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Oumar Dramè bota el balón en la cocina de La Casona de San Martín, donde trabaja como cocinero. / KAMARERO

Oumar Dramè busca desde la cocina de La Casona de San Martín la receta de la victoria para su equipo, un Claret que ha perdido sus seis primeros partidos en la temporada de su estreno en Liga EBA, la cuarta categoría del español. Lleva una semana en el restaurante, un empleo que consolida la integración de un maliense que se ha ganado el cariño de Segovia. “Me he cruzado con gente muy buena”, agradece. Espera acompañar la alegría de su nuevo trabajo con una tarde feliz de baloncesto cuando su equipo reciba este sábado (19:00 horas) en el pabellón Emperador Teodosio al Universidad de Valladolid.

La odisea de Dramè desde Malí hasta España en patera le llevó al Claret en febrero de 2020, apenas unas semanas antes de que el Covid se adueñara del planeta. A él le pilló en un piso compartido con otros refugiados venezolanos y colombianos, bajo el amparo de Cruz Roja. Fueron muchos meses sin tocar un balón de baloncesto, un anquilosamiento que se notó en la vuelta a las pistas. “No fue fácil, después de tantos meses sin hacer nada… Estaba bajo de forma”. Porque en casa no podía hacer milagros; nada de gimnasio. “Hacía flexiones y abdominales”. En los primeros tiros tras el confinamiento se notaba falta de finura. “Pasas tanto tiempo sin tocar el balón… los primeros tiros se iban a un lado. En el baloncesto hay que trabajar mucho para ser un buen tirador: todos los días”.

El pívot cree que la salvación es posible si se pulen algunos detalles. “La temporada pasada ya es historia y esta temporada es una nueva realidad. Tenemos que ponernos a trabajar duro; sobre todo, con seriedad. Y sé que la victoria llegará”. Partido a partido, se repite el mismo guión: buen comienzo y bache tras el descanso. “Siempre se nos va en el tercer cuarto o en el último, no entiendo nada. Empezamos fuerte, pero en el tercer cuarto… Nos relajamos, no sé”. El reto de los segovianos está, pues, en reactivarse para volver a pleno rendimiento después del parón del segundo cuarto.

¿Puede el Claret ganar al Universidad de Valladolid? “Sí, claro que sí, hay posibilidades”. El cuadro pucelano, sexto por la cola con tres victorias y tres derrotas, marca la salvación. Mientras, los segovianos son uno de los tres equipos que no conocen la victoria en la categoría. El Universidad de Valladolid juega en zona, algo que da cierto optimismo a Dramè. “Eso es que no tienen tanta capacidad para jugar uno contra uno”. El maliense, junto a Alex Young, Jorge o Gerard, garantizan la lucha en la pintura pese a la falta de centímetros. “La altura es importante, pero el físico también. Y ahí podemos hacer algo”.

El mal comienzo no derrumbará a un equipo basado en los júniors que fueron campeones de Castilla y León. ¿Está la categoría por encima del Claret? “Es una nueva aventura para nosotros porque el club nunca ha jugado en EBA. Depende del nivel de cada uno; Álex y yo somos ahora mismo los dos veteranos, pero creo que todo llegará con el tiempo”. Confía en que la primera victoria marque un cambio de tendencia. “Será una gran motivación; nos hará fuertes”. Habla alguien con un máster de fortaleza en el currículo. Que se jugó la vida en una patera. Y que ha encontrado un nuevo hogar. La integración hecha baloncesto.

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El ‘pasaporte' en una foto del móvil

Cuando Oumar Dramè salió del país hizo una foto con el móvil a su pasaporte. “Llegué en patera, no podíamos traer documentación”. Ese recurso le valió para identificarse mientras se procesaba su petición de asilo y poder jugar en Primera Nacional con la Federación de Baloncesto de Castilla y León. El ascenso a EBA, gestionada por la Federación Española de Baloncesto, requería un permiso de residencia, ante la imposibilidad de conseguir un visado. Solicitaron ese trámite en enero y no ha recibido el documento hasta casi diez meses después.

El pívot se enteró en el último entrenamiento antes de la primera jornada. “Me lo dijo el entrenador y me sentí muy mal, la verdad. Tenía ganas; llevaba más de un mes entrenando y cuando llega el primer partido Oumar no puede jugar”. Gracias a sus compañeros, lo llevó con entereza. “Me decían que todo iba a llegar. Soy una persona bastante fuerte mentalmente. Yo lo entendí; es la ley del país y nadie puede hacer nada. Había que aguantar. Y aguanté”. El maliense se perdió las dos primeras jornadas y ha ayudado a sus compañeros desde entonces. En los cuatro partidos disputados hasta el momento, promedia 8,5 puntos, 4 rebotes y un 39% de acierto en tiros de campo en 24,4 minutos.