jakub Prokov
Jakub Prokop, en una acción del pasado sábado ante el Antequera. / AMADOR MARUGÁN

Jakub Prokop (21 de agosto de 1998) ha tardado poco en encontrar su sitio en un vestuario con diez nacionalidades. El del Viveros Herol Nava, que le ha acogido con los brazos abiertos. El eslovaco fue decisivo en la victoria del pasado sábado ante Antequera con ocho goles anotados en once lanzamientos; el último, un tiro extraordinario, sirvió para asegurar dos puntos clave para los segovianos. Explica por qué eligió el balonmano en un país donde mandan el fútbol y el hockey hielo. Y cómo se comunica con veteranos como Carlos Villagrán pese a que ni él habla español ni el capitán acredita un inglés de Oxford.

— ¿Por qué empezó a jugar al balonmano?

— Fue cuando estaba en Primaria. Vinieron al colegio unos entrenadores de un club de Stupava, cerca de Bratislava. Querían empezar un nuevo equipo y yo tenía entonces siete u ocho años. Era divertido y empecé a disfrutar con los compañeros, marcando goles. Lo primero de todo es que era divertido y me sentía muy bien jugando en equipo.

— En un país marcado por fútbol y hockey, ¿por qué se enamoró del balonmano?

— La verdad es que empecé con fútbol porque vivía en un pueblo pequeño cerca de Bratislava y solo teníamos fútbol. Cuando fui al colegio, había balonmano y tuve que elegir. Y elegí balonmano porque me divertía más. Me gustaba marcar goles; en fútbol metes uno o dos por partido, en balonmano metes muchos más y es un juego mucho más rápido.

— ¿Qué sentía entonces cuando marcaba gol?

— (Ríe). No lo recuerdo, pero supongo que lo mismo que ahora. Es especial poder ayudar al equipo a ganar con mis goles o con mi defensa. Es más importante ganar el partido que contar los goles.

—¿Ese sentimiento de marcar goles es adictivo?

— Sí, por supuesto. Sobre todo, cuando la grada está llena como ocurre en Nava y tienes buenos aficionados apoyándote. Después de cada gol o de cada defensa disfrutas del público. Para mí es muy importante que la gente que va al pabellón disfrute del partido.

— ¿Qué pasó por su mente antes de marcar el gol que decidió el triunfo ante Antequera? Fue un tiro muy difícil en un momento delicado.

— Si te digo la verdad, cuando estoy en un partido así no pienso demasiado. Solamente piensas en el partido y en la situación; vi que había espacio libre, disparé y, afortunadamente para nosotros, fue gol. Pero no sabía si quedaban uno, dos o tres minutos para el final. Para mí lo importante es que pude ayudar a ganar ese partido.

— Intenta tiros que otros no ven. ¿Se ve como un jugador valiente?

— Es una pregunta difícil. Busco siempre acciones positivas, no solo yo, sino todos los jugadores. Si no marco yo, que lo haga otro jugador. Sería ahora mismo igual de feliz si ese gol lo hubiera marcado un compañero. Cuando estás en el partido, jugando por cientos de personas… No quiero decir que estés en el partido sin pensar, pero sientes el juego. Y sientes cuando es el momento de tirar o pasar. Es realmente difícil de explicar.

— ¿Qué significa representar a su selección?

— Es el sueño de cualquier jugador. He estado en el equipo nacional desde cadete y he intentado aprovechar cada oportunidad. Espero estar en la selección tanto tiempo como pueda.

— ¿Qué sabía de Nava de la Asunción cuando le llamaron? ¿Le sorprendió jugar para un pueblo de 3.000 habitantes?

— (Ríe). No lo sabía. Sabía que Nava estaba en la Asobal porque había visto partidos en el último año. Sabía que existía. Cuando me dijeron que tenía 3.000 habitantes me sorprendió para bien. Me gustan los lugares pequeños, entre pueblo y ciudad. Todo el mundo vive el balonmano y tengo todo lo que necesito. Todo el mundo es muy agradable y cuando tengo algún pequeño problema siempre hay alguien que me ayuda.

— ¿Cómo está adaptándose al español?

— Es duro porque no sabía nada, pero no es un gran problema porque en el vestuario hablamos en inglés. Doy clases semanales con un profesor eslovaco y siempre intento aprender nuevas frases y palabras. Me gusta el idioma y espero poder hablarlo fluidamente.

— Hay jugadores que no hablan inglés. ¿Cómo se comunica con ellos?

— Sí, tiene razón. Hablamos el lenguaje del balonmano. Cuando Carlos quiere decirme algo, lo hacemos un 20% en inglés, un 20% en español y un 60% en lenguaje corporal. Yo le entiendo y él me entiende. El lenguaje del balonmano es igual en todos los lugares. Tengo a mi amigo Tomas y hablo con él en nuestro idioma, pero quiero hablar bien en español.

— ¿Le sorprende el nivel de Smetanka?

— Le conocía de Eslovaquia, pero no habíamos hablado hasta que hemos llegado a Nava. Le vi algunos partidos y vi que era un jugador talentoso para el futuro. Es bueno para él que pueda jugar en Primera con el filial y que tenga oportunidades con el primer equipo cuando lo haga bien.

— ¿Por qué decidió fichar por el Viveros Herol Nava?

— Tenía ofertas de Hungría, Alemania o España. Fernando Gurich (seleccionador de Eslovaquia sub-18) me dijo que esta era la mejor forma de mejorar en mi carrera. Donde más puedo mejorar es en lo táctico y creo que la Asobal es la mejor liga para hacerlo. Pedí consejo a muchos jugadores de la selección y a entrenadores.

— ¿Cómo de importante fue Zupo Equisoain para que tomara esta decisión?

— Fue una de las razones más importantes para ir a Nava. Es un gran entrenador y tiene un historial como uno de los mejores de España. Ha entrenado a súper jugadores como Jackson Richardson. Siento que confía en mí y eso es una de las cosas más importantes para mí.

— ¿Consigue que Zupo no le dé miedo cuando se enfada?

— (Sonríe). Cuando tenemos partido o entrenamiento es una persona; cuando acabábamos el entrenamiento o termina el partido es otra. Te dice cuándo tienes que dar tu máximo nivel y cuándo debes parar de hacer esto o aquello. Por supuesto, cuando estamos jugando mal tiene razón para estar enfadado. Pero cuando jugamos bien también nos dice que lo hemos hecho bien. Yo siempre digo que las cosas no son nunca tan buenas como piensas ni tan malas como piensas. Él puede encontrar lo mejor de ti y es importante para nosotros saber qué es lo mejor de nosotros y lo que peor hacemos.