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La nueva normativa de la Junta de Castilla y León para el uso de mascarillas en el deporte, vigente desde el pasado sábado, ha cogido de sorpresa a los deportistas de Castilla y León, que no se esperaban en ningún caso que la Junta decidiera que los practicantes de deportes en recintos de interior deban portar mascarilla no solo para disputar sus competiciones de ámbito autonómico y nacional, sino también para realizar los entrenamientos.

Tanta fue al sorpresa que en la jornada del sábado se dio la circunstancia de que en el partido de la Liga Asobal de balonmano que enfrentaba al Ademar León con el Sinfín, los jugadores de ambos conjuntos jugaron con mascarilla mientras que en el partido de la Primera femenina de baloncesto que disputó el Perfumerías Avenida de Salamanca no fue así.

La directriz viene marcada por una recomendación del comité autonómico de expertos (parece ser que este sí existe…) frente al coronavirus, y afecta a la práctica totalidad de deportistas que desarrollen su actividad a cubierto, con la única excepción de los partidos de ACB que acoja el pabellón burgalés del San Pablo.

A favor y en contra

En Segovia, a los primeros conjuntos a los que afectará esta situación será a los equipos de fútbol sala de la Segunda División femenina, la Segunda División B y la División de Honor juvenil, que comenzarán a jugar sus partidos de competición el próximo fin de semana. Y hay división de opiniones al respecto de este ‘fútbol sala con mascarilla’ que parece imponerse según los criterios de la Junta, que es la única de toda España que, además del deporte federado de ámbito autonómico, ha ampliado la obligatoriedad del uso de la mascarilla a competiciones nacionales e internacionales que se desarrollen en su territorio.

Así, el técnico del Unami de la Segunda División femenina, Toño González, considera que esta obligatoriedad es un requisito “muy recomendable para competir frente a otros equipos, teniendo en cuenta que la realización de test va a ser complicada”.

El plantel de jugadoras del Unami, con varias enfermeras en sus filas que han estado en primer línea en la lucha contra el virus, lleva entrenando con mascarilla desde el inicio de la pretemporada “y la adaptación no es tan mala como puede llegar a parecer. Las jugadoras se han acostumbrado a ella sin ningún problema reseñable, y consideramos que si utilizas la mascarilla de garantizas una cierta protección, que es lo importante”.

Contraria a la salud

De la opinión contraria es Ángel Zamora, entrenador del Segosala Segobus de la Segunda B, que opina que la mascarilla supone “un riesgo mayor para los deportistas. Es imposible respirar en condiciones ante un esfuerzo a máxima intensidad. Si ya lo paso mal yo al dar indicaciones con ella puesta, me puedo imaginar cómo lo pasarían los jugadores”.

Zamora vio el partido de balonmano que disputaron Ademar y Sinfín, “y se podía ver cómo la mayoría de los jugadores se la bajaban porque era inhumano. A mi entender, si has pasado una PCR antes de jugar, esto debería de valer para poder hacerlo con seguridad. No con riesgo cero, porque eso no existe, pero al menos sí para poder competir sin mascarilla”.

De la misma opinión es la entrenadora del FS Valverde, Marta García, que piensa que la utilización de la mascarilla “va en contra de la salud del jugador. Además, el fútbol sala es un deporte de alta intensidad, por lo que creo que los jugadores se ahogarían a los treinta segundos de llevarla puesta. Personalmente no estoy a favor de jugar con ella, y aunque prefirieron que los juveniles estén jugando y entrenando que haciendo otras cosas, si se considera que el fútbol sala es un deporte con alto riesgo de contagio, es mejor que no se juegue”.