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Cristian Álvarez da instrucciones a la plantilla del Claret en un partido disputado este curso en el pabellón Emperador Teodosio. / KAMARERO

La sangría de derrotas agrieta el proyecto del Claret. El equipo, el único que no conoce la victoria en Liga EBA, en la que debuta esta temporada, apenas contó con ocho jugadores en la última jornada tras la lesión de su máximo anotador, la marcha de otra pieza principal y el plante de cuatro jugadores, que se han negado a entrenar si el club no pone efectivos para que, cuanto menos, puedan competir. La generación que brilló en Castilla y León en categoría junior, acostumbrada a la victoria y a ascensos como el de la temporada pasada, teme “quemarse” tras un año horrendo. Su entrenador, Cristian Álvarez, dejó de entrenar el 20 de diciembre y el club presentará esta tarde a su relevo, el madrileño Moisés Martínez.

El Claret nunca exigió a sus jugadores victorias en el estreno en EBA, la cuarta categoría del baloncesto español. El mensaje era: disfrutad. Pero para disfrutar hay que competir. La plantilla pone en valor algunos partidos en los que han peleado hasta el final y, en efecto, han disfrutado. Pero en muchos duelos el equipo ha quedado desdibujado. La sensación en el grupo es que con algún jugador más experimentado y un pívot de referencia las cosas habrían sido distintas. Que el club está por debajo del nivel de la categoría, pero que no está tan lejos de ofrecer batalla.

El ambiente era ya turbio a principios de mes. La palabra la usa uno de los cuatro jugadores que se han plantado. La plantilla contaba con estar en la parte baja de la clasificación, pero hay una diferencia ostensible entre ganar 4 partidos de 15 y no ganar ninguno. La actitud no es la misma y la grave lesión de Álex Young, el principal referente, el 17 de diciembre sirvió de detonante.

Acto seguido, el Claret jugó en Valladolid el partido de la discordia. Su entrenador no pudo viajar y el barco quedó sin ‘nadie’ al frente, una crítica a la labor del segundo, Julio de Andrés. “Fue un desastre, no nos dio ninguna directriz. Como si viajásemos solos”, resume un miembro de la plantilla, que describe una sensación de anarquía. Así se evidenció el divorcio entre el técnico asistente, que dejó el equipo por motivos personales, y la plantilla, que no habría aceptado otra experiencia como aquella. “Si se quedaba, nosotros no íbamos a seguir”. Álvarez defiende la labor de su segundo. “No se puede juzgar el trabajo de Julio en año y medio por un hecho puntual. Fue uno de los artífices del ascenso el año pasado, su recuerdo debe ser alegre. Podemos tener diferencias, pero no podemos acabar siendo enemigos de nosotros mismos”.

“Era imposible competir con una plantilla de ocho jugadores. Como entrenador, tengo que ser honesto conmigo mismo”

Todo se agravó con la salida de Gerard Mejías rumbo a otro equipo de Guadalajara. Así las cosas, Cristian informó el 20 de diciembre al club que no volvería a entrenar en esas condiciones “Era imposible competir con una plantilla de ocho jugadores. Como entrenador, tengo que ser honesto conmigo mismo”. La directiva entiende que sus demandas de “hacer un equipo competitivo” son inasumibles y que, en cualquier caso, no puede lograrse de un día para otro.

El técnico ha puesto distancia: no hay apenas conversaciones con los jugadores –mantiene más relación con Young debido a su lesión-, no vio el último partido y los grupos de WhatsApp están “muertos”. Ignora por decisión propia el día a día del equipo. “Es más, no quiero saberlo”. Su relación personal con la directiva es buena, pero no es optimista. “Veo complicado que se pueda recomponer el equipo. Por una cuestión de urgencia. En este mundo, la inmediatez es lo más importante”.

Pasado el ecuador de la competición, el Claret tiene todas las papeletas para perder la categoría. Los jugadores piden otro segundo entrenador (debe acreditar una formación nivel 3, lo que complica la búsqueda) y recambios para paliar las bajas de Young y Gerard. Es el requisito para poder disfrutar, aunque no se traduzca en victorias. “Si no, lo único que va a hacer es quemarnos y acabar odiando el baloncesto”, resume uno de los jugadores. Cuando el grupo intentó volver a los entrenamientos tras el parón navideño, varios dejaron de confiar en el proyecto al verlo inviable. “Nos fuimos a casa hasta que esto cambie”, resume.

En esas, la directiva se reunió el martes y decidió seguir con el proyecto por responsabilidad con el baloncesto segoviano, la masa social y los patrocinadores. Buscará refuerzos, pero la competición sigue. A buen seguro, no es fácil convencer a alguien para venir a un proyecto con todos los tintes de descenso y semejante panorama. Los entrenamientos los están dirigiendo los delegados del club, con cuatro jugadores del primer equipo y efectivos de la cantera.

El nuevo entrenador se reunirá esta tarde con el grupo de jugadores que sigue entrenando. El club todavía espera recuperar a esos jugadores que se han plantado con lo que llama ‘Proyecto 2’ y una clara filosofía: empezar desde cero. Entienden que estos jugadores tengan recelos y solo acepten hechos, no promesas. La esperanza es que el nuevo cuerpo técnico y la llegada de algún jugador de garantías sirvan de acicate para recuperar efectivos. El dilema es claro: ¿quedan aún motivos para disfrutar o el Claret es ya una pira?