Dani Lázaro posa en la mañana de ayer en el parque del Reloj de Nueva Segovia, la zona de juegos de su infancia. / Nerea Llorente
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Daniel Lázaro Sanz es la cara reconocible del ataque del CD La Granja, un club con el que marcó 33 goles en su último año en Regional de Aficionados (2017-18). Tras caer en su primer partido del curso en Tercera, hoy visita al Colegios Diocesanos (16:00 horas). A sus 26 años, con la timidez por bandera, valora su etapa como canterano de la Segoviana y su relación con el gol.

¿Quién es Dani Lázaro?
— Un jugador muy humilde. A lo Iniesta, por así decirlo. Intento ser muy deportivo con mis rivales.

¿Por qué el fútbol?
— Por mi padre. Desde pequeño me enseñó, me hizo muy fan del Atleti y me metió a jugar como benjamín. Desde ese momento, siempre que he tenido una pelota. Y hasta ahora.

¿Cómo ha evolucionado aquel niño con el paso de los años?
— Al principio fue todo una pequeña revolución. Cuando llegué a juveniles de la Segoviana, mi padre me dijo que era una muy buena oportunidad y yo estoy muy agradecido. Maroto me llamó para hacer pretemporadas con él, pero no pude por lesiones. Luego ya fui ascendiendo hasta el primer equipo y de ahí a La Granja.

Jugó con la Segoviana la final de la fase de ascenso de 2015 en Algeciras. ¿Qué recuerdo guarda de aquellas semanas?
— Fue como un sueño, sobre todo para un jugador de Segovia. La cantera del club tiene auge, pero muchas veces se cuenta más con jugadores de fuera. Ese año lo viví como si fuese un profesional y esos días los voy a recordar toda mi vida.

Con perspectiva, ¿por qué no se quedó en la Segoviana?
— No veía que contasen mucho conmigo. Siempre jugaba los cinco o diez últimos minutos; otras veces no iba convocado. El primer año, que llegas de la cantera, lo entiendes. Pero ves que pasan los años y todo sigue igual…Llegó el cuarto año, que fue el culmen y dije: “No puedo estar así. Yo quiero disfrutar, y si en este club no lo voy a conseguir porque veo que no me dan oportunidad, al final tengo que buscarme las habichuelas”. Y La Granja fue un gran paso para mí.

En una pretemporada con la Segoviana, jugó un amistoso en Cantalejo con una intensidad propia de un partido de ‘play off ‘mientras sus compañeros se lo tomaban como un partido de verano. ¿Tenía demasiadas ganas de demostrar?
— Efectivamente, sí. La pretemporada está para eso: probar jugadores y ver cómo se manejan. Y yo tenía que demostrar todo lo que pudiera en ese momento. Esa es la responsabilidad de un canterano: tiene que ir con todo.

¿Cree que le ha podido pesar tener demasiadas ganas?
— Yo creo que no. Hay gente como Ansu Fati, un chaval con una clase increíble. Está demostrando en poco tiempo muchas cosas. Y está teniendo suerte de que le salgan. Y eso en un jugador tiene mucho que ver: la suerte es un aspecto fundamental.

¿Le ha faltado suerte?
— Yo creo que sí. Un poco.

¿Qué ha significado La Granja en su carrera?
— La Granja ha sido mi felicidad. Me ha permitido volver a disfrutar del fútbol como cuando estaba en categorías inferiores. Cuando era chico no sabía dónde iba a llegar, lo único que hacía era jugar y disfrutar. En cuanto llegué a La Granja y me dieron la oportunidad fue como recordar esos tiempos. Me sentí enseguida una pieza importante en el equipo y eso a un jugador le viene muy bien.

El parón por la pandemia les evitó de un descenso seguro a Regional. ¿Lo ven como una segunda oportunidad?
— Desde luego. Yo creo que este año se ha creado un equipo mucho mejor que el pasado, más serio y con jugadores que tienen ganas de demostrar. Ricar lo está haciendo muy bien. Había estado de compañero con él, no lo conocía como entrenador. Este año sí que estoy muy a gusto, creo que podemos hacer algo grande y que el año pasado se quede como un borrón en el historial de La Granja.

¿Qué importancia tiene el duelo ante Colegio Diocesanos, un teórico rival por la permanencia?
— Empezar bien es de vital importancia. Tuvimos la mala suerte de perder el otro día; estábamos todos nerviosos y nos jugó una mala pasada. Esta semana vamos a mejorar, creo que necesitábamos un partido así por lo atípica que ha sido la pretemporada. Y es un punto clave para la temporada. Si ganas, miras la clasificación de otra manera. Son cosas que a la larga se notan.

¿Cómo definiría su relación con el gol?
— He tenido la suerte de jugar toda mi vida arriba, viviendo dentro del área, con el gol. Diría que es un buen amigo mío. La temporada de Regional empezó casi como un juego con mi padre y la verdad es que según pasaba la temporada dije: “Puede ser este año”. Al final esa coña puede definir un poco a Dani Lázaro como goleador.

¿Siente obsesión con el gol?
— Un poquito, pero claro, no es lo mismo jugar en Preferente, que la gente viene a disfrutar del fútbol, que en Tercera División. Aquí hay muchas menos ocasiones y la que tienes, la tienes que meter. Esa sí que es una presión que me puedo meter a mí mismo, pero es que el equipo lo necesita. La tienes que marcar.

¿Sabe apreciar un buen partido en el que no ha marcado?
— Sí, yo también me hago autocrítica cuando hago un mal partido, pero me valoro dentro del campo aunque no meta gol. Por ejemplo, una asistencia es un gol. Pero soy autocrítico, es verdad que si ha acabado un partido y sé que no le he hecho bien, me paso unos días jorobado pensando: “Esto lo pude hacer de otra manera”.

Ante la pandemia. ¿Por qué es importante para usted seguir jugando al fútbol?
— Porque el fútbol te permite evadirte. Yo siempre hablo de vivir la vida y el fútbol es un hobby que para mí va a estar siempre ahí. Hasta que el cuerpo aguante.