Al lado de su moto de 50cc, Adrián Martín Pilar hace un descanso de su entrenamiento en el circuito de motocross de Sanchonuño. Como un piloto de las más altas categorías, Martín cuenta con todas las aptitudes para ir sumando trofeos en las competiciones de la Federación de Motociclismo de Castillo y León, donde va sumando podios y mejorando resultados; fue en Alaejos, Valladolid, donde se subió a lo más alto. Martín lleva desde los tres años y medio montando en moto; él mismo cuenta que iba por Las Lomas y que empezó con una moto pequeña de carretera, pero todo le hizo decantarse por la de cross.

“Es más guay, das saltos y te lo pasas mejor”, reconoce el pequeño. Eso queda patente porque no ha sentido miedo desde que lo probó y quiso experimentar eso de las carreras a otro nivel, más allá de los entrenamientos. Su primera carrera, como él mismo recuerda, fue en Geria hace dos -con siente años-; no fue su mejor competición. “En la primera manga me fue un poco mal, pero en los entrenos quedé tercero y en la salida fui el cuarto”, cuenta. Tuvo su primera caída y, aunque cogió algo de miedo, solo fue el impulso para seguir avanzando.  

Le recuerda algunos datos su padre, fiel compañero de entrenamientos, quien vela por el estado mecánico de sus motos, su entrenador y su máximo cómplice en esto del motocross. Eduardo Martín es apasionado de las motos de carretera, pasión que ha compartido con Adrián, pero ha sido el joven piloto quien ha elegido las de cross como su mayor hobbie. Eduardo le enseñó a montar en una minimoto de carretera hasta que probó una antigua de cross por el circuito de Sanchonuño, “despacito, sin saltos”. A los cuatro años su regalo fue otra moto pequeña de 50cc que le hizo lanzarse a saltar; “al mes siguiente me tocó ir a por una KTM porque la otra la reventaba, y a partir de ahí, a más”.

“Cuando no quiera más motos, se quitan las motos, pero es él el que lo pide”

Adrián Martín lo tiene claro: fue él quien le dijo a su padre que quería competir. Toda la familia tiene afición por las motos, de hecho su primo José Luis Vicente, campeón en altas categorías, le ha enseñado mucho sobre el manejo de la moto. Sin embargo, es él y solo él quien  decide que quiere correr; cuenta su padre que podía haber comenzado a competir un año antes pero no quiso, y esperaron a cumplir siete. “Cuando no quiera más motos, se quitan las motos, pero es él el que lo pide”. Tras esa pequeña caída en una competición que le hizo coger algo de miedo, su padre le planteó dejarlo: “Se lo pasaba muy bien compitiendo, pero empezó a salir el último por miedo, así que le dije que si no quería seguir, solo entrenábamos y nos lo pasábamos igual de bien, pero ese día ya quedó tercero”. Ese fue el impulso para no bajarse del podio, como ha hecho en las tres últimas carreras de 2020 y en las dos primeras de 2021. 

Cuenta Eduardo que compite contra muchos niños de Madrid, alguno de Cantabria y Asturias. Con sus compañeros demuestra los mayores valores deportivos; “él se acerca a sus compañeros y les dice cómo coge las rampas, dónde abre más, le gusta y les dice cómo pueden hacerlo”, explica su padre. La carrera de Adrián va como él, imparable, pero su padre reconoce que este deporte es cuestión de mucho tiempo y muchos medios, también económicos. Eduardo explica que todos  contra los que compite tienen dos motos nuevas; “él tiene una y vale”. 

Adrián Martín
Adrián Martín, en pleno rodaje.

“Nunca le voy a cortar, hasta donde llegue, pero soy realista”, cuenta en este aspecto, aunque por cómo avanza, Adrián ya destaca a muchos niveles. Entrenan durante el fin de semana, cuando pueden, y la falta de circuito cercano, en Cuéllar, les obliga a desplazarse siempre, incluso a 60 y 100 kilómetros para probar circuitos nuevos. Cuenta Eduardo lo  que les facilitaría las cosas un circuito en la localidad, organizado para que se pueda mantener con los pilotos y aficionados, que son muchos. Las nuevas noticias de su construcción en la carretera de Peñafiel tras el sellado de una escombrera son bien recibidas, aunque el sector se muestra algo escéptico y quieren ver que es una realidad.

Adrián, con el 93 a la espalda, cambia muchas veces los dibujos animados por ver carreras en YouTube, tiene claro quién es su ídolo, Jorge Prado, y la intensidad con la que vive su pasión por la moto es la mejor gasolina posible. Ya está aprendiendo a montar en una moto de marchas -hasta ahora lo hace en una automática-, porque el año que viene montará una de 65cc. Con el manejo que tiene sobre la actual, está claro que nada se le va a resistir. Adrián vuela literalmente en los saltos, no hay miedo pero sí respeto a un deporte en el que tiene todo el apoyo de su familia y amigos. El 93 va a velocidad de vértigo y este es solo el comienzo, aunque la mejor carrera que culmina cada día Adrián es la de disfrutar del motocross con tanto entusiasmo.