Decía Miguel Ríos que “los viejos rockeros nunca mueren”. Y en Nava de la Asunción un viejo rockero, José Manuel Sierra (43 ‘palos’ le contemplan) tocó una balada que dejó absolutamente adormecido a un Viveros Herol que después de una primera parte de puro rock que acabó con el 13-11, se quedó solo en el centro de la pista sin saber cómo elevar el ritmo de una ‘lenta’ que le llevó a abandonar el pabellón con una derrota por 25-31 que nadie esperaba en el intermedio.

El partido se planteaba con dos ritmos diferentes, el más alto posible que Nava quería imponer, y el más pausado que necesitaba Bidasoa después de su semana europea, aunque sorprendió que el conjunto visitante iniciara el partido con una defensa 5:1 que trataba de frenar la circulación de la bola local.

En el minuto dos de partido, naveros e irundarras ya se manejaban sobre la pista con un jugador menos, fruto de la intensidad defensiva que ambas escuadras ponían sobre la pista. En el juego de inferioridades salió mejor parado el Bidasoa, que marcó parciales de 0-2, pero sin que sus diferencias fueran más que meramente testimoniales, porque sus ataques siempre se encontraban un brazo evitando el lanzamiento, y en última instancia Patotski volvía a elevarse en la portería, marcando un porcentaje superior al cuarenta por ciento de paradas en la primera mitad.

NAVA TOMA EL MANDO

Mediada la primera parte el Balonmano Nava ya obligaba a Jacobo Cuétara a pedir tiempo muerto después de varios rápidos ataques que pusieron el marcador en 9-6 pese a que ‘Quillo’ Sierra también dejaba su impronta de extraordinario guardameta en la portería del Bidasoa.

El tiempo muerto, y la segunda exclusión para Vujovic, que después de un tremendo balonazo en la cara se llevó unos dos minutos algo discutibles, propiciaron la reacción del equipo irundarra, que se volvió a meter en un partido claramente dominado por las defensas, aunque la del Nava pasó por apuros en unos últimos minutos en los que Ugarte en el pivote trabajaba muy bien para que Rodrigo Salinas pudiese lanzar con comodidad por el centro.

Un gol de Prokop de libre directo con el tiempo cumplido colocó el 13-11 favorable al Viveros Herol Nava, y los aficionados locales se frotaban las manos, y no del frío, porque el equipo estaba respondiendo y liderando el duelo ante un rival que podía acusar el cansancio tras el descanso.

UN REINICIO DEMOLEDOR

Pero lo que nadie esperaba, salvo evidentemente el Bidasoa, fue el espectacular reinicio de partido del equipo vasco, con Sierra parándolas de todos los colores, y Salinas y Ugarte comenzando a encontrar cada vez más huecos en una defensa navera que en cada jugada creía menos en lo que hacía, a pesar de que Patotski intentaba mantener al equipo en el partido con sus intervenciones.

Un primer parcial de 1-5 hizo cambiar el encuentro de signo, porque el Bidasoa pudo trabajar sus ataques con la tranquilidad de saberse por delante en el marcador, y que en la parte de atrás, además de la tremenda contundencia de Tesoriere en el central, la aportación de Sierra continuaba siendo excelsa. Un siete metros a Nicolo, otro a Prokop, lanzamientos desde los nueve metros, desde el extremo, desde el pivote… el campeón del mundo con la Selección Española se exhibió de todas las maneras posibles, hasta alcanzar un espectacular cuarenta por ciento de paradas. Él tuvo muchísima culpa de que el Bidasoa que jugó la segunda parte en Nava de la Asunción fuera absolutamente distinto al que compareció en la primera mitad.

LOS MINUTOS DE LA NADA

Prácticamente desde el ecuador del segundo tiempo el partido ya estaba decidido del lado visitante, y no porque la diferencia fuera extraordinariamente grande, puesto que a diez minutos del final el 19-22 continuaba metiendo a Nava en el encuentro, sino porque la sensación sobre la pista era de absoluto control por parte del Bidasoa, que llevaba sus ataques al borde del pasivo para terminar encontrando siempre una solución que acababa con el balón dentro de la portería local.

Zupo lo intentó todo en la recta final, pero sin que nada saliera bien, y la lógica acabó imponiéndose. Para el más acérrimo seguidor local, quedará el mal sabor de boca de una segunda parte más que mejorable, pero los amantes del balonmano pudieron disfrutar de la exhibición de un ‘rockero’, José Manuel Sierra, que protagonizó todo un recital.