró poco el indulto, porque la Segoviana salió dispuesta a acabar con todos los demonios, y en el segundo saque de esquina consecutivo sobre la portería de Buru encontró el premio de un penalti por una mano de un defensor asturiano que el árbitro tardó en procesar un segundo, el suficiente para que la petición del público fuera unánime, y pudiera comprobar si se cumplían los requisitos que ahora se han establecido para pitar como penalti una mano que ocupe un espacio antinatural, que no venga de rebote y tal y cual.

Cidoncha fue el encargado de transformar la pena máxima, y recibió el abrazo más fuerte por parte de Szymanowski. La Segoviana se ponía por delante un montón de partidos después de la última vez, y ahora tocaba defender la renta, algo que se consiguió con algunos apuros al principio, porque Carmona tuvo que intervenir a remate de Steven en una de las pocas acciones de mérito del Marino tras el 2-1.

Pero la calma llegó tras otro saque de esquina, botado directamente a la cabeza de Mansour que colocó su remate ajustado al palo izquierdo de la portería de Buru. 3-1, y alegría desbordante en el campo y en la grada.

Y, DE POSTRE, GÓMEZ

Salvando un centro al segundo palo al que no llegó Lora por muy poco, el Marino apenas inquietó el marco local, aunque la Segoviana retrasó unos metros su defensa, fruto también del cansancio.

Pero la entrada de Álex Conde dotó al equipo de claridad en las contras, y la de Diego Gómez ocho meses después de su rotura del cruzado puso a la grada en efervescencia. Y más cuando al minuto y medio de salir al campo, recibió un envío en profundidad de Conde, marcando el 4-1 con el que el equipo azulgrana ponía de la mejor manera posible el punto y final a su mala racha, y pasaba por todos los estados de ánimo posibles, hasta llegar a la alegría.