Los trofeos de las tres ligas de su historia dieron la bienvenida este domingo a la Gimnástica Segoviana en su salida al campo, prolegómeno de una tarde con pronóstico fácil. Le bastaba al cuadro azulgrana un empate ante el Júpiter Leonés para asegurar su cuarto título y, como cabía de esperar, lo logró. Lo hizo con su primer cero a cero en casa desde 2018 ante el Toledo. Si hay  guiones que engañan, el de este domingo hizo honor a su envoltorio.

La Segoviana se ha ganado llevarse el título de Liga en la tarde más tediosa. Es el equipo que arrancó el curso con 16 victorias seguidas; el que aseguró el ascenso con cinco partidos por jugar y el que tan solo ha perdido dos de 26. Así las cosas, añadió otro récord de precocidad y aseguró el entorchado a falta de dos partidos. Margen ya imposible para el Palencia Cristo, que acompañará a los segovianos en el ascenso directo a Segunda División de la Real Federación Española de Fútbol.

Hay siestas que nunca terminan. La primera parte del encuentro fue una de esas, en las que entras en la cama con sol y te despiertas de noche. Ambos equipos totalizaron la friolera de un tiro a puerta en los primeros 45 minutos, el que enganchó Borao desde el balcón del área que salió manso a las manos de Juan de la Riva. Una volea de Diego del Castillo a los cinco minutos, prometedor pese a que se marchó por encima del larguero, completó el menú más rancio con el que se toparon los aficionados de La Albuera este curso.

A la Segoviana el falló un elemento crucial en su dominio: la presión alta. La hicieron Adeva, siempre voluntarioso, y Álex Conde. Por falta de intensidad local o por mérito visitante, no funcionó. El cuadro azulgrana no logro robar en campo rival, el origen de los dos goles que valieron el ascenso en León hace tres semanas, y el Júpiter circuló con cierta calma hasta los primeros metros del campo gimnástico. Lección aprendida.

Un mal control de Adrián en los primeros minutos sirvió de prolegómeno. La Segoviana más insípida tenía que quedarse con excepciones como una buena circulación de balón de Conde por el carril central que desembocó en un pase de la muerte fallido a las manos del portero. Con todo, el cuadro azulgrana fue a más en el tramo final del primer acto -el listón estaba tan bajo que no se contemplaba otro escenario- y gestó su mejor ocasión. Tras algo parecido a una secuencia ofensiva, el balón le llegó a Adeva en los primeros metros del área. El delantero, que enfilaba un gol seguro, cayó tras una carga de un central leonés que el colegiado interpretó como reglamentaria.

Fue el único lance en el que el cuadro leonés vio subir sus pulsaciones. De vuelta a Segovia, Dani Abad jugó con libertad entre la banda derecha y la media punta. Mucho ha pasado desde el comienzo de la pasada temporada, cuando Abad encadenaba titularidades y goles con la Segoviana. Pero el juvenil que derribó con mérito la puerta se atascó en invierno, lesión mediante, y perdió el sitio. Luego llegó la pandemia y el consiguiente salto secular. Más allá de un tiro potente de Abad que se estrelló en la defensa y un testarazo desviado en un córner, el Júpiter no dio muestras de guardar muchos cartuchos.

Con la reacción de la Segoviana en los primeros compases de la segunda parte uno puede intuir la charla de Manu González en el descanso. A los 33 segundos, el balón llegaba a los pies de Álex Conde en el corazón del área; tras amortiguar el esférico, golpeó con dureza un disparo raso que salió al centro y que desvió Juan de la Riva, bien colocado.

En un suspiro, Del Castillo se veía peinando un balón en el segundo palo que salió huérfano de rematador. Nada extraordinario, pero la grada aplaudió el esfuerzo y los jugadores recordaron el sonido de las palmas. Lo agradeció Javi Marcos con un tiro casi desde la línea divisoria del centro del campo que trató de cazar desprevenido al portero. Juan de la Riva superó el examen y despejó a córner. Todo esto en apenas cinco minutos.

En el siguiente córner, Diego Almendáriz cortó una transición peligrosa. El segoviano se vio con 90 minutos en un partido con el primer equipo, oro molido para alguien de su edad. No era el día más propicio, ni por la falta de tráfico en su área -poco que demostrar- ni por la baja intensidad del choque, que podía traducirse en el típico error por desenchufarse de la acción. También tuvo su escaparate Borao, que lo intentó sin suerte. Su mejor opción llegó en un balón servido por Conde que le permitió caracolear en los primeros metros del área antes de enganchar un tiro desviado. Nada que reprochar a su trabajo en banda contraria, pero perdió su bala. En la siguiente acción, Dani Calleja le relevaba.

Fueron balas de fogueo. Bastaba ver a Escarda y Borge esperando en la banda su turno para entrar en juego. Ahí estuvieron más de dos minutos con el cartelón bajado, sin prisa alguna. El técnico de la Cultural, Ramón González, aprovechó la ocasión para retirar a Dani Abad, que se llevó el cordial aplauso de los aficionados como reconocimiento a sus servicios por la causa azulgrana. No acudió a la posterior rueda de prensa alegando protocolo anti-Covid.

Para entonces ya sonada el ‘We are the champions’ en La Albuera, la plantilla enfilaba su vuelta de honor y los aficionados lucían sus bufandas en un día en el que servían para algo más que para animar. Los jugadores vestían la camiseta de campeones, como los mejores equipos profesionales, y Adrián llevaba la maquinilla en mano buscando a quién rapar, periodistas incluidos. Una celebración más que merecida.

GALERÍA | Los mejores momentos de la celebración