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Marina Muñoz en uno de los tramos de carrera del Europeo de Triatlón de Rumanía. / INTERNATIONAL TRIATHLON UNION

Marina Muñoz (25 de mayo de 1999) terminó sus exámenes de Medicina el martes pasado. Un día normal incluía estudio de ocho a doce de la mañana, entrenamiento, comida, estudio vespertino y más series de siete a nueve. Esa es la vida de la novena duatleta de Europa, la tercera sub-23. Guardó los libros y volvió con medalla de Rumanía tras el Europeo celebrado en Târgu Mure. “No me lo creo aún, estoy como en una nube. Me esperaba luchar por las medallas sub-23, pero para nada estar tan adelante en élite”.

La preparación se remonta a meses atrás, pues el Campeonato de España de Duatlón fue en abril. Entonces, en Avilés, era en modo cronometrado. El formato de Rumanía exigía una rápida puesta en acción en la carrera a pie. “Mi objetivo era hacer mi mejor 5.000. Luego en bici yo sabía que era fuerte y todo ese trabajo me vino muy bien porque remonté posiciones. Al final me ha salido todo el trabajo que tenía detrás: horas y horas. Lo he trabajado a conciencia”. Ello incluye a la semana seis horas de bici (rodillo incluido), unos 40 kilómetros de carrera a pie y unos 20 kilómetros de natación. Su cuentakilómetros de triatlón supera holgadamente los 5.400 kilómetros en 2021.

Su preparación incluía transiciones, series largas o arrancadas en bicicleta. Después, se iba a la pista y hacía series equivalentes a esos 5.000 metros. Esos fueron los trabajos más específicos. Mientras, la alimentación fue genérica. “Siendo un deporte que gastas tanto de todo, al final comiendo variado te vale”. Toma geles o sales minerales, pero no lleva dieta específica.

Târgu Mure, con una alimentación parecida a la española, se caracteriza por su humedad. La delegación española reconoció los circuitos: un paisaje lleno de naturaleza, todo un paraíso para la bicicleta. La carrera a pie era totalmente llana, muy rápida. El tramo de ciclismo fue lo más delicado, especialmente por la lluvia. “Era muy duro, con subes y bajas y muchos giros de 180 grados. Tenía pasos de cebra y adoquines que resbalaban un montón. Había que ir con cuidado porque se caía alguien delante o te caías tú estabas fuera”.

Marina contemporizó en el primer 5.000. “Sabía que iban a salir como locas, pero mi ritmo de competición era 3,25 el kilómetro. Y salí a eso, porque sabía que si iba más fuerte no iba a aguantar el ritmo de cabeza”. Comenzó en el furgón de cola, pero remontó posiciones por simple inercia y llegó en el top-15 al tramo de ciclismo tras un parcial de 17m01s. Allí tuvo la compañía perfecta. “Fui con dos chicas de Países Bajos que andaban una barbaridad. Con suerte, las aguanté. Me hicieron sufrir un montón, pero conseguí llegar hasta la novena posición”. Su registro fue de 33m11s, el mejor de las duatletas sub-23.

El único pero vino en la transición: fue penalizada con 10 segundos por subirse a la bici antes de la línea de montaje. “Iba luchando por la plata sub-23 y justo me sacó esos 15 segundos, que me han sabido fatal”, relata sonriente. El último tramo de carrera lo terminó en 8m29s para un tiempo final de 59m25s. La plata se fue para la holandesa Silke de Wolde (58m59s) y el oro para Marta Pintanel (58m00sg). Mientras, el oro absoluto fue para la francesa Audrey Merle.

El hito aumenta sus opciones para el Mundial de Duatlón de Avilés en noviembre. “El nivel es altísimo. Las medallas están carísimas. La conseguí, pero sufrí como nunca”.

“Quiero dos años de vida profesional”

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Pese a su futuro en medicina, Marina Muñoz no quiere quedarse con la duda de hasta dónde puede llegar como triatleta. “Lo importante es sacarme mi carrera. Cuando me gradúe, a lo mejor me dedico un par de años exclusivamente a entrenar en modo profesional y aplazo el MIR. Y si no me sale bien, pues nada. El deporte te puede salir bien o mal, pero no se puede vivir de ello. Sobre todo en el triatlón, que no cobras nada”. Tiene becas de la Diputación o de la Junta, pero el material corre de su cuenta: este año, un neopreno de 400 euros o la maleta de bici, otros 400.

Como en el triatlón, su lugar en medicina está por ver. “Me encanta la cardiología. También las urgencias, pero no hay especialidad. Ya veremos a ver, que igual luego acabo en Pediatría o Digestivo”. Alumna de tercer curso, no ha visto “nada” de la pandemia, pues suspendieron sus prácticas y ha estado alejada de esa primera línea. “Es experiencia, a lo mejor una pandemia no la volvemos a vivir. Te quedas con la sensación de poder haber ayudado, pero a mi nivel no tenía el conocimiento para aportar nada. Si hubiera estado en quinto, lo habría hecho”.

Triatlón y medicina conviven en ella. “El deporte es fisiológico y te ayuda a entender por qué me tengo que tomar estas sales o descansar. Estudiar agota un montón y salir a entrenar te permite despejarte y resetear”.